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domingo, 7 de junio de 2026

censura opusdeísta para cottafavi

El éxito mundial de Quo Vadis (Quo Vadis, Mervyn LeRoy, 1951) y The Robe (La túnica sagrada, Henry Koster, 1953), y el traslado de parte del star system hollywoodense a Cinecittà favoreció la resurrección de un cine “de romanos” que Italia había cultivado durante el silente y que Alessandro Blasetti había revalidado en 1949 con Fabiola como alternativa espectacular al neorrealismo.

Pero antes de la irrupción de la fantasía en el género por cuenta de gladiadores invencibles, forzudos sin tasa y héroes mitológicos, éste constituyó un caldo de cultivo idóneo para la producción de un cine popular que siguiera las directrices de la encíclica papal Vigilanti cura (1936), que no sólo invitaba a las organizaciones católicas a forzar la censura administrativa de las películas heterodoxas, sino que animaba a los financieros católicos a la producción de obras cinematográficas pías. El entramado, que incluía al propio Vaticano y a empresas afines, encontró un nuevo filón en las coproducciones, a las que se apuntaron compañías españolas de la órbita del Opus Dei, como Yago Films. Esclavas de Cartago / Le schiave di Caratagine (Guido Brignone, 1956) es fruto de estos tejemanejes religioso-económicos.

Prueba de que no se trata de un hecho aislado, sino de una estrategia en toda regla será que las dos coproducciones del subgénero en las que interviene Sergio Leone —Los últimos días de Pompeya / Gli ultimi giorni di Pompei (1959) y El coloso de Rodas / Il colosso di Rodi (1961)— sean coproducidas por Procusa. Esta misma empresa intervino en Goliat contra los gigantes / Goliath contro i giganti (Guido Malatesta, 1961).

De las empresas españolas que cultivaron el peplum con cierta consistencia apenas escapa a la órbita opusdeísta Atenea Films, la compañía de Natividad Zaro, partícipe en la fundación del Teatro Nacional de Falange durante la Guerra Civil y romana de adopción por su relación con el falangista Eugenio Montes. No obstante, colaborará con Estela Films en la financiación de Las legiones de Cleopatra / Le legioni di Cleopatra / Les légions de Cléopatre (Vittorio Cottafavi, 1959).

Otros proyectos del cambio de década fueron promovidos también por Procusa con la italiana Domiziana Internazionale y la alemana International Germania Film, de cuyas peculiares relaciones ya hablamos por cuenta de las coproducciones hispano-alemanas de primera hora. Reproducíamos entonces las palabras de José María Otero, productor ejecutivo de la firma española:

Productores Cinematográficos Unidos, S.A. —más conocida como PROCUSA— era una empresa formada por personas de las más diversas procedencias e ideas: Gonzalo Fernández de la Mora, Torcuato Luca de Tena, Alberto Ullastres; Eduardo de la Fuente, antiguo republicano, era el director general de Producción. [...] Aparte de que Fernando Lázaro o José María Villota fuesen del Opus Dei, este hecho no trascendía a la empresa, pertenecía al ámbito personal. Los ejecutivos teníamos cada uno nuestras opiniones y total independencia. El ambiente era absolutamente profesional y la única orientación era producir un cine internacional de calidad, y dar oportunidad a los jóvenes con cortometrajes. [José María Caparrós Lera: Cinema y vanguardismo. Documentos Cinematográficos y Cine-Club Monterols (1951-1966). Barcelona: Flor del Viento, 2000, págs. 126-127.]

El mentís es desmentido a su vez por Jorge Grau, que cuenta en su biografía cómo el padre Jesús Urtega visaba desde la sede de la Obra en Madrid cuantos proyectos pasaban por las productoras afines a la organización. [Jordi Grau: Confidencias de un director descatalogado. Madrid: Calamar Ediciones, 2014, pág. 68.] 

También nos acercamos a la complicidad con la censura oficial de Ariel, otra empresa del ámbito opusdeísta, en perjuicio de la obra de Luis G. Berlanga. A este entramado se suma la distribuidora Dipenfa Filmayer, surgida de la fusión de Distribuciones Peninsular Films con la recién creada por un consorcio en el que están Ariel, Yago, Estela y Rodas P.C. La compañía ha distribuido la trilogía en Agfacolor protagonizada por la emperatriz Sissi (Sissí, Ernst Marischka, 1955-1957) y la primera película de Walt Disney en CinemaScope, Lady and the Tramp (La dama y el vagabundo, Clyde Geronimi, Wilfred Jackson y Hamilton Luske, 1955), así que ya vemos por dónde van los tiros.

