domingo, 11 de octubre de 2020

rojo crimen


Escapado de la disciplina y penurias de las producciones de Iquino, para quien había realizado sus dos primeros largometrajes, Mario Camus recala en la recién creada productora zaragozana Moncayo Films con un guión propio a partir de un desarrollo argumental que había realizado con Carlos Saura: Muere una mujer (Mario Camus, 1944). Llega a la empresa de la mano del director d fotografía Víctor Monreal, titulado en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas, formado estéticamente en el cineclubismo aragonés y profesionalmente en la factoría de Iquino. Monreal ha realizado varios documentales de corto metraje en color, pero todas sus películas con Iquino hasta ese momento han sido en blanco y negro. Para poner en marcha la andadura de Moncayo Films, él y los otros socios de la productora deciden realizar Muere una mujer en Eastmancolor.

Desde el principio se hace evidente la intencionalidad de una fotografía en la que el rojo juega un papel simbólico, más allá del meramente figurativo. Vestuario y atrezzo incorporan elementos de este color para centrar la atención del espectador en ciertos puntos de la pantalla o en determinados personajes, para crear disonancias en escenas aparentemente menos tensas y para subrayar, en fin, el ambiente de amenaza que preside cualquier película que, cómo ésta, gire en torno a un crimen.


Pero Monreal no se conforma con incluir en el encuadre estos elementos, sino que adopta la luz coloreada de un modo totalmente ajeno al realismo para dotar de espesor dramático a varias escenas clave en el desarrollo del suspense.


La fotografía de Víctor Monreal fue premiada con "La Dama del Paraguas" en la Semana Internacional de Cine en Color de Barcelona de 1965.

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