domingo, 8 de octubre de 2017

propaganda ealing en formato corto



Cuando hace algún tiempo realizamos un recorrido por la producción de Ealing Studios hicimos una excepción expresa, la de las comedias canónicas. Había otra no formulada: la producción de cortometrajes de propaganda durante la primera etapa del periodo bélico. Sólo un corto cómico protagonizado por Will Hay se coló entonces en nuestro repaso. Lo rescatamos ahora para esta nueva entrada en la que nos acercamos a una selección de la veintena de títulos en formato corto que Michael Balcon produjo entre 1939 y 1944.

Happy Family (Walter Forde, 1939), 8 min., patrocinado por el Ministerio de Trabajo
Walter Forde rueda una escenita en la que se muestra el antes y el después de una familia modelo británica en los primeros compases del conflicto. Tres generaciones que discuten sobre la nueva situación hasta que se produce el primer bombardeo, resuelto mediante un rápido montaje documental. Es entonces cuando la feliz familia británica al completo toma conciencia de que debe contribuir a la guerra alistándose en el ejército o en los múltiples servicios civiles que acogen a las mujeres y a los jubilados. El mensaje se hace explícito cuando la abuela (Eva Moore) –veterana de la Gran Guerra y metáfora de Britannia- se dirige directamente a cámara y recuerda el espectador que es asunto de cada cual proteger al país del ataque extranjero.

All Hands (John Paddy Carstairs, 1940), 11 min., patrocinado por el Ministerio de Información
John Mills, que ya intervino en Happy Family como entusiasta voluntario del cuerpo de Antiaéreos, figura como protagonista de All Hands. El cortometraje se abre con un chiste típicamente británico: un pub ofrece servicio de comidas de 10 a.m. a 8 p.m., “siempre que Hitler lo permita”. Allí comparten unos pocos minutos Joan (Leueen MacGrath) y su novio Jack (Mills), a punto de embarcarse. El aparentemente intrascendente diálogo amoroso contiene información vital suficiente como para que el enemigo bombardee el barco de Jack cuando emprende la travesía del Canal de la Mancha. El vehículo inocente de la información es una romántica camarera metomentodo (Gertrude Musgrove) que transmite los datos sin querer a l dueña del local (Annie Esmond) que trabaja en connivencia con un espía alemán (Eliot Makeham). La información pasa de manos en un cine donde se proyectan noticiarios sobre la guerra y material propagandístico, aunque sólo escuchamos la encendida narración. Otro ciudadano aparentemente inofensivo, dedicado al coleccionismo de mariposas, pasa las señales a un barco que las transmite a un submarino. La brevísima escena de la despedida de los novios en Portsmouth es realmente emotiva puesto que conocemos el destino trágico que aguarda a Jack.

Now You’re Talking (John Paddy Carstairs, 1940), 11 min., patrocinado por el Ministerio de Información
La campaña en contra del cotilleo inane que puediera servir al espionaje enemigo continúa con Nou You’re Talking, de nuevo con dirección de Castairs y con la colaboración de Basil Dearden en el libreto. El esquema es el mismo sólo que en esta ocasión la acción se traslada a un laboratorio de explosivos. Uno de los empleados (Edward Chapman) debe quedarse de guardia toda la noche y avisa a su novia Doris (Judy Campbell) de que no podrá acudir a la cita que tenían concertada. La última entrega de la serie se titulaba Dangerous Comment (John Paddy Carstairs, 1940) y situaba la acción en un ambiente de alta sociedad, para que la culpa no recayera siempre sobre representantes de la clase trabajadora.