Hoy me gustaría profundizar un poco en la censura industrial —¿o ideológica?— que, desde la propia productora y desde la distribuidora, y no desde la Administración, se ejerció sobre Los cien caballeros / I cento cavalieri / Die hundert Ritter (1964), la última película de Vittorio Cottafavi.

La cinta se rueda en España, en Techniscope, durante el verano de 1964 y el 29 de diciembre se presenta a censura en Italia. La Direzione Generale dello Spettacolo le otorga el nihil obstat en los primeros días de 1965 con un metraje autorizado de 3.200 metros; aproximadamente 115 minutos. En Roma se estrena el 21 de mayo de 1965. Escribe entonces Adriano Aprà...

Aunque Los cien caballeros es otra película de aventuras como las que el público ha apreciado en el pasado, Cottafavi no ha olvidado los recursos dramáticos brechtianos de su trabajo televisivo: ha subrayado la peculiar estructura de la película, con su constante alternancia entre escenas cómicas y dramáticas, entre aventuras e ideología. Hacia el final, cuando las dos facciones rivales (los árabes y los españoles) se enfrentan al aire libre, Cottafavi rechaza la tradición del cine de aventuras que espera que el público participe en la batalla como entusiasta partidario de los buenos. Y lo ha hecho simplemente eliminando el color: lo único que queda es una confusa sucesión de cadáveres y matanzas que coloca al espectador en una posición distante, permitiéndole contemplar la guerra como un mal, aunque, por el momento, sea un mal necesario. Con el regreso del color, sigue una escena magnífica, dominada por el amarillo de las espigas que los españoles (ahora en paz) cosechan. La concisión de este pasaje de transición pone de relieve el nexo lógico que une las dos secuencias: la guerra es una masacre (blanco/negro), pero ha conducido a la paz (color). Sin embargo, esta conexión entre imaginario e ideología no constituye una parte integral de la película. A lo largo del metraje de Los cien caballeros uno siente que el debate ideológico se superpone a la peripecia pictórica, como si Cottafavi hubiera hecho un intento experimental de resucitar el género. [Adriano Aprà, en Movie, núm. 13, verano de 1965, pág. 42.]

El 20 de marzo de 1965, pasa por la Junta de Clasificación y Censura española y obtiene la mejor clasificación posible: Primera A. Pero su exhibición queda restringida a los espectadores mayores de catorce años. Fernando Lázaro Romeo, director-gerente de Procusa, interpone un recurso en el que desarrolla la siguiente argumentación:

La película en cuestión se limita aparentemente a desarrollar las clásicas luchas entre buenos y malos, similares a las de otras producciones clasificadas como aptas para todos los públicos; la trama amorosa que se desarrolla en la misma es ingenua y limpia, y en cuanto a las escenas de torturas están efectuadas con humor y con un contrapunto irónico, de forma que creemos no pueden perjudicar la formación moral de los espectadores menores de catorce años.
Por otra parte, este contrapunto irónico y la carencia de toda sugestión hipnótica, de la que tanto se han lamentado los sicólogos de cine [sic], desaparece en buena parte en este film. Igualmente creemos que los valores morales que contiene esta película en cuanto a justificación de una coexistencia pacífica, valoración del espíritu cristiano y condena de la guerra pueden ser, dado el tratamiento crítico y humorístico, adecuados para la formación de todos los públicos.

Pero lo interesante viene después, como una especie de coda, antes de solicitar formalmente la revisión de la clasificación por edades...

De todas formas, si la referida Junta estimase que algunas escenas de la película no conviene sean vistas por los menores de catorce años, la Productora que represento estaría dispuesta a suprimir las que el superior criterio de dicha Junta estimase perjudiciales o nocivas. [Archivo General de la Administración, caja 36/04133.]

El recurso no encuentra el eco buscado porque la película ha sido autorizada “sin adaptaciones”; hablando en plata: sin cortes. Pero la maldición ya ha caído sobre ella. Cuatro meses más tarde Dipenfa Filmayer, la distribuidora del consorcio opusdeísta, solicita realizar cortes de cara al estreno “por necesidades de tiempo y comercialidad”. Algo parecido han debido pensar en Alemania, donde se ha presentado una versión de 88 minutos. ¿Es la misma que se ha estrenado en algunos cines de Italia, con la batalla íntegramente en color para evitar efectos distanciadores? ¿O los cortes van por barrios?

