domingo, 28 de agosto de 2016

toro bravo, la odisea de una coproducción (5)


Casta brava

No es el único intento de Itálica Films de garantizarse la recuperación de lo invertido. En septiembre de 1956 se solicita permiso para rodar en color y pantalla ancha tres cortometrajes. Estos llevarían por título Astas y garrochas, Sevilla en oración y Sevilla, sonata de siglos. El Consejo Coordinador de la Cinematografía informa favorablemente la realización de los tres títulos “con material y película virgen habidos de la película larga Casta brava” (AGA, c. 36/04770). Todos ellos están realizados por el equipo español del largometraje, cuyo enésimo cambio de título se debe a una maniobra de distracción: dirección de Viladomat, guión de Boeta, fotografía de García… Pocas semanas después, Itálica Films se desdice. Los tres cortometrajes se realizarán sin reaprovechamiento alguno de material.

Sevilla en oración es una suerte de recorrido espiritual por la ciudad hispalense desde el conjunto arquitectónico de la catedral hasta el baile de los “seises” durante las festividades del Corpus y la Inmaculada, en tanto que Sevilla, sonata de siglos supone un recorrido por los principales monumentos de la ciudad. En cambio, Astas y garrochas es una biografía del toro de lidia, de la dehesa al coso:
“Ese día, la plaza de toros oro, seda, sangre y sol brilla como una vieja onza dorada y la corrida es como un trágico ballet al cual se asoma la muerte. Pero la fiesta no se termina. Allá, en la lejana dehesa, el celoso ganadero seguirá criando toros para la continuidad de este varonil y bello juego con la muerte que es el toreo” (AGA, c. 36/03609).

Mientras los dos documentales dedicados a Sevilla son ejercicios cinematográficos de promoción turística, Astas y garrochas es como el resumen y el editorial de lo que quería ser Fiesta brava, sin la rémora argumental. Y si podemos albergar alguna duda sobre las fechas de realización de los primeros, no cabe la más mínima sobre que el último se realiza con materiales descartados del montaje por Pablo G. del Amo. Ya habian hecho algo similar César Fernández Ardavín y Hesperia Films cuando, aprovechando el metraje documental descartado de La llamada de África (1951), presentan el cortometraje Con los hombres azules (1952). Si el Servicio de Ordenación Cinematográfica estaba al tanto de esta triquiñuela o no, también es motivo de conjetura. Lo cierto es que rebaja el coste de Astas y garrochas de las 540.034,89 pesetas presupuestadas por Itálica Films a menos de la mitad. 

La copia de Casta brava presentada a la Junta de Calificación y Censura está procesada en los laboratorios barceloneses Fotofilm en material Agfacolor a partir del Ferraniacolor original. Los laboratorios GTC están especializados en el tratamiento de las emulsiones Geva y Eastmancolor. El volumen de trabajo en Ferranicolor no parece propiciar las inversiones necesarias para un correcto tratamiento de los materiales, a pesar de que en Italia ya se han realizado en 1953 dos decenas de producciones premiadas en festivales internacionales. El procesado mixto podría ser la causa de los desajustes observados en la copia. Precisamente ésta es la queja de algunos vocales de la Junta de Apreciación Cinematográfica que lo califican de “bastante malo”. Más sorprendente resulta la observación de Alberto Reig sobre la mala calidad del sonido.

La clasificación obtenida es de 1ª B. Sólo el vocal Patricio González de Canales estima que se debería considerar de Interés Nacional pues, a pesar de tildarlo de “pobre y flojo”, considera que “conviene difundir por el mundo que el caballismo, tan desarrollado en América, tiene su origen en España, donde aún se conserva la vieja tradición”.

Es decir, la reivindicación del western como género genuinamente hispano.

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