domingo, 19 de abril de 2026

la era del techniscope: cine de género europeo

En 1954, el CinemaScope de 20th Century Fox y el VistaVision de Paramount implantaron la pantalla ancha en las salas de cine de todo el mundo. The Robe (La túnica sagrada, Henry Koster, 1953) y White Christmas (Navidades Blancas, Michael Curtiz, 1954) fueron sus respectivas tarjetas de presentación.

La proporción ampliada —casi el doble que la utilizada para el formato académico— se lograba en el CinemaScope mediante el rodaje con objetivos anamórficos impresionando la imagen comprimida en un fotograma de 35mm, con cuatro perforaciones, en tanto que en las cámaras preparadas para rodar en VistaVision el negativo de 35mm corría horizontalmente y cada fotograma abarcaba ocho perforaciones. La palma del derroche y la espectacularidad se la llevaba el Cinerama, con tres cámaras rodando simultáneamente y tres proyectores para recomponer la imagen en una pantalla gigantesca y curvada. Conforme a estas tres técnicas —anamorfización, gran formato o proyección múltiple— se desarrollaron todas las variantes de la pantalla ancha.

La rápida renovación de las salas —pantallas, sistemas de sonido, objetivos para los proyectores...— y el atractivo espectacular para el gran público en un momento en que la competencia con la televisión era encarnizada en Estados Unidos, llevó a franceses e italianos a crear un puñado de sistemas anamórficos —Cinépanoramic, Dyaliscope, Totalscope...—, mucho más económicos y amortizables en el boyante mercado de las coproducciones. Pero ninguno tan asequible como el Techniscope 2P.

Tal fue su popularidad que el cine de género europeo de la década de los sesenta —la Edad de Oro de las coproducciones— es sinónimo de pantalla ancha por Techniscope. Se trataba de un sistema harto económico que permitía ahorrar la mitad del negativo al capturar la imagen a 24 fps sin compresión anamórfica en la mitad de un fotograma estándar —dos perforaciones en lugar de cuatro, de ahí la denominación abreviada 2P—, realizando la conversión anamórfica directamente en el tiraje de copias o duplicados. Es decir, el Techniscope era una tecnología de producción, pero no de exhibición.

A principios de 1963 técnicos italianos y estadounidenses presentan en el laboratorio Technicolor Italiana el procedimiento denominado “Technicolor-Techniscope 2”. En este momento está suficientemente perfeccionado como para empezar la producción masiva. Ese mismo año se estrena en Italia Ieri, oggi, domani (Ayer, hoy y mañana, Vittorio De Sica, 1963), carta de presentación del nuevo procedimiento.

Ieri, oggi, domani (Vittorio De Sica, 1963)

En el territorio de la coproducción irán llegando a las pantallas españolas: Sandokán, el magnífico / Sandokan, la tigre di Mompracem / Sandokan, le tigre de Borneo (Umberto Lenzi, 1963); Pedro el Cruel / Sfida al re di Castiglia (Ferdinando Baldi, 1963) —no aparece acreditado el sistema anamórfico en los créditos de las copias españolas, sí en las italianas—; y la loquísima Loca juventud / Questa pazza, pazza, pazza gioventù / Le Petit gondolier (Manuel Mur Oti, 1964), en la que Joselito, “el ruiseñor de las cumbres”, está en un tris de alistarse en las filas de la delincuencia juvenil romana.

1964 es el año de la eclosión... Peplums de última hora El triunfo de los diez gladiadores / Il trionfo dei dieci gladiatori / Le Triomphe des dix mercenaires (Nick Nostro, 1964) y Espartaco y los diez gladiadores / Gli invincibili dieci gladiatori / Spartacus et les dix gladiateurs (Nick Nostro, 1964), cofinanciados por la casa barcelonesa Balcázar—, porque precisamente en este año fija Rafael de España [De héroes y dioses: 50 películas sobre la antigüedad. Barcelona: Editorial UOC, 2017, págs, 22-23] el ocaso del género, por agotamiento del filón y por la irrupción del spaghetti western como género preferido por el público...

