domingo, 9 de julio de 2017

jerónimo mihura (10)


El guión de Manuel Tamayo y Julio Coll para la producción de Emisora Films Despertó su corazón (1949) va presentando a todos los personajes de la trama mediante una serie de secuencias encadenadas por el diálogo. Al final de cada escena un personaje alude a la circunstancia personal de otro y así da paso a la siguiente: el catarro del señor Varela (José Giner), los cuatro hijos del señor Montalvo (Eugenio Testa)… Todos ellos son empleados modestos y todos ellos cifran su felicidad en el sorteo extraordinario de Lotería, para escapar así a la tiranía del director de una empresa dedicada a la fabricación de turbinas (José Nieto), hombre inflexible que ha hecho del beneficio su religión. De este modo, Jerónimo Mihura se ajusta a un modelo narrativo —llámese institucional, clásico, hollywoodense o como se desee— que prima la transparencia de la escritura cinematográfica sin dejar de llamar la atención sobre sí misma.

Finalmente, el ingreso de Ricardo (Conrado San Martín), un joven ingeniero reducido a la miseria—al que la cámara sigue mostrándonos sólo su espalda— en las oficinas de la empresa nos devuelve a la presencia de Carmen (Margarita Andrey), secretaria de dirección, y vértice de un triángulo en el que se concitan el amor puro del joven ingeniero y la pragmática oferta de matrimonio sin amor del director. Así planteada, Despertó su corazón se ciñe al modelo de comedia romántica cultivada por Emisora Films en su primera época, un poco al modo de las adaptaciones de las novelitas de las hermanas Linares Becerra. Sin embargo, a esta estructura se le añade una pequeña intriga criminal, sin consecuencias irreparables, pero que desestabiliza la narración

Resulta que el director mantiene una relación de antiguo con la otra secretaria, Maribel (Mary Delgado). Cuando intenta cortar con ella mediante un acuerdo económico ventajoso, Maribel dispara contra él. Malherido, el director ingresa en la clínica de su hermano (Rafael Navarro), que sigue manteniendo contactos misteriosos con Maribel, a la que el director no ha querido denunciar.
Los trabajadores se hacen cargo de la fábrica, como si en una película de la etapa del Frente Popular francés nos encontráramos. El señor Montalvo descubrirá la bala incrustada en un buró del despacho y proclamará orgulloso que él es fiel lector de Simenon, como lo eran los hermanos Mihura. Es lo más lejos que llegará este giro inesperado que podría habernos conducido por caminos que Vittorio Cottafavi frecuentó más de una vez.

Pero, una vez más, la querencia es otra. Despertó su corazón es, probablemente, la más capriana de las películas de Jerónimo Mihura. Casi más que ese You Can't Take It With You (¡Vive como quieras!, Frank Capra, 1938) que constituye Mi adorado Juan (Jerónimo Mihura, 1949). Lo proclama sin ambages Ricardo en su enfrentamiento final con el director:
—He procurado tratar a los hombres como iguales a mí y a las maquinas como seres humanos. Usted, en cambio, considera a los hombres como máquinas y a las máquinas como instrumentos en su poder. Yo he pensado en la sensibilidad del deflector como si se tratase de mi propia sensibilidad. Por eso el mío funciona y el suyo no.

La confianza del viejo ingeniero (Alberto Romea) en el entusiasmo juvenil de Ricardo han supuesto el éxito de la empresa, aunque la fidelidad al director haya estado a punto de costarle la vida durante la prueba del deflector ideado por aquél. Sin embargo, la catarsis no se produce a la vista del espectador. La conversión del director en un hombre bondadoso, dispuesto a repartir una parte de los beneficios entre sus empleados y a renunciar a Carmen en virtud del amor que ella siente por Ricardo, derivan en un final feliz tan oportunista como insatisfactorio desde el punto de vista dramático.

Quizás sea éste el principal defecto de una película que, a pesar de sus buenas intenciones y del buen hacer de Jerónimo, nunca logra remontar la heterogeneidad de las tramas planteadas en el guión.

En una entrevista concedida a la revista Cámara, Jerónimo se muestra alarmado porque varios meses después de su conclusión, Siempre vuelven de madrugada y En un rincón de España ni tan siquiera se han estrenado en Madrid y Confidencia sigue inédita en Barcelona. Allí acaba de rodar Despertó su corazón —cuyo título de rodaje era Yo soy el director— y anuncia el inicio de una cinta que se pretende punto y aparte, Mi adorado Juan: “vamos a probar al público con un tipo de humor fino y distinto. A ver qué ocurre. Es la primera vez, además, que Miguel toca el tema del humor para el cine. Antes hizo cosas tristes, con policías y todo” (Cámara, núm. 157, 15 de julio de 1949).

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