La primera versión de este texto se publicó en noviembre de 2022 en el blog Un bigote para dos
Yo quiero que me lleven a Hollywood
(Edgar Neville, 1932) es un mediometraje con ínfulas de largo rodado a
empellones por la iniciativa intermitente de la empresaria y pionera de
la dirección cinematográfica femenina en España, Rosario Pi. Película de
debuts –la productora Star Films, Neville como director en España-, en
ella hacen sus primeras apariciones en la pantalla el barman Perico
Chicote y el dibujante Enrique Herreros, compañero de Neville en La Codorniz y director de dos películas memorables en la
siguiente década, que realiza entonces la publicidad de Filmófono y
tiene su estudio en el local utilizado como improvisado plató.
De
la película se conservan la partitura –la canción se hizo al parecer
bastante popular- y unas curiosas imágenes de su rodaje en el Palacio de
la Prensa, en las que aparece el charlista Federico García Sanchiz
rodeado por un grupo de bellas aspirantes a estrellas.
Por eso tiene
especial valor la reseña de un crítico de excepción: Carlos Morla Lynch.
Morla fue el encargado de Negocios de la embajada de la embajada de
Chile en España desde 1928. Procedía de París, donde alternaba los
ambientes diplomáticos con los artísticos y mantuvo amistad con Jean
Cocteau, André Gide o Darius Milhaud. En España intima con todo el
poeterío del 27, con especial querencia por Federico García Lorca, Luis
Cernuda y Manuel Altolaguierre. Pero también se relaciona con la
"intelectualidad" alegre y sofisticada de la época, donde caben Agustín
de Figueroa o el propio Neville.
El 21 de junio de 1932 anota en su diario:
Hemos ido a ver en días pasados, con Federico e Isabel Dato, su film -Yo quiero que me lleven a Hollywood-,
en el que actúa Santiago Ontañón. Es admirable si se consideran los
escasos elementos con que ha contado para realizarlo. Pero tiene un
ambiente norteamericano que le resta originalidad. Santiago Ontañón está
incomparable en el papel de "jefe de Casa de Modas para caballeros".
Exposición de calzones en combinación con camisetas de una comicidad
irresistible. Los períodos en que figura nuestro amigo son los mejores
de la película, y, precisamente, los que no han ocasionado gastos
crecidos. Las escenas que han exigido inversiones importantes de dinero
son, en cambio, las menos bien logradas. Para que puedan surtir efecto
esas fastuosas concepciones estilo Folies Bergères es indispensable
desplegar un lujo extraordinario, aplastante, imposible de realizar si
no se cuenta con medios suficientes para hacerlo. Han triunfado allí
donde no ha sido necesario invertir muchas pesetas, allí donde se ha
impuesto Edgar Neville con su ingenio y Ontañón con su gracia
espontánea. [Carlos Morla Lynch: En España con Federico García Lorca. Sevilla: Renacimiento, 2008, pág. 271.]
El
fin de fiesta, en casa de los Morla, con Gustavo Pittaluga, Lorca,
Ontañón, Neville y, su mujer, Ángeles Rubio Argüelles, a la que el
diplomático llama "la condesita" y de la que dice que "tiene la mar de
gracia y un esprit muy femenino".
La Nación, 23 de junio de 1932
Otra de las críticas más
perspicaces de la cinta fue la escrita por Sebastià Gasch, que también
incide en la hilaridad que provoca el pase de modelos:
Este
filme es un puro pretexto para exhibir, vestidas y desvestidas, de cara
y de perfil, las señoritas ganadoras. se trata, pues, de una especie de
revista, cuyas escenas desnudas tienen ninguna relación, o casi
ninguna, entre ellas. Ahora que, desde el punto de vista de realización,
este filme es del mejorcito que nos ha dado hasta ahora la
cinematografía española. Se observa una movilidad de la cámara, una
multiplicidad de ángulos, una fotografía excelente, en general, una
inteligencia que los filmes españoles no habían sabido todavía
demostrarnos.
Todos los elementos que intervienen en la confección
de la película han sido elegidos con evidente preocupación por la
fotogenia. Todos los elementos elegidos son netamente fotogénicos:
muebles metálicos, mostradores de bar, cocteleras en primerísimo plano,
muslos de chicas con brillos de níquel... Pero si cada imagen es un
pequeño poema fotogénico, la sucesión de estas imágenes no debe sabido
encontrar el ritmo capaz de ordenarla, y el filme se resiente de cierta
carencia de ligazón.
