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domingo, 27 de julio de 2025

wff, según neville

El primer trabajo español de Edgar Neville en formato largo lo realiza para Saturnino Ulargui, el arquitecto, distribuidor y productor riojano tan activo en el cine republicano como durante la posguerra. En el equipo de El malvado Carabel (1935), parte de los profesionales de Ibérica Films: el productor Geza P. Pollatschik, la montadora Johanna Rosisnski y el guionista W. de Francisco, esto es, Franz Winterstein.

Se trata de una adaptación de la novela más popular de Wenceslao Fernández Flórez. El argumento lo doy por conocido: un pobre hombre, a fuer de bueno próximo a la estulticia, intenta una vida de delincuencia para la que tampoco está dotado. El final constata el fracaso de la carrera criminal de Amaro Carabel. La última vuelta de tuerca es una poesía escrita por el huérfano reclutado para asistirle en sus actividades delictivas cuyo primer verso reza: “Las estrellas encienden sus cigarrillos”. Amaro se lleva las manos a la cabeza: han acogido a un poeta surrealista, tendrán que alimentarlo durante toda la vida.

A falta de copias de la película, durante muchos años hubimos de conformarnos con aquella sentencia lapidaria de Neville en la que aseguraba que Ulargui le había obligado a meter en el último rollo una fiesta de alta sociedad que le sentaba a la película “como a un Cristo una pistola”.

 

Por suerte, en una de esas vueltas que se le dan a las películas en soporte inflamable en el voltio de Filmoteca Española, aparecieron siete minutos que comprenden cuatro escenas más o menos completas y de las cuales sólo dos proceden parcialmente de la novela. Además del magisterio reconocido de Fernández Flórez y Julio Camba como humoristas sobre todo el grupo generacional de Neville, aparece aquí claro uno de los puntos que, sin duda, le sedujeron a realizar esta adaptación. La relación entre Carabel (Antonio Vico) y el niño (Pepito Ripoll) nos remite, incluso visualmente, a la de Charlot con Jackie Coogan en The Kid (El chico, Charles Chaplin, 1921). De esta subtrama sólo se conserva el encuentro con el arrapiezo ante la churrería, pero la filiación es indudable.

En el atraco a mano armada a un vecino de Cuatro Caminos, “el amigo de Rebollo”, se dan la mano la adaptación directa y la querencia de Neville por el gag visual. El jocundo atracado (Juan de Landa) no puede contener la risa ante la inoperancia de Carabel, sobre todo cuando éste cae en una zanja y prosigue con sus amenazas como si tal cosa. La secuencia se cierra con un cameo del propio realizador.

Sin embargo, donde echa el resto es en la escena que tiene lugar en la tienda de cajas registradoras “Automátic, a prueba de ladrones”. El propietario le deja al cuidado del comercio para acudir a la maternidad donde su señora está dando a luz. Ocasión de oro para Carabel, que tiene que encontrar entre aquella exposición de registradoras cuál es la caja buena, la que guarda la recaudación. La cámara sale al exterior desde donde escuchamos las campanillas de las cajas que el aprendiz de ladrón abre una tras otra con creciente desespero. Elemento de suspense: el propietario regresa. Desde el interior contemplamos cómo Amaro lo ha escuchado desde la puerta y tiene que cerrar todas las registradoras antes de que lo descubra. Lo logra in extremis. El comerciante se congratula por la buena nueva –acaba de ser padre de unos gemelos- y le ofrece un purito para celebrarlo. Ahí, en la tabaquera, está la recaudación. Perplejidad de Carabel, pero es que el vendedor no se fía nada del producto que comercializa.

Volvoreta, Revista de Literatura, Xornalismo e Historia do Cinema dedicó su segundo número [diciembre de 2018] a las adaptaciones de El malvado Carabel. Se incluía allí un análisis comparativo, firmado por José Luis Castro de Paz, de la versión de Neville y la de Fernando Fernán-Gómez en 1955 y el guión de rodaje de ambas películas. El fragmento conservado de la de Neville corresponde a las secuencias 30, 32-35 y 37. En montaje paralelo deberíamos ver las escenas en el Casino de Madrid, donde Bofarull intenta seducir infructuosamente a Germana (Antoñita Colomé), pero, por lo que sea, no aparecen en su lugar.

domingo, 26 de enero de 2020

el dufaycolor en españa

Actualizado el 26 de septiembre de 2023

Nacido en Valencia en 1901, José María Blay Castillo se mostró desde su juventud interesado por el mundo del espectáculo. Fue cantante aficionado, montó compañías de zarzuela, fue empresario de un circo y se dedicó a la pintura de grandes carteleras cinematográficas para los cines barceloneses. O, al menos, eso afirma Gómez-Tello en un expresivo perfil de 1946:

Entre otras cosas, también, fue el lanzador en España de los hombres luminosos, de las botellas que andan solas por las calles y de mil recursos más de la publicidad. En el cine comenzó por las fachadas. Queremos decir que se inició con la decoración de grandes paneaux, entre los que figuran los que hizo para el estreno de El gran desfile y Ben-Hur. Más tarde conquista las pantallas e importa a España el film Rasputín, de origen italiano. Y, lógicamente, se adentra más tarde en los Estudios, realizando La España de hoy, documental de largo metraje que obtuvo el apoyo entusiasta de don Miguel Primo de Rivera. Su nombre está unido al de Santiago Rusiñol en otra película. La alegría que pasa, dirigida por Sabino Micón, y en la que el sonido estaba congelado en discos. Durante unos años trae a España Cuatro de infantería, Érase una vez un vals y El teniente del amor. Produce Abajo los hombres, colabora en Currito de la Cruz; estalla la guerra y al concluir produce Rápteme usted y Julieta y Romeo. [...] Ha sido presidente de la Mutua de Defensa Cinematográfica, y es vocal de la Junta Nacional de Cinematografía, y presidente del Casino Cinematográfico de Barcelona. [Gómez-Tello: "Quién es quién en la pantalla nacional: José María Blay", en Primer Plano, núm. 292, 19 de mayo de 1946.]