El 9 de agosto, Juan Ignacio de Blas contesta a la distribuidora y comunica a la Dirección General de Cine en nombre de Procusa, que la productora autoriza los cortes propuestos. Casi dos horas de película parecen excesivas a los distribuidores, que se disponen a amputar media hora, como han hecho en algunas ciudades de Italia con el consiguiente escándalo. Llueve sobre mojado. La respuesta de Vittorio Cottafavi y de José María Otero no se hace esperar. Éste escribe a Florentino Soria, subdirector general de Cinematografía, en su condición de coguionista y no como integrante de Procusa, para que vele por la integridad de la obra: “Considero que estos cortes deforman totalmente el significado y el valor del film e intentan convertirlo en una simple historia de Maciste”. Mientras tanto, Cottafavi dirige desde Roma un telegrama a José María García Escudero, el director general:

señor director solicito su autorizada intervención para proteger la integridad de mi última película los cien caballeros que el distribuidor dipenfa pretende cortar en sus partes más significativas y morales deformando totalmente el significado de la obra stop mi agradecimiento al cine español que me ha permitido hacer una película que considero la mejor de mi carrera será ilimitado si la protege de manipulaciones que me obligarían a eliminen mi nombre de los títulos y a protestar a través de la prensa stop reciba señor director desde ahora mismo mi profundo reconocimiento y reciba los más respetuosos saludos de su affmo vittorio cottafavi [ibidem, traducción propia]

Hasta donde se nos alcanza, las protestas y amenazas surtieron efecto y la obra pudo estrenarse íntegra en España, a pesar de la disposición de Procusa a meterle la tijera a una película cuyo tratamiento brechtiano resultaba incómodo para quienes no querían más que una cinta de aventuras, con decorados suntuosos en Techniscope y una realización correcta. Harto de estas batallas inanes, Cottafavi se refugia a partir de entonces en la televisión. [Adriano Aprà, Giulio Bursi y Simone Starace (eds.): Ai poeti non si spara. Vittorio Cottafavi tra cinema e televisione. Bolonia: Cineteca di Bologna, 2011.]

domingo, 19 de abril de 2026

la era del techniscope: cine de género europeo

En 1954, el CinemaScope de 20th Century Fox y el VistaVision de Paramount implantaron la pantalla ancha en las salas de cine de todo el mundo. The Robe (La túnica sagrada, Henry Koster, 1953) y White Christmas (Navidades Blancas, Michael Curtiz, 1954) fueron sus respectivas tarjetas de presentación.

La proporción ampliada —casi el doble que la utilizada para el formato académico— se lograba en el CinemaScope mediante el rodaje con objetivos anamórficos impresionando la imagen comprimida en un fotograma de 35mm, con cuatro perforaciones, en tanto que en las cámaras preparadas para rodar en VistaVision el negativo de 35mm corría horizontalmente y cada fotograma abarcaba ocho perforaciones. La palma del derroche y la espectacularidad se la llevaba el Cinerama, con tres cámaras rodando simultáneamente y tres proyectores para recomponer la imagen en una pantalla gigantesca y curvada. Conforme a estas tres técnicas —anamorfización, gran formato o proyección múltiple— se desarrollaron todas las variantes de la pantalla ancha.

La rápida renovación de las salas —pantallas, sistemas de sonido, objetivos para los proyectores...— y el atractivo espectacular para el gran público en un momento en que la competencia con la televisión era encarnizada en Estados Unidos, llevó a franceses e italianos a crear un puñado de sistemas anamórficos —Cinépanoramic, Dyaliscope, Totalscope...—, mucho más económicos y amortizables en el boyante mercado de las coproducciones. Pero ninguno tan asequible como el Techniscope 2P.

Tal fue su popularidad que el cine de género europeo de la década de los sesenta —la Edad de Oro de las coproducciones— es sinónimo de pantalla ancha por Techniscope. Se trataba de un sistema harto económico que permitía ahorrar la mitad del negativo al capturar la imagen a 24 fps sin compresión anamórfica en la mitad de un fotograma estándar —dos perforaciones en lugar de cuatro, de ahí la denominación abreviada 2P—, realizando la conversión anamórfica directamente en el tiraje de copias o duplicados. Es decir, el Techniscope era una tecnología de producción, pero no de exhibición.

A principios de 1963 técnicos italianos y estadounidenses presentan en el laboratorio Technicolor Italiana el procedimiento denominado “Technicolor-Techniscope 2”. En este momento está suficientemente perfeccionado como para empezar la producción masiva. Ese mismo año se estrena en Italia Ieri, oggi, domani (Ayer, hoy y mañana, Vittorio De Sica, 1963), carta de presentación del nuevo procedimiento.