El guión tiene hallazgos cómicos
conseguidísimos. Se ve que el filme ha sido dirigido por el estupendo
humorista que es Edgar Neville. Daremos algunos ejemplos. Las primeras
escenas nos hacen asistir a una exhibición de modelos en una casa de
modas. Modelos de uniformes para personajes: obispo diplomático,
ministro, etc. Todos estos grotescos individuos, adornados con
indumentaria almidonada, el obispo abriéndose la capa como si fuera un
abrigo de petit-gris, moviéndose todos ellos con la cadencia
propia de las modelos femeninas, producen un efecto irresistible. Luego
viene el desfile de modelos de ropa interior masculina: señorones
imponentes, con bigotes y barbas del 1900 y calzoncillos largos,
déshabillés de unos individuos que parecen haberse evadido de un anuncio
de los “emplastos porosos del Dr. Winter” y otros excesos: todo ello
exhalando un perfume clínico de cinéma cochon.
Hay gags
sonoros remarcables, también. Prueban la voz en tres damiselas y éstas
cantan, pero con voz de hombre. Y otros, todavía. Como se ve, se trata
de unas chispas de humor que René Clair no se avergonzaría de firmar.
García-Sanchiz
ha querido contribuir al éxito del filme con una de sus “charlas
líricas”. No hay nada tan anticinematográfico como una conferencia.
Pero aquí esta tara ha sido endulzada y disimulada haciendo alternar las
imágenes del conferenciante, visto de cara, de espaldas y de perfil,
con imágenes de la audiencia —las girls— tomadas también desde los ángulos más variados. Muy inteligente. Muy hábil, como se ve.
La
presentación del filme es modernísima y de muy buen gusto. No podemos
decir lo mismo de la sonorización, hecha a posteriori, que no
corresponde con el movimiento de los labios y que, además, es
completamente ininteligible. [Sebastià Gasch: “Kursaal: Yo quiero que me lleven a Hollywood”, en L’Opiniò, 17 de abril de 1932, pág. 6.]
Como se puede comprobar, la belleza de las aspirantes y la intervención de Federico García Sanchiz son los puntos fuertes en la promoción de la cinta. Leemos en Tararí:
Lo que es una verdadera lástima es que, para terminar las cintas, tengan que marchar al extranjero, por carecer de estudios cinematográficos capacitados en nuestra patria.
Recordaréis que no hace mucho tiempo el gran charlista Federico García Sanchiz pasó algunos meses en la ciudad del cinema. Allí le hicieron muchas proposiciones para que interviniera en asuntos cinematográficos. Querían acaparárnosle. Pero Sanchiz, que, ante todo y sobre todo, es español, le hizo un saludo muy cordial y marchó, sin que consiguieran sus propósitos. Ahora, en España, sin remuneración de ninguna clase, sólo por el amor a su tierra, y pensando en la creación de la industria cinematográfica en España, no ha titubeado un solo momento, y se ha ofrecido a Neville y a Star Film y a toda la afición cinematográfica, trabajando en Yo quiero que me lleven a Hollywood.
Federico García Sanchiz ha dado un elevado valor de esta cinta, que aunque completísima de elementos y detalles, ha ganado el alto honor de verse mezclada con un prestigio como el de este gran charlista, gloria de España. [Antonio de Salazar: "La atracción del cinema: Yo quiero que me lleven a Hollywood", en Tararí, núm. 62, 7 de abril de 1932.

La Voz de Aragón, 22 de abril de 1932
El hecho de que Neville rodara este ensayo sonoro en 1931 nos ha
llevado a datar la película en dicho año, que es el que suele figurar en
todas las filmografías. Pero las fechas tardías de los dos comentarios anteriores me han llevado a volver a revisar la prensa y
establecer una nueva cronología. En efecto, Neville rueda en el verano
de 1931 en el Ideal Rosales y en el Palacio de la Prensa, pero el
metraje y la sonorización de la primera producción de Star Film, la
empresa de Rosario Pi y Pedro Ladrón de Guevara con el apoyo del
financiero mexicano Emilio Gutiérrez Bringas, no se termina en París hasta el mes de marzo del año
siguiente. La sonorización se realiza en los estudios de Jacques de Baroncelli mediante un sistema de discos llamado Seletone. Es en este momento cuando Neville compone el chotis A Hollywood, con música del maestro Luis Patiño, que contribuye no poco a la popularidad de la película. Enriqueta Serrano lo grabará inmediatamente en disco.