En efecto, compatibilizando labores de producción con las de distribución, como gerente de Febrer y Blay —que en diciembre de 1935 cambia su denominación por el de Ediciones y Distribuciones Cinematográficas - Edici— participa en la producción de Currito de la Cruz (Fernando Delgado, 1936) y se hace cargo de la financiación de ¡Abajo los hombres! (José María Castellví, 1936). Rápteme usted (Julio de Fleschner, 1941) y Julieta y Romeo (José María Castellví, 1941) son ya producción de Cinedía, una empresa constituida en 1941 por José María Blay junto a Ramón Balet Raurich y de la que forman parte el financiero Antonio Caro Sánchez y el futuro Director General de Cinematografía Joaquín Argamasilla de la Cerda y Elio.

En 1938, en plena contienda, se ha creado en Mallorca la sociedad de responsabilidad limitada Balet y Blay. Con ella se embarca José María Blay en la producción de un ambicioso proyecto: la realización de la primera película europea de dibujos animados. Y además, en Dufaycolor, un procedimiento inventado por el francés Louis Dufay y adquirido por la empresa papelera británica Spicers. El único largometraje por este procedimiento en su Gran Bretaña natal será Sons of the Sea (Maurice Elvey, 1939), después de realizados varios reportajes y de que el productor Adrian Klein haya encargado en 1937 al documentalista Humphrey Jennings  la confección de tres cortometrajes que sirvan de muestrario al laboratorio Dufay-Chromex.

José Luis Fernández Encinas: Técnica del cine en color. Madrid, Escuela Especial de Ingenieros Industriales, 1949. Edición electrónica no venal: Filmoteca Española, noviembre de 2006.

El procedimiento fotográfico reticular inventado por el frances Louis Dufay en 1908 se había logrado transferir a película cinematográfica en 1932, aunque, en principio, se había utilizado exclusivamente en pruebas y en los cortometrajes A Colour Box (Len Lye, 1935) y Kaleidoscope (Len Lye, 1935) pintados directamente sobre celuloide y con copias en Dufaycolor .

Timeline of Historical Film Colors [https://filmcolors.org/timeline-entry/1257/]

Sin embargo, José María Blay no se arredra ante las dificultades que acarrea la síntesis aditiva y se postula como representante en España del sistema, que ha conocido en Italia. Los acuerdos cinematográficos que firma Dionisio Ridruejo como jefe de Propaganda del gobierno de Burgos con el ministro della Cultura Popolare, Dino Alfieri, sirven de base a una serie de iniciativas privadas en las que medran empresas de todo cuño próximas a los centros de poder franquista y fascista. Teniendo en cuenta que todos los estudios cinematográficos españoles están en zona republicana, Joaquín Romero Marchent, director de la revista Radio-Cinema —la única especializada que se publica en el territorio bajo el control del ejército sublevado— y José María Blay inician conversaciones para construir unos estudios cinematográficos en la isla, base de las fuerzas aéreas y navales italianas.
Precisamente en nuestra estancia en Roma para la contratación de los aparatos y demás material para el estudio —escribe Blay al director del Departamento Nacional de Cinematografía, en Burgos—, concertamos también la exclusividad para España del sistema de película en color Dufaycolor que a nuestro parecer queda todavía más natural que el Tecnicolor [sic]. [Carta con membrete de Balet y Blay del 1 de septiembre de 1938, en AGA, 049.001 21/00268]
Una de sus jugadas maestras es la producción en color del himno nacional que ha de acompañar todas las proyecciones cinematográficas en la cada vez más amplia zona ocupada por las fuerzas sublevadas y una vez finalizada la contienda. Así se anuncia en el boletín oficial de la productora:
EL SALUDO A FRANCO EN EL CINE: Ofrecemos a los Sres. Empresarios, film en colores (procedimiento Dufaycolor) de 22 metros con el Himno Nacional, Bandera y Escudo de España, su Excelencia el Generalísimo y grito de ¡Arriba España!, película destinada a proyectarse en los entreactos. Balet y Blay - General Goded, 16. Palma de Mallorca. [Sombras, núm. 1, febrero de 1939.]
La prensa mallorquina no dejaba de señalar el evento y de resaltar las cualidades ideológicas del procedimiento cromático, aunque algún diario lo confundiera con "un técnicolor perfecto":
El cliché reproduciendo el retrato del invicto Caudillo ha sido sustituido en el Cine Rialto por una breve película que se proyecta a base de la Bandera de España, la auténtica roja y gualda, y al toque del cornetín va desplegándose majestuosamente sobre un firmamento optimista, de intenso azul, mientras, con las gradaciones de una aparición, va dibujándose la figura augusta del Generalísimo, vibrando el Himno Nacional, hasta esfumarse la silueta y el flamear de la gloriosa enseña de la Patria. [La Almudaina, reproducido en Sombras, núm. 2, marzo de 1939.]

Cuando en 1945 el secretario de la Escuela de Ingenieros Industriales realiza un informe sobre la Sección de Cinematografía que servirá de trampolín para la futura puesta en marcha del Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas, afirma que para entonces ya se han realizado "interesantes ensayos en Dufaycolor". [Adelardo M. de la Madrid: "La cinematografía y la Escuela Especial de Ingenieros Industrailes", en Cine Experimental, núm. 6, mayo-junio de 1945, pág. 352.] Pero la aventura comercial del Dufaycolor en España ha arrancado en 1942, cuando el dibujante Arturo Moreno ofrece a los distribuidores su cortometraje de animación El capitán Tormentoso. [José María Candel: Historia del dibujo animado español. Murcia, Filmoteca Regional de Murcia, 1993, pág. 29.] Blay no ve claro el momento comercial del dibujo animado de cortometraje, pero sí en formato largo. Arturo Moreno acepta el reto y crea, en torno al pequeño núcleo que había realizado El capitán Tormentoso con la marca Diarmo Films, un estudio de animación en el barrio barcelonés de Vallarca en el que dan trabajo a unos ochenta dibujantes.