Películas históricas o de aventuras en tiempos pasados: Los cien caballeros / I cento cavalieri / Die hundert Ritter (Vittorio Cottafavi, 1964), Piratas de la Malasia / I pirati della Malesia / Pirates de Malaïsie (Umberto Lenzi, 1964) —continuación de Sandokán, el magnífico, de nuevo con Steve Reeves en el papel titular—, Tres sargentos bengalíes / I tre sergenti del Bengala (Umberto Lenzi, 1964), Hércules contra los hijos del sol / Ercole contro i figli del sole (Osvaldo Civirani, 1964), Soraya, reina del desierto / Anthar l'invincibile / Marchands d'esclaves (Antonio Margheriti, 1964)...
 
Dramas turístico-existencialistas o de intriga circense: Donde tú estés / Un amore e un addio / Le desir (Germán Lorente, 1964), Abajo espera la muerte / Delitto d'amore (Juan de Orduña, 1964). Musicales juveniles: Dos chicas locas locas (Pedro Lazaga, 1964)... Y westerns, un puñado de westerns: Pistoleros de Arizona / 5.000 dollari sull'asso / Die Gejagten der Sierra Nevada (Alfonso Balcázar, 1964), Oeste Nevada Joe / La sfida degli implacabili (Ignacio F. Iquino, 1964), Oklahoma John / Il ranch degli spietati / Oklahoma John (Jaime J. Balcázar, 1964), El último mohicano / Der letzte Mohikaner / La valle della ombre rosse (Harald Reinl, 1964)...  
 
Pero el título que lo va a poner todo patas arriba ese año en lo tocante al Techniscope es Por un puñado de dólares / Per un pugno di dollari / Für eine Handvoll Dollar (Sergio Leone, 1964).

Por un puñado de dólares / Per un pugno di dollari / Für eine Handvoll Dollar (Sergio Leone, 1964) 

Las películas rodadas con objetivos anamórficos franceses e italianos, que copaban la producción con participación española, van a resultar residuales a partir de entonces. Hasta principios de los años ochenta se ruedan casi cuatrocientas producciones en Techniscope en las que por alguna parte se cuela la nacionalidad española. Unas quince en 1964, cifra que se duplica al año siguiente y casi se triplica en 1966, con medio centenar de títulos. Cuarenta en 1967, treinta en 1968, veinticuatro en 1969, treinta y tres en 1970, treinta y cinco en 1971, veintitrés en 1972, otras tantas en 1973. Entre 1974 y 1976, apenas una decena por año. 

Ante cifras tan apabullantes, si queremos realizar un mero censo de títulos deberemos ceñirnos a alguna taxonomía. Dado que de cine popular se trata, he pensado que la compartimentación genérica —subgenérica si se quiere— puede resultar adecuada, así que a partir de la semana que viene irán compareciendo por aquí los títulos rodados en Techniscope adscribibles al western mediterráneo, el cine de superagentes, la comedia, el giallo o el fantaterror. No espere el lector grandes disquisiciones sobre puesta en escena o cambalaches económico-administrativos; poco más hallará que un listado de títulos, eso sí tan rigurosamente documentado como ha sido posible. Las propias películas —como no podía ser de otro modo— en sus diferentes versiones, los listados de producciones en pantalla ancha, la cartelería, los catálogos y la prensa han sido las principales fuentes de información.

Dejo aquí constancia de que el detonante de este recorrido fue un trabajo de otra naturaleza realizado en 2024 para Filmoteca Española y Filmoteca de Catalunya, y parte de la investigación llevada adelante en 2025 en Elías Querejeta Zine-Eskola en compañía de Pablo Retuerta.

domingo, 12 de abril de 2026

neville vuelve de hollywood (y se encuentra con rosario pi)

La primera versión de este texto se publicó en noviembre de 2022 en el blog Un bigote para dos

Yo quiero que me lleven a Hollywood (Edgar Neville, 1932) es un mediometraje con ínfulas de largo rodado a empellones por la iniciativa intermitente de la empresaria y pionera de la dirección cinematográfica femenina en España, Rosario Pi. Película de debuts –la productora Star Films, Neville como director en España-, en ella hacen sus primeras apariciones en la pantalla el barman Perico Chicote y el dibujante Enrique Herreros, compañero de Neville en La Codorniz y director de dos películas memorables en la siguiente década, que realiza entonces la publicidad de Filmófono y tiene su estudio en el local utilizado como improvisado plató.