Yo quiero que me lleven a Hollywood, / pretendo en la pantalla destacar. / Deseo un Barrymore que me bese / y que me paguen en dolárs. / Yo quiero pasearme en Cadillac. / Me encanta divorciarme cada mes. / Y quiero yo en las cajas de cerillas / salir también, salir también. / Yo sirvo p’al cine, / yo sirvo también, / y yo también sirvo / porque estoy fetén. / Yo tengo unas piernas, / yo tengo un perfil, / y yo tengo cosas de ferrocarril. / Porque la Garbo / ni la Bertini / tienen el garbo de servidora. / Y cuando filmo / me tambaleo, / y adopto poses de gran señora. / Y estos lunares / y estas hechuras, / que no las tiene / ni el mismito Chevalier.
El otro tema musical es el tango Maquillaje, cuyo estribillo rezaba:
Por favor, chiquilla avariciosa, / por favor, de mi ten compasión, / déjame, que tú eres insaciable / porque yo te di hasta el corazón.
Leemos entonces en el diario madrileño Ahora:
La
primera copia que salió del laboratorio fue exhibida en la mañana del
domingo último, en sesión privada, en una de las más importantes salas
de París, con la asistencia de significados elementos profesionales de
la cinematografía francesa y artistas y periodistas españoles que se
encuentran en la Ciudad de la Luz, que quedaron complacidísimos de la
prueba y dedicaron elogios, tanto a sus editores, Rosario Pi, Emilio
Gutiérrez y Pedro Ladrón de Guevara, como a los elementos técnicos y
artísticos que en ella han tomado parte.
Deseamos vivamente que el
éxito alcanzado en la exhibición verificada en París se confirme ante
nuestros públicos, y creemos que muy pronto podremos juzgar los méritos
de esta nueva producción española, ya que, según noticias recibidas, ha
de ser estrenada en breve en uno de los cines madrileños de primera
categoría. ["Noticiario", en Ahora, 11 de marzo de 1932, pág. 22.]
Yo quiero que me lleven a Hollywood no
se presenta en una sala madrileña, sino en Barcelona un mes más tarde,
en el cine Kursaal. Y lo hace con una campaña publicitaria de altos
vuelos. La entrada da derecho a jóvenes de ambos sexos entre quince y
veinticinco años a participar en un concurso en el que se escogerán diez
chicas y cinco chicos que participarán en el rodaje de la siguiente
película de la productora, El
hombre que se reía del amor
(Benito Perojo, 1932). ["Concurso fotogénico", en El Día Gráfico,
6 de abril de 1932, pág. 12.] Se pone en evidencia de este modo la
doble condición de Star Film: productora y agencia de representación
artística al tiempo.
La
película pasa después al Lido, donde continúa el concurso. Se anuncia
entonces que el sistema de sonido empleado en la proyección es el
autóctono Rivaton. En Madrid no se estrenará hasta el 20 de junio de
1932 y servirá para inaugurar la terraza de verano que corona el cine
Callao.
Neville
evitaba incluirla en su filmografía. Poca gloria
podía aportarle esta película hecha de retazos que se sonorizó en París
con un sistema de discos sincronizados y a la que el crítico Juan
Piqueras no dudó en calificar de “pornografía” levemente encubierta. El muy pacato García Sanchiz proclamaba durante el bienio negro republicano que a él le habían engañado para que participara en aquella cinta desvergonzada. El
resto de los críticos tacharon la película de inmoral o, en el mejor
de los casos, de infortunada aventura en un momento en que el cine
sonoro español pretendía alzar el vuelo en alas del sonido.
Yo quiero que me lleven a Hollywood (Edgar Neville, 1932)
Productora:
Star Films (ES). Guión original: Edgar Neville. Fotografía: Agustín
Macasoli. Decorados: Fernando Mignoni. Muebles: Rolaco. Vestuario:
Lacoma, Jerome, Ángel. Música: Luis Patiño. Sonido: Sistema Seletone
(postsincronizado). Intérpretes: Perlita Greco (la estrella), Federico
García Sanchiz (el conferenciante), Antonio Robles (el amigo), José
Martín (el maestro), Santiago Ontañón (el modisto), Julia Bilbao, Emilia
Barrado, Ángeles Somavila y Julia Castillo (las aspirantes a estrellas), con la
colaboración de Enrique Herreros, Perico Chicote y Manuel Vico.
Rodaje:
Sótanos del edificio de la Asociación de la Prensa en Madrid, Plaza del
Callao. Estreno: Barcelona: Kursaal, 9 de abril de 1932; Madrid: Callao, 20 de junio de 1932.
56 min. B/N. Postsincronizada.