Food for Thought (Adrian Brunel, 1940), 5 min., patrocinado por el Ministerio de Información y el Ministerio de Alimentación
El veterano Adrian Brunel, socio de Leslie Howard en Minerva Films y corresponsable de la producción de propaganda de Alexander Korda The Lion Has Wings (1939), recaló brevemente en Ealing Studios para dar sus últimos coletazos como director. Salvage with a Smile (9140) es un cortometraje sobre la importancia del reciclaje de papel y metal para la industria de Guerra y éste Food for Thought un apólogo de menos de cinco minutos en el que se deslizan algunas nociones básicas sobre el valor nutritivo de determinados alimentos en pleno racionamiento. Para ello se invita al espectador a asistir a una “charla informal” en el apócrifo Hillside Road Food Club. Durante la reunión –matronas, muchachas jóvenes, niños, ancianos… todo un muestrario del elenco que conforma la retaguardia- lleva el papel cantante Mabel Constanduros, una comedianta que se había hecho popular en la radio. La realización de Brunel resulta tan anodina que ni siquiera resulta funcional. Un plano de situación del saloncito donde se celebra el encuentro y los planos medios largos de los asistentes con panorámicas a los alimentos que tienen ante sí sirven para dar unas nociones básicas sobre los cuatro tipos básicos de alimentos, pero crecen de entidad dramática e, incluso, didáctica.

Sea Fort (Ian Dalrymple, 1940), 6 min., patrocinado por el Ministerio de Información
Ian “Dal” Dalrymple ha colaborado con Balcon desde la época de British-Gaumont, primero como montador y luego como guionista. Sin embargo, durante la contienda suele aparecer como responsable de producción de los documentales de Humphrey Jennings para la Crown Film Unit, el departamento del Ministerio de Información que absorbe a la unidad de Grierson en la GPO. Su única incursión en la producción de Ealing Studios es un estudio sobre la vida cotidiana y el valor defensivo de una fortaleza marítima, una especie de isla artificial en algún punto de la costa. El documental hace hincapié en las actividades del personal militar más ordinarias, como el servicio de biblioteca, las comidas o las funciones teatrales de aficionados. Esta directriz llega al extremo de mostrar la labor de las baterías antiaéreas como el sueño de uno de los soldados mientras sus compañeros juegan a las cartas.

Yellow Caesar (Alberto Cavalcanti, 1941)
A finales de 1940, después de varios desencuentros por la falta de apoyo que el Ministerio de Información ha demostrado hacia los largometrajes de propaganda bélica de Ealing Studios, Michael Balcon decide reclutar a Alberto Cavalcanti, responsable artístico de la producción de la unidad cinematográfica de la General Post Office (GPO), baluarte del documentalismo británico. Sus primeros frutos son Young Veterans (1940) y Mastery of the Sea (1940), pero la pieza que marca auténticamente la diferencia es Yellow Caesar, una sátira despiadada del fascismo y de su líder, Benito Mussolini. Cavalcanti recurre al material de archivo y se dedica a manipularlo, a hacerlo dialogar con películas de ficción y con sketches brutales que intentan desvelar la auténtica naturaleza del fascismo. Desde su poca aptitud para los estudios hasta la Marcha hacia Roma, pasando por las etapas de desertor del ejército y agitador político en Suiza, el corto traza un retrato inmisericorde del ascenso al poder del Duce. Su personalismo, su grandilocuencia, su populismo… Todo queda ridiculizado por el comentario irónico, la introducción de música ad hoc, la inversión de la marcha de la película… En el segundo tramo, las sucesivas campañas militares en las que se embarca Italia contra países de casi inexistente fuerzas de combate, como Etiopia, Albania o Grecia o su intervención en la Guerra Civil Española –de la que se destaca el vergonzoso episodio de la batalla de Guadalajara- queda puntuado por una locutora de radio, quien, en tono triunfalista, proclama que se trata del día más grande en la historia del imperio, que el supuesto enemigo ha mancillado la bandera italiana y que las madres pueden estar orgullosas de enviar a sus hijos al combate. Esta auténtica pieza de cine de combate no fue demasiado bien entendida por Balcon –que abortó esta vía inmediatamente- y recibió un trato tibio por parte de una prensa que veía con prevención tal exaltación latina en abierta contradicción con la tradicional flema británica. Sería por eso que The Times lo acusó de "falta de sutileza". Adrian Brunel figura como responsable de algunas escenas adicionales, el comentario corre a cargo del periodista Michael Frank y el creativo montaje va firmado por Charles Cichton.