La complicadísima peripecia de la producción de Garbancito de la Mancha (Arturo Moreno y José María Blay, 1945) ya ha entrado en la leyenda: viejas radiografías utilizadas como soportes sobre los que dibujar porque no hay posibilidades de obtener acetatos vírgenes, vuelos a Londres en plena II Guerra Mundial para revelar el material rodado en el único laboratorio capaz de procesar el Dufaycolor... Lo cierto es que los distribuidores catalanes Balet y Blay ven en el proyecto de Arturo Moreno una oportunidad de oro para tomar la delantera en un mercado infantil virgen de productos autárquicos. Sin embargo, es una decisión arriesgada debido a la situación internacional, que les proporcionará no pocos quebraderos de cabeza, compensados finalmente por toda clase de beneplácitos críticos —“una película de dibujos animados llevada a cabo de un modo espléndido, iniciación felicísima en un género nuevo para nuestro cine”, escribe H. Sáenz Guerrero [La Vanguardia Española, 24 de noviembre de 1945]— y oficiales  —Interés Nacional y Premio del Sindicato Nacional del Espectáculo—. Porque más allá del esforzado trabajo de Arturo Moreno para que su película no desmerezca de los prestigiosos productos de Walt Disney o de Gulliver's Travels (Los viajes de Gulliver, Dave Fleischer, 1939), de los hermanos Fleischer, el argumento del falangista gaditano Julián Pemartín trasuda ideología del Nuevo Estado. De acuerdo en que la película puede verse como un tradicional cuento de hadas... Garbancito es el héroe con todos sus atributos: nobleza, inteligencia, generosidad, valor... Le acompaña la cabrita Peregrina, compañera de fatigas y colaboradora indispensable en los muchos momentos difíciles por los que habrá de pasar para enfrentarse al ogro comeniños Caramanca. Éste se vale de las artes malignas de la tía Pelocha, una bruja servil, para apoderarse de los hermanitos Chirili y Quiriqui, a los que planea devorar. Además, un trío de delincuentes algo torpes -Manazas, Pelanas y Pajarón- intentan robarle y poner en ridículo sus proyectos. Pero Garbancito, gracias a sus buenas acciones, recibe la ayuda de un hada buena, que le concede el don de convertirse en un diminuto garbanzo y armado de una espada que ha forjado él mismo va en busca del gigante.

Pero a la vista de la reciente historia de España tampoco resulta descabellado interpretar, como algunos han propuesto, que el ogro sea el comunismo soviético, la bruja la República española, los niños el sufrido pueblo sojuzgado por ambos, los delincuentes las milicias republicanas y Garbancito nada menos que el mismísimo Franco, toda vez que el hada no es un ente feérico y pagano sino la "gracia divina", según ella misma afirma. De este modo, al tiempo que Moreno se ocupa de organizar la cinta a modo de escenas autónomas en las que hay ecos de las Silly Symphonies disneyanas, con sus luciérnagas y cipreses cantores, y del mundo mágico de The Wizard of Oz (El mago de Oz, 1939), los padres pueden llevar a sus hijos al cine con la tranquilidad de que todo en la película es moralmente limpio e irreprochable. La partitura del maestro Jacinto Guerrero también sigue esta pauta, habitual en sus revistas de esta época, alternando ritmos modernos "a la americana" con españolísimos pasodobles y temas de corte zarzuelero, suturando desde la banda de sonido el pretendido maridaje entre la emulación de lo foráneo y la reivindicación autárquica.

El presupuesto oficial declarado habría alcanzado casi los cuatro millones de pesetas, pero los premios y ayudas oficiales, la publicación del relato de Pemartín ilustrado por el propio Moreno en la editorial Calleja y el lanzamiento de toda una serie de productos de mercadotecnia, como muñecos y colecciones de cromos, proporcionaron a los productores unos beneficios en torno a los dos millones de pesetas, que fueron reinvertidos en la siguiente película de los estudios: Alegres vacaciones (Arturo Moreno y José María Blay, 1948). Parte de la inversión se va a montar en los propios estudios los equipamientos para el tiraje de copias en Dufaycolor:
[José María Blay], que ha sido el que dio vida a la primera producción nacional de dibujos en largo metraje —Garbancito de la mancha— perseverando en el camino emprendido, no se contentó sólo con realizar la segunda, sino que pensó en fabricarse también todas las copias y, desarrollando la actividad en él característica, silenciosamente, ha podido ofrecer a la industria el resultado récord de terminar la película, también de dibujos animados en color, titulada Alegres vacaciones, el día 20 de julio y el día 21 salía del laboratorio la primera copia estampada en España. [Un gran avance de la industria cinematográfica en España", en Pueblo, 13 de agosto de 1948, pág. 6.]


Los dibujantes están de vacaciones, los personajes de la película anterior se han quedado solos y deciden escapar de sus láminas recorrer España y contarse sus aventuras a la vuelta. Así, la tía Pelocha viajará a Valencia, Quiriqui y Chiruli a Mallorca, Garbancito a Sevilla y el gigante Caramanca a Montserrat y Madrid. Por último, Garbancito cruza el Estrecho en avión con Peregrina y los tres trapisondistas que en la anterior película eran esbirros de los malvados. Aterrizan en una ciudad del norte de Marruecos por la que les persiguen un par de facinerosos. Garbancito salva entonces a un morito llamado Carbonilla y consiguen rescatar a los chicos con la ayuda de un ejército de libélulas. El recorrido se remata con una serie de estampas a la acuarela de los monumentos que no ha dado tiempo a incluir en las aventuras de los personajes y que Garbancito muestra a Carbonilla: la catedral de Santiago, la Alhambra, el acueducto de Segovia, el monasterio del Escorial, la catedral de Burgos —“para que veas, amigo Carbonilla, que en España también se hace encaje con la piedra”—, el Tajo de Ronda…

El problema de Alegres vacaciones es que cada uno de los viajes tiene un carácter claramente episódico y continuamente se incluyen imágenes fijas o secuencias de imagen real, que permiten ahorrar en animación, pero confieren al conjunto una arritmia evidente. Fragmentos como la pesadilla de la tía Pelocha después de ingerir una suculenta paella —al modo de la borrachera de Dumbo (Dumbo, Ben Sharpsteen, 1941)— destacan precisamente por su autonomía musical e imaginativa con respecto al conjunto, que no deja de ser un travelogue dañado además por una locución de Ramos de Castro obligada a glosar las bellezas naturales y arquitectónicas de España.