De la película se conservan la partitura –la canción se hizo al parecer bastante popular- y unas curiosas imágenes de su rodaje en el Palacio de la Prensa, en las que aparece el charlista Federico García Sanchiz rodeado por un grupo de bellas aspirantes a estrellas.

Por eso tiene especial valor la reseña de un crítico de excepción: Carlos Morla Lynch. Morla fue el encargado de Negocios de la embajada de la embajada de Chile en España desde 1928. Procedía de París, donde alternaba los ambientes diplomáticos con los artísticos y mantuvo amistad con Jean Cocteau, André Gide o Darius Milhaud. En España intima con todo el poeterío del 27, con especial querencia por Federico García Lorca, Luis Cernuda y Manuel Altolaguierre. Pero también se relaciona con la "intelectualidad" alegre y sofisticada de la época, donde caben Agustín de Figueroa o el propio Neville.

El 21 de junio de 1932 anota en su diario:

Hemos ido a ver en días pasados, con Federico e Isabel Dato, su film -Yo quiero que me lleven a Hollywood-, en el que actúa Santiago Ontañón. Es admirable si se consideran los escasos elementos con que ha contado para realizarlo. Pero tiene un ambiente norteamericano que le resta originalidad. Santiago Ontañón está incomparable en el papel de "jefe de Casa de Modas para caballeros". Exposición de calzones en combinación con camisetas de una comicidad irresistible. Los períodos en que figura nuestro amigo son los mejores de la película, y, precisamente, los que no han ocasionado gastos crecidos. Las escenas que han exigido inversiones importantes de dinero son, en cambio, las menos bien logradas. Para que puedan surtir efecto esas fastuosas concepciones estilo Folies Bergères es indispensable desplegar un lujo extraordinario, aplastante, imposible de realizar si no se cuenta con medios suficientes para hacerlo. Han triunfado allí donde no ha sido necesario invertir muchas pesetas, allí donde se ha impuesto Edgar Neville con su ingenio y Ontañón con su gracia espontánea. [Carlos Morla Lynch: En España con Federico García Lorca. Sevilla: Renacimiento, 2008, pág. 271.]

El fin de fiesta, en casa de los Morla, con Gustavo Pittaluga, Lorca, Ontañón, Neville y, su mujer, Ángeles Rubio Argüelles, a la que el diplomático llama "la condesita" y de la que dice que "tiene la mar de gracia y un esprit muy femenino".

La Nación, 23 de junio de 1932

Otra de las críticas más perspicaces de la cinta fue la escrita por Sebastià Gasch, que también incide en la hilaridad que provoca el pase de modelos:

Este filme es un puro pretexto para exhibir, vestidas y desvestidas, de cara y de perfil, las señoritas ganadoras. se trata, pues, de una especie de revista, cuyas escenas desnudas tienen ninguna relación, o casi ninguna, entre ellas. Ahora que, desde el punto de vista de realización, este filme es del mejorcito que nos ha dado hasta ahora la cinematografía española. Se observa una movilidad de la cámara, una multiplicidad de ángulos, una fotografía excelente, en general, una inteligencia que los filmes españoles no habían sabido todavía demostrarnos.
Todos los elementos que intervienen en la confección de la película han sido elegidos con evidente preocupación por la fotogenia. Todos los elementos elegidos son netamente fotogénicos: muebles metálicos, mostradores de bar, cocteleras en primerísimo plano, muslos de chicas con brillos de níquel... Pero si cada imagen es un pequeño poema fotogénico, la sucesión de estas imágenes no debe sabido encontrar el ritmo capaz de ordenarla, y el filme se resiente de cierta carencia de ligazón.
El guión tiene hallazgos cómicos conseguidísimos. Se ve que el filme ha sido dirigido por el estupendo humorista que es Edgar Neville. Daremos algunos ejemplos. Las primeras escenas nos hacen asistir a una exhibición de modelos en una casa de modas. Modelos de uniformes para personajes: obispo diplomático, ministro, etc. Todos estos grotescos individuos, adornados con indumentaria almidonada, el obispo abriéndose la capa como si fuera un abrigo de petit-gris, moviéndose todos ellos con la cadencia propia de las modelos femeninas, producen un efecto irresistible. Luego viene el desfile de modelos de ropa interior masculina: señorones imponentes, con bigotes y barbas del 1900 y calzoncillos largos, déshabillés de unos individuos que parecen haberse evadido de un anuncio de los “emplastos porosos del Dr. Winter” y otros excesos: todo ello exhalando un perfume clínico de cinéma cochon.
Hay gags sonoros remarcables, también. Prueban la voz en tres damiselas y éstas cantan, pero con voz de hombre. Y otros, todavía. Como se ve, se trata de unas chispas de humor que René Clair no se avergonzaría de firmar.
García-Sanchiz ha querido contribuir al éxito del filme con una de sus “charlas líricas”. No hay nada tan anticinematográfico como una conferencia. Pero aquí esta tara ha sido endulzada y disimulada haciendo alternar las imágenes del conferenciante, visto de cara, de espaldas y de perfil, con imágenes de la audiencia —las girls— tomadas también desde los ángulos más variados. Muy inteligente. Muy hábil, como se ve.
La presentación del filme es modernísima y de muy buen gusto. No podemos decir lo mismo de la sonorización, hecha a posteriori, que no corresponde con el movimiento de los labios y que, además, es completamente ininteligible. [Sebastià Gasch: “Kursaal: Yo quiero que me lleven a Hollywood”, en L’Opiniò, 17 de abril de 1932, pág. 6.]