Ieri, oggi, domani (Vittorio De Sica, 1963)

En el territorio de la coproducción irán llegando a las pantallas españolas: Sandokán, el magnífico / Sandokan, la tigre di Mompracem / Sandokan, le tigre de Borneo (Umberto Lenzi, 1963); Pedro el Cruel / Sfida al re di Castiglia (Ferdinando Baldi, 1963) —no aparece acreditado el sistema anamórfico en los créditos de las copias españolas, sí en las italianas—; y la loquísima Loca juventud / Questa pazza, pazza, pazza gioventù / Le Petit gondolier (Manuel Mur Oti, 1964), en la que Joselito, “el ruiseñor de las cumbres”, está en un tris de alistarse en las filas de la delincuencia juvenil romana.

1964 es el año de la eclosión... Peplums de última hora El triunfo de los diez gladiadores / Il trionfo dei dieci gladiatori / Le Triomphe des dix mercenaires (Nick Nostro, 1964) y Espartaco y los diez gladiadores / Gli invincibili dieci gladiatori / Spartacus et les dix gladiateurs (Nick Nostro, 1964), cofinanciados por la casa barcelonesa Balcázar—, porque precisamente en este año fija Rafael de España [De héroes y dioses: 50 películas sobre la antigüedad. Barcelona: Editorial UOC, 2017, págs, 22-23] el ocaso del género, por agotamiento del filón y por la irrupción del spaghetti western como género preferido por el público...

Películas históricas o de aventuras en tiempos pasados: Los cien caballeros / I cento cavalieri / Die hundert Ritter (Vittorio Cottafavi, 1964), Piratas de la Malasia / I pirati della Malesia / Pirates de Malaïsie (Umberto Lenzi, 1964) —continuación de Sandokán, el magnífico, de nuevo con Steve Reeves en el papel titular—, Tres sargentos bengalíes / I tre sergenti del Bengala (Umberto Lenzi, 1964), Hércules contra los hijos del sol / Ercole contro i figli del sole (Osvaldo Civirani, 1964), Soraya, reina del desierto / Anthar l'invincibile / Marchands d'esclaves (Antonio Margheriti, 1964)...
 
Dramas turístico-existencialistas o de intriga circense: Donde tú estés / Un amore e un addio / Le desir (Germán Lorente, 1964), Abajo espera la muerte / Delitto d'amore (Juan de Orduña, 1964). Musicales juveniles: Dos chicas locas locas (Pedro Lazaga, 1964)... 
 
Y westerns, un puñado de westerns: Pistoleros de Arizona / 5.000 dollari sull'asso / Die Gejagten der Sierra Nevada (Alfonso Balcázar, 1964), Oeste Nevada Joe / La sfida degli implacabili (Ignacio F. Iquino, 1964), Oklahoma John / Il ranch degli spietati / Oklahoma John (Jaime J. Balcázar, 1964), El último mohicano / Der letzte Mohikaner / La valle della ombre rosse (Harald Reinl, 1964)... Pero el título que lo va a poner todo patas arriba ese año en lo tocante al Techniscope es Por un puñado de dólares / Per un pugno di dollari / Für eine Handvoll Dollar (Sergio Leone, 1964).

Las películas rodadas con objetivos anamórficos franceses e italianos, que copaban la producción con participación española, van a resultar residuales a partir de entonces. Hasta principios de los años ochenta se ruedan casi cuatrocientas producciones en Techniscope en las que por alguna parte se cuela la nacionalidad española. Unas quince en 1964, cifra que se duplica al año siguiente y casi se triplica en 1966, con medio centenar de títulos. Cuarenta en 1967, treinta en 1968, veinticuatro en 1969, treinta y tres en 1970, treinta y cinco en 1971, veintitrés en 1972, otras tantas en 1973. Entre 1974 y 1976, apenas una decena por año. 

Ante cifras tan apabullantes, si queremos realizar un mero censo de títulos deberemos ceñirnos a alguna taxonomía. Dado que de cine popular se trata, he pensado que la compartimentación genérica —subgenérica si se quiere— puede resultar adecuada, así que a partir de la semana que viene irán compareciendo por aquí los títulos rodados en Techniscope adscribibles al western mediterráneo, el cine de superagentes, la comedia, el giallo o el fantaterror. No espere el lector grandes disquisiciones sobre puesta en escena o cambalaches económico-administrativos; poco más hallará que un listado de títulos, eso sí tan rigurosamente documentado como ha sido posible. Las propias películas —como no podía ser de otro modo— en sus diferentes versiones, los listados de producciones en pantalla ancha, la cartelería, los catálogos y la prensa han sido las principales fuentes de información.

Dejo aquí constancia de que el detonante de este recorrido fue un trabajo de otra naturaleza realizado en 2024 para Filmoteca Española y Filmoteca de Catalunya, y parte de la investigación llevada adelante en 2025 en Elías Querejeta Zine-Eskola en compañía de Pablo Retuerta.