Arturo Moreno no asiste al estreno de la película en diciembre de 1948. Ha marchado con su familia a Venezuela en busca de nuevos horizontes profesionales. Es entonces, en tanto se pone en marcha la tercera película de animación del estudio de Vallarca, que José María Blay decide implicarse en la realización de un largometraje de imagen real en Dufaycolor: A punta de látigo (Alejandro Perla, 1948). Las copias de Alegres vacaciones se han tirado ya en España, en los laboratorios Cinefoto de Barcelona, sin necesidad de costosos portes, y la operación parece viable.

La iniciativa de A punta de látigo corresponde al productor Francisco Carmona, que en 1949 parecía dispuesto a comerse el mundo: oficinas en la céntrica plaza madrileña de Santo Domingo, unos estudios cinematográficos en Carabanchel equipados con el material procedente de los Estudios Diagonal barceloneses, que acaban de echar el cierre tras el rodaje de Cita con mi viejo corazón (Ferruccio Cerio, 1949), planes de producción continuada... [Luis Casino: "Maleficio cifra en imágenes la lucha del hombre con la naturaleza", en Primer Plano, núm.467, 25 de septiembre de 1949.] En este reportaje, Alejandro Perla asegura haber rematado ya todos los exteriores de su nueva película, Maleficio (1949), y haber sido invitado al Festival de Cine de Lima, que va a celebrarse en octubre de 1949. Después de trabajar como ayudante de dirección en España y Portugal, Perla ha debutado en el cine luso con dos largometrajes: Cais do Sodré (1946) y Os vizinhos do Rés-do-Chão (1947), muestras de cine popular en la que se combinan en distintas dosis comedia y melodrama. A España regresa de la mano del actor portugués Antonio Vilar, al que dirige en El duende y el rey (1948). Inmediatamente se embarca en la realización de la cinta de ambiente hípico A punta de látigo, cuya filmación tiene lugar entre el 5 de noviembre de 1948 y el 16 de julio de 1949. Un mes antes del inicio del rodaje, cuando la productora envía el guión a la Junta de Orientación Cinematográfica para obtener el preceptivo permiso, los censores emiten el siguiente juicio:
Se advierte a la entidad productora que el guión cuyo rodaje se autoriza por el presente documento carece de originalidad e interés argumental, adoleciendo además de lentitud y reiteración en la acción. Por otra parte, su valor literario es escaso y sus diálogos vulgares. No obstante, por tratarse de un tema amable y nuevo en nuestra cinematografía, es posible que sea del agrado del público medio. [AGA 36/04707.]

El argumento al que se refieren los papeles oficiales es obra del periodista deportivo donostiarra Francisco Quílez “Quilates”, un especialista en hípica. Tanto, que a la hora de su muerte el obituarista de ABC puede afirmar: “Las carreras de caballos en España han perdido a su mayor y mejor propagandista, y el periodismo deportivo ha perdido a uno de sus paladines”. [ABC, 14 de septiembre de 1973.] El autor declaraba durante la producción no sólo que lo propio es tan bueno como lo de fuera, sino que el argumento pretendía "hacer bien patente la limpieza de nuestras carreras y demostrar a los otros que nosotros jugamos sin trampa ni ventaja. ["Francisco Quílez 'Quilates', autor del argumento de A punta de látigo", en Cámara, núm. 144, 1 de enero de 1949.]

La doble tesis de esta película sin tesis es que, a pesar de los colores, no todo en la hípica es glamour y diversión, que hay mucho de sacrificio y dolor en torno a las carreras de caballos; la segunda parte es que se equivocan los snobs que piensan que todo lo bueno viene de fuera. Para ilustrar esta teoría, el periodista habría escrito una novela —aparece seriada en la revista hípica Caballos— que sirve de base a un guión que relata el ascenso de Antonio (Carlos Agosti), un modesto jockey que sustituye al irascible Soto (Gary Land), cuando éste golpea cruelmente a Imperator, un caballo joven de la cuadra de don Pascual Villarías (Manuel Kayser). Cuando Imperator gana la carrera montado por Antonio, Soto, despechado, se emplea en una cuadra que corre con caballos de importación. Desde allí hace correr el rumor de que si Antonio le ha arrebatado el puesto ha sido por interés personal de Marisol (Silvia Morgan), una de las hijas de don Pascual. Sin embargo, Antonio ama silenciosamente a Merche (Asunción Sancho), la hija de un jinete enfermo (Rafael de Penagos). Imperator se lesiona y los viejos caballos de don Pascual se ven relegados a la segunda posición en la línea de llegada, siempre por detrás de Soto. Antonio pone todas sus esperanzas en la recuperación de Imperator para la carrera de los Tres Años. Para asegurarse el triunfo, Soto convence a un mozo de cuadras despedido para que corte los tendones a Imperator. Pero el mozo se arrepiente y al día siguiente, en una competición reñidísima, Antonio vence a Soto y los caballos nacionales ponen en su lugar a los de procedencia foránea.