Como se puede comprobar, la belleza de las aspirantes y la intervención de Federico García Sanchiz son los puntos fuertes en la promoción de la cinta. Leemos en Tararí:

Lo que es una verdadera lástima es que, para terminar las cintas, tengan que marchar al extranjero, por carecer de estudios cinematográficos capacitados en nuestra patria. 
Recordaréis que no hace mucho tiempo el gran charlista Federico García Sanchiz pasó algunos meses en la ciudad del cinema. Allí le hicieron muchas proposiciones para que interviniera en asuntos cinematográficos. Querían acaparárnosle. Pero Sanchiz, que, ante todo y sobre todo, es español, le hizo un saludo muy cordial y marchó, sin que consiguieran sus propósitos. Ahora, en España, sin remuneración de ninguna clase, sólo por el amor a su tierra, y pensando en la creación de la industria cinematográfica en España, no ha titubeado un solo momento, y se ha ofrecido a Neville y a Star Film y a toda la afición cinematográfica, trabajando en Yo quiero que me lleven a Hollywood.
Federico García Sanchiz ha dado un elevado valor de esta cinta, que aunque completísima de elementos y detalles, ha ganado el alto honor de verse mezclada con un prestigio como el de este gran charlista, gloria de España. [Antonio de Salazar: "La atracción del cinema: Yo quiero que me lleven a Hollywood", en Tararí, núm. 62, 7 de abril de 1932.

La Voz de Aragón, 22 de abril de 1932

El hecho de que Neville rodara este ensayo sonoro en 1931 nos ha llevado a datar la película en dicho año, que es el que suele figurar en todas las filmografías. Pero las fechas tardías de los dos comentarios anteriores me han llevado a volver a revisar la prensa y establecer una nueva cronología. En efecto, Neville rueda en el verano de 1931 en el Ideal Rosales y en el Palacio de la Prensa, pero el metraje y la sonorización de la primera producción de Star Film, la empresa de Rosario Pi y Pedro Ladrón de Guevara con el apoyo del financiero mexicano Emilio Gutiérrez Bringas, no se termina en París hasta el mes de marzo del año siguiente. La sonorización se realiza en los estudios de Jacques de Baroncelli mediante un sistema de discos llamado Seletone. Es en este momento cuando Neville compone el chotis A Hollywood, con música del maestro Luis Patiño, que contribuye no poco a la popularidad de la película. Enriqueta Serrano lo grabará inmediatamente en disco.

