domingo, 21 de agosto de 2016

toro bravo, la odisea de una coproducción (4)


Aragón Films, sociedad con sede en Italia

El 20 de diciembre deja de llegar a España el copión en blanco y negro con el que se debería de proceder al primer montaje y se comprueba que no ha habido incidencias durante el rodaje, pero no la calidad cromática del trabajo. Al parecer hay problemas con los pagos que Guido Manera debe hacer al laboratorio romano de Staco Film. Esa misma semana ha presentado en las dependencias de la Censura italiana no menos de una docena de cortometrajes en Ferraniacolor para su visado, así que es probable que este atasco en los laboratorios se deba a la necesidad de dar salida a las copias de exhibición de buena parte del material rodado en localizaciones de tres continentes.
 
El penúltimo día del año 1955 el rodaje de Fiesta brava se ve de nuevo interrumpido por falta de material virgen hasta la entrada del nuevo año. Por fin, el 26 de enero de 1956 finaliza la producción y el equipo italiano abandona España.

Gutiérrez Torrero elabora entonces un documento titulado “Memoria explicativa de los hechos ocurridos en la coproducción hispano-italiana Toro bravo (Casta brava)”. Son tres folios de letra apretada en los que el productor resume su odisea y expone que Phoenix Film tiene un pasivo de cincuenta millones de liras con Casta brava y, mucho peor, otros ciento cincuenta con Titanus por cuenta de la producción y distribución de Africa sotto i mari, de modo que “el negativo permanece secuestrado” y “el estado italiano declara no estar en condiciones de garantizar al productor español su derecho de copropiedad del film”. De este modo, concluye que hay “que reconocer que la relevancia jurídica, garantías y eficacia del convenio anteriormente firmado resulta nula y queda defraudado el productor español” (AGA, c. 36/03630).

La delegación española en la comisión mixta hispano-italiana reunida en Roma en febrero de 1957, que debe evaluar la evolución del acuerdo, lleva el contencioso de Fiesta brava —como se sigue conociendo en Italia a pesar del baile de títulos ante la administración española— como asunto prioritario. Se trata de una partida de ajedrez en la que cada cual juega sus piezas, sin que falten actos de filibusterismo con la connivencia de las altas esferas. Itálica Films, alertada por la quiebra de Phoenix Film decide crear una sociedad fiduciaria radicada en Roma. Es una maniobra anómala pero no infrecuente. Las productoras hispanas del Opus Dei —Procusa, Ariel, Filmayer— cuentan con compañías homólogas italianas —como Domiziana Internazionale Cinematografica— para no dejar ayunas de ayudas oficiales a sus obras de prosélito católico-cinematográfico. Las películas hispano-italianas de Ladislao Vajda para Chamartín están cofinanciadas por Falco Film, cuyo objetivo prioritario, según sus estatutos es la coproducción con España. Los hermanos Couret, responsables de la productora Hesperia Films y de la distribuidora Mercurio Films, crean la compañía Mercufilm, con sede en Roma. En breve, los hermanos Balcázar, que gestionan bajo la atenta tutela del patriarca, la productora del mismo nombre y la distribuidora Filmax, fundarán en Italia la Enalpa Film. Es ésta una estrategia empresarial, no ajena a la picaresca, planificada, planteada a priori, a diferencia con Aragón Films, surgida como medida de urgencia para intentar taponar una vía de agua cada vez mayor que amenaza con echar a pique el barco.

El único cometido de Aragón Films sería recabar de la compañía de Guido Manera los derechos de propiedad del negativo embargado por el laboratorio e “intentar conseguir un anticipo de distribución de Fiesta brava, cuyo importe se destinaría a pagar a los acreedores italianos”. Es evidente que este anticipo sólo podría provenir del Ente Nazionale Industrie Cinematografiche (ENIC), entidad distribuidora paraestatal superviviente de la etapa de la intervención del fascismo en el cine, que también se ha hecho cargo de la distribución del último largometraje de Phoenix Film rodado en el Mar Rojo, Eva nera. Gracias a esta argucia y a la satisfacción de la cuenta de Staco Films por los trabajos realizados hasta ese momento, Gutiérrez Torrero procede a una oscura maniobra en la que estaría implicada la embajada de España, según se deduce de alusiones veladas en la correspondencia oficial. Lo cierto es que el material sale del laboratorio y, dado su volumen, Aragón Films lo traslada, previo paso por la legación española, a una oficina provisional en Milán, donde Pablo G. del Amo procede a seleccionar el material necesario para el montaje.

José Muñoz Fontán, director general de Cinematografía desde hace menos de un año, escribe a su homólogo italiano, Nicola De Pirro, interesándose por el asunto. Al parecer, en el ínterin, ha habido dos reuniones entre los liquidadores de Phoenix Film y Cottafavi para rematar la versión italiana de la película. Al fin y al cabo, sigue siendo una coproducción con la doble nacionalidad. Fruto de este acuerdo, Cottafavi viaja de nuevo a Madrid. Comienza entonces el tercer asalto de este combate agónico. ANICA dispone de una rama dedicada a los asuntos financieros relacionados con la cinematografía, denominada Attività Cinematografiche Italiane (ACI) que se hace cargo de la liquidación de Phoenix Film. Esta sociedad es la que establece un nuevo acuerdo con Gutiérrez Torrero para que Cottafavi pueda realizar la versión italiana, que tendrá la consideración de “versión internacional”. La culminación de estos trabajos es imprescindible para poder estrenar la película, dado que el acuerdo de ACI con el director italiano implica la cesión de los premios que reciba la cinta y el cobro irrenunciable de los derechos de autor. 

Cottafavi ha viajado a España y ha podido ver el montaje supervisado por Viladomat. Para conseguir el traslado del negativo a Roma —donde en cualquier caso debería estar depositado según la praxis habitual, toda vez que las copias españolas se tirarían a partir de un duplicado negativo— solicita realizar algunos ajustes que sólo atañerían “a la parte documental del film, con exclusión de cualquier nueva realización del doblaje español”. Pero cuando llega a Italia los términos son bastante menos amistosos:
“Después de haber constatado que mi trabajo había sido completamente desfigurado por un montaje ineficaz y técnicamente equivocado, me quejé de dicha versión y solicité el envío inmediato de todo el material para poder continuar con el montaje”.

Gutiérrez Torrero contraataca con descalificaciones personales:
“Los derechos del señor Cottafavi no pueden llegar, con sus caprichos, a consumar nuestra ruina, como tenemos noticias ha ocurrido al señor Navarra [Viggiani], de Roma, por idéntico procedimiento, dado que el señor Cottafavi no tiene otras ocupaciones”.

No obstante, el acuerdo para enviar dicho material ha sido ratificado por ACI e Itálica Films, representada por el abogado Leopoldo López de Castillejo, que se compromete a hacer que GTC, el laboratorio de Joinville-le-Pont donde se está realizando el tiraje del internegativo, envíe directamente el negativo una vez finalizado este trabajo al laboratorio italiano que se le indique. Claro que, antes hay que pagar el 50% de la factura del internegativo español.

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