Los exteriores se ruedan en los hipódromos de Lasarte y de La Zarzuela madrileña y los interiores en los estudios CEA, “equipados especialmente para rodar en color esta producción”, según la publicidad. Como ya hemos visto también los laboratorios Cinefoto de Barcelona, responsables del autóctono Cinefotocolor, han sido dotados por Balet y Blay con un tren de revelado para poder tirar copias de negativos rodados mediante el procedimiento británico Dufaycolor. Un curioso documento remitido a la Junta de Orientación Cinematográfica —plagado de imprecisiones técnicas, que no económicas— nos permite asomarnos a la intimidad del proyecto en un momento en el que el cine de imagen real en color en España aún es una utopía. [AGA 36/03378.] Por ello, después de hablar de la imposibilidad de acceder al AgfaColor tras la derrota de Alemania y del coste inabordable de los sistemas sustractivos, como el Technicolor, Balet y Blay sancionan el Dufaycolor, del que son representantes en España, como el único procedimiento “aprovechable para el rodaje de películas nacionales en colores”. Se han decidido pues a importar la maquinaria desde Reino Unido y a sufragar su instalación en Cinefoto. En este mismo momento, el laboratorio de Aragonés y Pujol está poniendo en marcha el Cinefotocolor con patente propia. Balet y Blay aseguran que los técnicos españoles han conseguido resultados…
que sin ser definitivos, demuestran no obstante que en sucesivas películas donde se aplique la experiencia indudablemente adquirida se lograrán resultados magníficos. […] En esta película se han tenido que superar todos los inconvenientes de acoplarse a las necesidades del color y a la carencia de algunos elementos técnicos (como arcos automáticos, lámparas de vapor de mercurio, etc.) y asimismo la necesidad de adaptar a los técnicos españoles a la modalidad del rodaje en color.
El director de fotografía es el veterano documentalista Ramón Biadiú. Del modesto presupuesto de menos de tres millones de pesetas, buena parte se ha ido en este capítulo. 627.5000 han sido destinadas a la compra de negativo y positivo color, 153.000 a los trabajos de laboratorio y 210.000 más en un apartado denominado “canon color y técnico”. Es probable que éste fuera alguien enviado desde Londres para la instalación de la maquinaria en Barcelona y el tiraje de las primeras pruebas presentadas a la prensa y que reciben toda clase de felicitaciones, sobre todo para el procedimiento cromático:
En el cine Gran Vía hemos asistido en la mañana de hoy a la proyección privada de unas interesantes escenas de la película A punta de látigo, primer film español en colores por el sistema Dufaycolor, cuyo procedimiento se manipula ya totalmente en nuestra patria. Los exteriores e interiores de la película se han conseguido plenamente con bellos y suaves matices, que dan la sensación de la realidad en el colorido. Podemos anticipar, con orgullo de españoles, que la implantación del cine en color en España es ya una auténtica y bella realidad, que coloca a nuestro cine en la primera línea de la cinematografía mundial. Este esfuerzo magnifico, que reportará grandes beneficios a la industria nacional, se debe a la veterana merca Balet y Blay, en colaboración esta vez con el conocido cinematografista don Francisco Carmona. Nuestra felicitación a los productores, al director Alejandro Perla y a los técnicos y artistas que con tanto entusiasmo intervienen en A punta de látigo, película española en colores, que recorrerá triunfalmente las pantallas del mundo. [L.C.: “Prueba privada de A punta de látigo, película española en colores”, en Guadalajara: 21 de diciembre de 1948.]
En noviembre y diciembre de 1948 la revista Primer Plano publica una página de publicidad y sendas fotografías de la pareja protagonista: Silvia Morgan y Carlos Agosti.

 
Sin embargo, no será de la misma opinión la Junta de Calificación que le concede tan sólo una Segunda Categoría, lo que le coarta el acceso a las ayudas oficiales mediante el sistema de concesión de licencias de importación y doblaje —sólo obtiene una—, que es lo que interesaba a Balet y Blay. Así, resulta imposible devolver el crédito sindical obtenido para la producción, que ascendía a 825.000 pesetas.

El censor Pedro Mourlane Michelena resume del siguiente modo sus impresiones. “Tecnicolor. Carreras de caballos con el pequeño gran mundo que se agita en torno a ellas. Anécdota de amor y triunfo final de Imperator que pertenece a una yeguada española. Y eso es todo”. Otros censores inciden en la mediocridad del procedimiento de color —“color mediano” para Fernando de Galaniena—, así que el juicio de Joaquín Soriano parece resumir el sentir de la mayoría: “Color regular, pero ningçun valor cinematográfico y de argumento”. Otro, ilegible, acaso se pase de castizo en una valoración oficial: “¡2ª categoría y va que arde!”. [AGA 36/03378.]

Esta categoría dificulta además su exhibición en salas de estreno de Madrid y Barcelona, así que no es posible localizar una sola crítica de la película. Queda, al menos, este testimonio de que llegó a la pantalla del cine Colón de Ribadeo en 1952...
... y los recuerdos de Florinda Chico, porque fue la primera vez que se puso delante de una cámara cuando aún era bailarina en la compañía de revistas de Celia Gámez:
El director, Alejandro Perla, vio una noche el número que yo hacía en el Fontoria y me eligió a mí entre varias chicas para un papelito en esta película. La rodamos en el hipódromo de la Zarzuela en el mes de enero y hacía muchísimo frío. Íbamos vestidas con gasas de colores y nos tocábamos con unas pamelas que se nos volaban con el viento. Un espectáculo; yo me moría de risa. Recuerdo que tenía que decir dos frases. [Juan Antonio Pérez Mateos: Florinda Chico en el gran teatro del mundo. Madrid: Ediciones Martínez Roca, 2003, pág. 243.]

Corín, reseñista del diario salmantino El Adelanto [1 de abril de 1951], calificará la película de "ensayo":

Si en algo se debe estimar A punta de látigo será debido a la música de fondo, obra de nuestro paisano Manuel Parada, que logra dar al desarrollo una ora agradable de comedia, y el sistema del color, que aún no consiguiendo nada en firme sobre la técnica a la que nos han acostumbrado los americanos, hace de algunas fotografías una bella estampa. Admitamos, pues, que se trata de una "película ensayo" muy poco afortunado.

Y en el recuento de final de año, repasando las 157 películas estrenadas en Salamanca ese año  —veinte ellas en Technicolor—, concluye que ésta en Dufaycolor fue, sin duda, "la más pesada".

Sueños de Tay-Pi (Franz Winterstein y José María Blay, 1951), con la colaboración de “Los Vieneses” de Artur Kapps y Franz Joham, es la última cinta de animación en Dufaycolor de Balet y Blay. Como no podía ser de otro modo, a tenor de sus creadores, el argumento se ciñe a la creación de una revista musical por parte de los animales de una isla:
Moo, el mono del frac rojo que todo lo sabe; Mi, la coqueta monita que quiso ser vedette; Bobalicón, el verdadero mono de imitación; Co, el cocodrilo que se comió a la vedette para después llorar lágrimas de cocodrilo; Condor, el fiscal de la selva; y Sim, el fantástico creador de fantásticos cuadros de revista. [Anuario del cine español. Madrid, Sindicato Nacional del Espectáculo, 1956, pág. 207.]