Go To Blazes (Walter Forde, 1942), 9 min., patrocinado por el Ministerio de Información
La incorporación al equipo de Alberto Cavalcanti y Harry Watt supuso el definitivo impulso a este tipo de producciones. Sin embargo, Go To Blazes sigue otro camino. Michael Balcon pone al servicio del Ministerio de Información a uno de sus cómicos más populares, Will Hay, para que imparta un breve curso sobre el protocolo a seguir en el caso de que una bomba incendiaria alemana caiga en tu domicilio. Hay encarna al pomposo patán de siempre, que debe impartir una conferencia con el asunto pero que resulta un perfecto inútil. De las viñetas que ocupan la primera parte del metraje, la mejor es aquélla en la que el artefacto cae en el techo y va cayendo de piso en piso hasta que Hay consigue –por casualidad, claro- neutralizarla en el sótano. Durante la segunda parte, serán su mujer y su hija quienes le demuestren cómo actuar en un caso real sin dejarse llevar por el pánico. Aunque en los títulos de crédito la cinta aparece atribuida a Walter Forde, éste no recordaba haber intervenido en ella, y los historiadores se decantan por la autoría del propio Hay con el apoyo, en todo caso, de Dearden.

Did You Ever See a Dream Talking? (Basil Dearden, 1943), 6 min., patrocinado por el Comité Nacional de Ahorro
La propaganda bélica está tan integrada en la producción de largometrajes de ficción de Ealing Studios a finales de 1942 que resulta ocioso seguir con esta línea. No obstante, Balcon aprovecha la popularidad de algunos de los comediantes de la casa para producir cortometrajes como el ya mencionado Go To Blazes, Save Your Shillings and Smile (Harry Watt, 1943), protagonizado por Tommy Trinder, o este Did You Ever See a Dream Talking en el que Dearden dirige a Claude Hulbert y Enid Trevor. La peliculita presenta el sueño etílico del soldado Claud, quien apenas dormido, recibe la visita de un ángel y un diablo (también Hulbert). El primero hace el elogio del ahorro y el segundo del manirrotismo. Aparte de este aspecto fantástico-cotidiano, resulta destacable una secuencia con maquetas de aviones que deben volar sin colas o con una sola ala por culpa del despilfarro del protagonista. Como el previo The Sky’s the Limit (Alberto Cavalcanti, 1943), el objetivo era promocionar la recaudación de fondos mediante bonos de guerra para financiar a la RAF.



La mayoría de los cortos aquí reseñados están disponibles de forma gratuita en BFIPlayer: https://player.bfi.org.uk/free

 Addenda del 30/08/2018

Falklands: The Story (1948) 9 min., patrocinado por la Colonial Office y la Central Office of Information
Aunque en los títulos de crédito figura como una producción de Editorial Film Productions, este cortometraje de propaganda fue el resultado de los trabajos preparatorios de Ealing Studios para el rodaje de Scott of the Antarctic (Charles Frend, 1948), puesto que en los archivos de Ealing se conserva correspondencia con la Colonial Office sobre este proyecto desde 1945 y el director de fotografía de la gran apuesta épica de Michael Balcon es Osmond Borrodaile, que comparte crédito aquí con el montador Jim Mellor, responsable de la compaginación de otras producciones de la Central Office of Information. Las entidades oficiales se habrían encargado del transporte y los permisos en tanto que los Ealing Studios habrían corrido con los gastos de equipo y material cinematográfico. El resultado fueron un número indeterminadom de metros impresionados con los que se realizó este montaje de poco más de nueve minutos en el que se reivindica la labor de la corona británica en las Islas Malvinas y se justifica su presencia en el Antártico en detrimento de las reclamaciones de Chile y Argentina. El momento no puede ser más oportuno porque en 1948 crece la tensión militar en la zona al tiempo que las tres naciones reclaman el dominio de las islas. Además de los espectaculares paisajes polares y la fauna local, como siempre en las películas de Ealing Studios se hace especial hincapié en la vida cotidiana de los hombres que allí viven: voluntarios que pasan entre dieciocho y treinta meses en las bases allí establecidas, dedicadas a la investigación geológica y meteorológica.

La película se puede ver gratuitamente en el portal Colinal Film: www.colonialfilm.org.uk/

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