Yo quiero que me lleven a Hollywood, / pretendo en la pantalla destacar. / Deseo un Barrymore que me bese / y que me paguen en dolárs. / Yo quiero pasearme en Cadillac. / Me encanta divorciarme cada mes. / Y quiero yo en las cajas de cerillas / salir también, salir también. / Yo sirvo p’al cine, / yo sirvo también, / y yo también sirvo / porque estoy fetén. / Yo tengo unas piernas, / yo tengo un perfil, / y yo tengo cosas de ferrocarril. / Porque la Garbo / ni la Bertini / tienen el garbo de servidora. / Y cuando filmo / me tambaleo, / y adopto poses de gran señora. / Y estos lunares / y estas hechuras, / que no las tiene / ni el mismito Chevalier.

El otro tema musical es el tango Maquillaje, cuyo estribillo rezaba:

Por favor, chiquilla avariciosa, / por favor, de mi ten compasión, / déjame, que tú eres insaciable / porque yo te di hasta el corazón.

Leemos entonces en el diario madrileño Ahora:

La primera copia que salió del laboratorio fue exhibida en la mañana del domingo último, en sesión privada, en una de las más importantes salas de París, con la asistencia de significados elementos profesionales de la cinematografía francesa y artistas y periodistas españoles que se encuentran en la Ciudad de la Luz, que quedaron complacidísimos de la prueba y dedicaron elogios, tanto a sus editores, Rosario Pi, Emilio Gutiérrez y Pedro Ladrón de Guevara, como a los elementos técnicos y artísticos que en ella han tomado parte.
Deseamos vivamente que el éxito alcanzado en la exhibición verificada en París se confirme ante nuestros públicos, y creemos que muy pronto podremos juzgar los méritos de esta nueva producción española, ya que, según noticias recibidas, ha de ser estrenada en breve en uno de los cines madrileños de primera categoría. ["Noticiario", en Ahora, 11 de marzo de 1932, pág. 22.]

Yo quiero que me lleven a Hollywood no se presenta en una sala madrileña, sino en Barcelona un mes más tarde, en el cine Kursaal. Y lo hace con una campaña publicitaria de altos vuelos. La entrada da derecho a jóvenes de ambos sexos entre quince y veinticinco años a participar en un concurso en el que se escogerán diez chicas y cinco chicos que participarán en el rodaje de la siguiente película de la productora, El hombre que se reía del amor (Benito Perojo, 1932). ["Concurso fotogénico", en El Día Gráfico, 6 de abril de 1932, pág. 12.] Se pone en evidencia de este modo la doble condición de Star Film: productora y agencia de representación artística al tiempo.

La película pasa después al Lido, donde continúa el concurso. Se anuncia entonces que el sistema de sonido empleado en la proyección es el autóctono Rivaton. En Madrid no se estrenará hasta el 20 de junio de 1932 y servirá para inaugurar la terraza de verano que corona el cine Callao.

Neville evitaba incluirla en su filmografía. Poca gloria podía aportarle esta película hecha de retazos que se sonorizó en París con un sistema de discos sincronizados y a la que el crítico Juan Piqueras no dudó en calificar de “pornografía” levemente encubierta. El muy pacato García Sanchiz proclamaba durante el bienio negro republicano que a él le habían engañado para que participara en aquella cinta desvergonzada. El resto de los críticos tacharon la película de inmoral o, en el mejor de los casos, de infortunada aventura en un momento en que el cine sonoro español pretendía alzar el vuelo en alas del sonido.


Yo quiero que me lleven a Hollywood (Edgar Neville, 1932)

Productora: Star Films (ES). Guión original: Edgar Neville. Fotografía: Agustín Macasoli. Decorados: Fernando Mignoni. Muebles: Rolaco. Vestuario: Lacoma, Jerome, Ángel. Música: Luis Patiño. Sonido: Sistema Seletone (postsincronizado). Intérpretes: Perlita Greco (la estrella), Federico García Sanchiz (el conferenciante), Antonio Robles (el amigo), José Martín (el maestro), Santiago Ontañón (el modisto), Julia Bilbao, Emilia Barrado, Ángeles Somavila y Julia Castillo (las aspirantes a estrellas), con la colaboración de Enrique Herreros, Perico Chicote y Manuel Vico.
Rodaje: Sótanos del edificio de la Asociación de la Prensa en Madrid, Plaza del Callao. Estreno: Barcelona: Kursaal, 9 de abril de 1932; Madrid: Callao, 20 de junio de 1932.
56 min. B/N. Postsincronizada.