En diciembre de 1949 ya se promocionaban las canciones de Artur Kaps en la prensa:

Artur Kaps trabaja, y lo hace intensamente y más inspirado que nunca, componiendo siete canciones para la película de dibujos animados en colores Oh, mi Karay Kikí (la revista de la selva), que en sus propios estudios produce la importante firma Balet y Blay, S.L. En esta ocasión puede decirse, que Kaps, el creador de las conocidas revistas vienesas, se ha superado a sí mismo de forma que sus melodías “Mi coronel se va”, “Oh mi Karay Kikí”, “¿Qué tendrás tú?”, “Nuestro amor”, “¡Qué criatura!”, “Te quiero, te he querido y te querré” y “Fútbol”, pronto se harán populares, y desde el patio de vecindad a la elegante boite de nuit se cantarán en todas partes. [“Oh, mi Karay Kikí”, en Guadalajara, 28 de diciembre de 1949.]

La película, tal como ha llegado a nuestros días, tiene un carácter fragmentario. Hay algunos saltos de continuidad que impiden seguir con claridad la progresión de la historia, si es que ésta se producía. Lo más llamativo desde el punto de vista argumental está en el arranque: el ejército de ocupación abandona la isla de Pay-Pay Tay-Pi. Estamos asistiendo, por tanto, al fin de una contienda en la que las fuerzas de ocupación no estaban integradas únicamente por aguerridos militares y esbeltas enfermeras, sino por una compañía de variedades cuyo cometido era entretener a las tropas. La estrella del espectáculo era la espectacular Lola, a la que sus compañeros abandonan a su suerte por no comparecer en el momento de la evacuación. Más adelante nos enteraremos de que fue devorada por el cocodrilo Co. Porque los habitantes de la isla son animales antropomorfos que se quedan solos cuando los humanos escapan de allí. El Gran Moo y Bobalicón pretenden aprovechar la carpa y el baúl de vestuario que los ocupantes han dejado atrás, pero antes el destino del Gran Moo debe ser decidido por un tribunal zoológico en el que el cóndor Kon actúa como acusación. Una acusación grave, porque se trata nada menos que de colaboracionismo. El viejo mono consigue un plazo de once lunas para montar una revista gracias a la colaboración de dos volcanes gemelos, los Bum-Bum, que parecen interceder en su favor al entrar en erupción cuando el tribunal popular va a dictar sentencia. 

Hablábamos antes de discontinuidades: el cómo se incorpora a la trama Sim, el creador de sensacionales revistas, es una de ellas. Vale que su sexteto de elefantes que tocan una pieza con sus trompas a modo de castellers o que su trío de jirafas con los cuellos entrelazados puedan competir con las Andrews Sisters, pero su irrupción en el relato resulta francamente abrupta. También la decisión de Kon de formar su propia compañía y competir con Sim. Hay números musicales bastante afortunados y algunas soluciones visuales de buena ley, pero es como si la historia se desarrollara a golpe de ocurrencia. La más que probable falta de metraje podría contribuir a la incoherencia, aunque es probable que parte de la misma viniera de serie.


Con ella llegan a su fin las aventuras del procedimiento británico en la industria española. Primero el Cinefotocolor y luego el Eastmancolor ganarían la partida. Es más que probable que el Saludo a Franco en Dufaycolor se procesara en algún laboratorio italiano o se enviara desde Italia a Reino Unido. Las últimas escenas del largometraje documental de propaganda fascista L'ebbrezza del cielo (Giorgio Ferroni, 1940) se presentaron en Dufaycolor.
 
 Istitttuo Luce

Pero según evoluciona la II Guerra Mundial este servicio resultaría inviable. De acuerdo con todos los testimonios, el material de Garbancito de la Mancha tuvo que hacer el viaje de ida y vuelta a los laboratorios Dufay-Chromex en Reino Unido. Allí, después de los cortometrajes iniciales, Dufay debió servir sobre todo para publicidad. En 1952 se realizaron unas pruebas de cámara con Audrey Hepburn, así que es posible que todavía se pensara en que era viable su comercialización para largometrajes de ficción, pero los archivos conservan éste como el último registro en Dufaycolor. 
 
British Film Institute
 
Justo antes del estreno de Sueños de Tay-Pi, José María Blay declaraba en la revista Imágenes:
El presupuesto de una película de dibujos animados en colores oscila alrededor de cuatro a cinco millones de pesetas. El tiempo que se invierte en hacerla es de dos años a dos años y medio. [...] Esta clase de producciones son un calvario por lo que se tarda en hacerlas y por las grandes dificultades con que se tropieza. Por otra parte, aunque nos acompañe el éxito como esperamos que así ocurra con esta última, no compensa los esfuerzos, tanto económicos como personales, por lo que si el Estado no nos apoya deberemos renunciar a ellas y dirigiremos nuestros esfuerzos a la producción normal, mucho más fácil y que requiere muchísimo menos trabajo. [Citado por José María Candel: Historia del dibujo animado español. Murcia, Filmoteca Regional de Murcia, 1993, pág. 61.]
Independientemente del pobre resultado de taquilla que obtuvieran Balet y Blay con el estreno de Los sueños de Tay-Pi el 22 de diciembre de 1952 en el cine Avenida de la Luz, es impensable que renunciaran a su distribución. Es más que probable que la clausura de los trenes de tiraje de copias en Dufaycolor por parte del laboratorio británico en el momento en que otros procedimientos irrumpían con agresividad en el mercado countribuyera también a la desaparición de Los sueños de Tay-Pi y A punta de látigo de los circuitos de distribución una vez amortizadas las escasas copias en circulación.

Addenda: En 2020 Filmoteca Española compra una copia incompleta de Garbancito de la Mancha en su Dufaycolor original a un coleccionista estadounidense. Le faltan dos rollos, pero, a pesar de ello, la institución decide llevar adelante la restauración digital de la película: https://www.theguardian.com/film/2020/jul/21/garbancito-hero-of-europes-first-feature-length-animated-colour-film-to-fight-again
 
 Filmoteca Española

Addenda del 29 de diciembre de 2021: Añadido el comentario sobre Los sueños de Tay-Pi, proyectada en esta fecha en el cine Doré, y las causas de la desaparición de las dos últimas películas rodadas mediante este procedimiento, más allá de su fracaso comercial.

 Filmoteca Española

Addenda del 30 de marzo de 2023: En la revista Con A de Animación, núm. 16, marzo de 2023, Álex Mendíbil publica el completísimo artículo sobre la génesis, producción y distribución de la última película de animación de Balet y Blay "Sueños De Tay-Pi. Redescubriendo la revista musical de animación": https://conadeanimacion.upv.es/archivos/portfolio/suenos-de-tay-pi-redescubriendo-la-revista-musical-de-animacion

domingo, 26 de agosto de 2018

diáspora del equipo de ibérica films


Dos circunstancias fortuitas surgidas en estos días me han puesto sobre la pista de la desbandada provocada por la Guerra Civil entre algunos de los participantes en el rodaje de Doña Francisquita procedentes de la cinematografía alemana una vez que el Partido Nacional-Socialista toma el poder en 1933.

El primero ha sido la lectura en la Correspondencia escogida de Luis Buñuel [Madrid, Cátedra, 2018. pág. 253.] de la carta enviada a Ricardo Urgoiti el 19 de julio de 1940 en la que se refiere a un tal Polaty, que ha llegado a un acuerdo con United Artists para producir una película en Cuba en doble versión idiomática. La cinta en cuestión terminaría titulándose Embrujo antillano (1945) y conformándose como una coproducción entre México y Cuba. Cuál habría sido la participación de Buñuel en el proyecto de 1940 permanece en el misterio. Pero la calificación de Polaty como “el empleado de ex Ulargui” y la constatación en los títulos de la película de que su nombre completo es “Geza P. Polaty” nos lleva a concluir que se trata, en efecto, de Geza P. Pollatschik, uno de los fundadores de Inca Films e Ibérica Films, cuyo último trabajo acreditado en España habría sido, en efecto, la producción de Ulargui María de la O (Francisco Elías, 1936).

En este momento se encuentran en Cuba el periodista Carlos Sampelayo y el colaborador habitual de Buñuel en Filmófono Eduardo Ugarte, pero su participación en el proyecto no termina de cuajar. Así recuerda Sampelayo su encuentro con Ugarte en La Habana:
Lo había llamado el productor húngaro Pollacheck, que trataba de constituir allí la Compañía Cinematográfica Cubana., y contaba también conmigo. Como aquello fracasó, hicimos juntos el viaje a México, yo de arribada y él de regreso. Procuraba yo informarme de lo que habría de encontrar en la nueva tierra de promisión y al hablar de teatro me dijo algo premonitorio:
—Hay un cómico de barraca al que le llaman "Cantinflas" que es buenísimo. Si hicieran una película con él estoy seguro de que sería un éxito. [Carlos Sampelayo: Los que no volvieron. Barcelona, Los Libros de la Frontera, 1975, págs. 266-267.]
Ambos terminan estableciéndose en México, a donde llegan el 13 de febrero de 1941. Ugarte había desembarcado allí por primera vez en julio de 1939 con el estatuto de "asilado político".

Sobre el paso de Polaty por Cuba, abundan los juicios polémicos, cuando no vejatorios:
A su arribo a la capital cubana, el húngaro Geza P. Polaty (1908-1991), pregonó disponer de un centenar de miles de pesos, importantes contactos con la United Artists para la distribución en la isla, pretensiones de arrendar los estudios de la compañía productora Películas Cubanas, S.A. —más conocida por la sigla de Pecusa—, intenciones de producir primero con la firma Latino Films la cinta El reino de Dios y luego otra película para la cual pensaban contratar al famoso actor madrileño [afincado en Estados Unidos] Antonio Moreno. Todo quedó en palabrería. Lo único concreto de la gestión del soberbio Polaty fue su evidente menosprecio por los artistas y técnicos cubanos que permanecían sin trabajar por la precariedad de la industria fílmica nacional. Su actitud fue muy cuestionada en el ámbito cinematográfico criollo, ante todo por el realizador Ramón Peón mediante una carta abierta y por el activo periodista Pedro Pablo Chávez, que le salieron al paso al advenedizo centroeuropeo con ínfulas de conquistador. [Luciano Castillo: “Ángel Lázaro: embrujado por la antilla mayor”, en Cuba Literaria, 18 de abril de 2013.]
Y el crítico azteca José María Sánchez escribió en Novedades otra diatriba, teñida también de xenofobia, cuando la película se estrenó en México en 1947:
Lástima grande, ya que el asunto no carece de interés, y que en manos más aptas habría conservado el dolor humano y la naturalidad de que le despojaron ineptos adaptadores y un director novicio, sin sensibilidad ni refinamiento. A todas luces se ve que Geza P. Polaty es completamente nuevo en semejantes tareas, y que carece de talento para llegar a mucho. El ambiente general de la película es vulgar y pobre, la longitud excesiva. [Citado por Eduardo de la Vega Alfaro: El cine de Juan Orol. México D.F., Filmoteca de la UNAM, 1985. págs. 140-141]
Hasta mediado el metraje, el folletín -"El único pecado de amor es... no querer bastante"- ha alternado con los exteriores en los tabacales, pero, a partir de este momento se lanza por la pendiente del melodrama, entendido en su acepción de drama con música. El enfrentamiento entre Caridad y Ana María por el amor de Ramiro Luján se traduce en una especie de "coplas de pique" cuya denominación cubana se nos escapa. Es en estas escenas protagonizadas por María Antonieta Pons y Blanquita Amaro donde Embrujo antillano gana algunos enteros. Sin embargo, un montaje torpe —firmado por el propio Polaty— y una planificación frontal y en exceso alejada de los intérpretes en los interiores, lastra notablemente el resultado final y avala las malas críticas que la película cosechó por motivos espurios. Si algunas copias prescinden del nombre de Juan Orol en los créditos, su participación parece evidente por el protagonismo de María Antonieta Pons -su musa de entonces- al frente del reparto y perlas sólo atribuibles a su inefable talento:
-Tú sí que eres mala... con lo buena que estás -le espeta Ñico a Caridad en el baile.

La historiadora Virgen Gutiérrez Mesa señala que Polaty había llegado a México en 1939, tras su paso por su Budapest natal, y que más tarde se habría trasladado “a Río de Janeiro, donde permanece hasta su muerte”. [Virgen Gutiérrez Mesa: Piel de toro mambí: Presencia de España en la cinematografía cubana. Guantanamera, 2017.] Lo cierto es que varias revistas dedicadas a los entresijos de la industria hollywoodense dan testimonio de su labor como representante de Warner Bros., United Artists y 20th Century Fox, en destinos tan exóticos como Puerto Rico o Japón. Falleció en 1991, tras una vida ciertamente azarosa.

El compositor Jean Gilbert -Max Winterfeld- ya era sobradamente conocido cuando desembarca en España. Es el más veterano del grupo y lleva componiendo operetas desde principios del siglo XX. La más destacada es La casta Susana, que Benito Perojo adaptará en Argentina en 1945. Cuando Adolf Hitler llega al poder, Gilbert/Winterfeld se ve obligado a exiliarse. Es entonces cuando recala en España y se relaciona más directamente con el mundo del cine, componiendo las bandas sonoras de varias películas de Ibérica Films y Atlantic Films. A finales de 1936 colabora en Francia en una adpatación de La chaste Suzanne (André Berthomieu, 1937) protagonizada por Meg Lemmonier y Raimu, pero la Ocupación de París por los alemanes le obliga a partir de nuevo, esta vez con rumbo a Argentina. Hasta su fallecimiento en 1942 trabajará asiduamente en la radio y en el cine en este país.

La montadora de las películas de Pollatschick en España aparece acreditada indistintamente como H. o J. Rosinski. El hecho de que Johanna Rosisnski fuera la montadora de algunas de las producciones de la Hispano Filmproduktion –Carmen la de Triana (Florián Rey, 1938) y Mariquilla Terremoto (Benito Perojo, 1939)- indica que, al contrario que sus compañeros, decidió meterse en la boca del lobo y estuvo trabajando en la Alemania nazi hasta 1944. Volvemos a encontrárnosla a partir de 1950 trabajando para la DEFA, en Alemania oriental.

W. de Francisco, guionista de otras películas en las que interviene Pollatschik –como El malvado Carabel (Edgar Neville, 1935)-, es en realidad Franz Winterstein, quien había firmado algunos guiones en Alemania antes de llegar a España. Durante la Guerra Civil lo encontramos trabajando en Suecia y Dinamarca, antes de reaparecer en España con su verdadero nombre como codirector del largometraje de animación Los sueños de Tay-Pi (José María Blay y Franz Winterstein, 1951). Con motivo del incendio de los estudios Orphea Film un cronista de La Vanguardia aboceta con gran expresividad su figura en los tiempos de Ulargui:
Profesor guionístico de Manuel Tamayo, Franz se declaraba alemán por la mañana, por la tarde austriaco y de noche checo. Tenía para el vino una capacidad de odre y era un virtuoso de la linterna mágica. [Ero: “La calle y su mundo: El taller destruido”, en La Vanguardia Española, 5 de mayo de 1962. pág. 20.]

He dejado para el final el caso más extraordinario de mutación, el de Paul Weinschenk. Hace unas semanas se puso en contacto con este rincón Eduardo Montes-Bradley, que prepara un documental que se intuye apasionante sobre este prolífico director de fotografía radicado en Argentina desde 1938 con el nombre de Pablo Tabernero. La documentación indica su vinculación a los equipos de Doña Francisquita y de otras películas del grupo, aunque por su juventud quedara excluido de la mayoría de los títulos de crédito de las producciones en que intervino en España.

Más adelante, una vez iniciada la guerra su nombre se reproduce con errores como P. Wescheuk, se reduce —acaso por prudencia— a "Pablo Willy" e, incluso, a "Pablo" a secas, con los que figura en Fury over Spain, en las dos primeras entregas de Aguiluchos de la FAI, y en El último minuto, reprotajes realizados por el Sindicato de Espectáculos anarquista en Barcelona durante 1936.

Sus trabajos para Ibérica Films e Inca Films en equipos de cámara comandados habitualmente por Willy Goldberger o Roberto Torres no quedan acreditados. Sin embargo, sí que figura como ayudante de cámara en La farándula (Antonio Momplet, 1936), una producción azarosa que se interrumpió varias veces antes de la Guerra Civil, cuyos directores de fotografía son Adolf Schlasy y Tomás Duch. También aparece como operador de cámara en otra película de Momplet Hombres contra hombres (1935). En ésta, rodada en los estudios Orphea de Barcelona en el verano de 1935, el director de fotografía fue Maurice Guillermin.

Durante su carrera en Argentina colaboró con Benito Perojo, del que apunta Gubern:
Es interesante constatar el significativo número de técnicos alemanes, fugitivos la mayoría del nazismo, que Perojo utilizó con reiteración en su producción argentina: el montador Kurt Land, el maquillador Luis Lang y los operadores Heinrich Walfisch y Pablo Tabernero, quien se había limitado a traducir su apellido alemán al castellano. Walfisch había trabajado ya como operador en el cine español —en Los claveles (1935), de Santiago Otañón— antes de emigrar a Argentina. Los cuatro técnicos citados iniciaron su colaboración con Perojo en Stella y los dos operadores alemanes se lucieron en su uso insistente del claroscuro fotográfico para expresar las tensiones psicológicas de la protagonista y el cerco al que la someten las presiones de los familiares. Su estilo germano-americano resultó muy funcional para la atmósfera cargada de un melodrama de época. [Román Gubern: Benito Perojo, pionerismo y supervivencia. Madrid, Filmoteca Española, 1994. Pág. 378.]
Esperamos el documental con ansia mal contenida. Entretanto, en España, la aportación del logroñés Saturnino Ulargui a nuestra cinematografía sigue pendiente de un estudio en profundidad.