Ricardo Blasco entra en televisión como realizador de las historias de humor de Noel Clarasó protagonizadas por Elvira Quintillá, Antonio Garisa o Zori y Santos: 30 grados a la sombra (1964), Escuela de maridos (1964), Tú tranquilo (1965) —“Clarasó acierta siempre y Ricardo Blasco no digamos” [“Viriato: “Tole-tole de la tele”, en Hoja del Lunes (Madrid), 6 de septiembre de 1965]—, Tal para cual (1965) y Escuela de matrimonios (1967). Además, dirige algunos episodios de las series Estudio 3 y Teatro de familia. Para el espacio Novela realiza Antes del amanecer (1964), Busco una mujer (1965) y Julieta y el hombre herido (1965). Sin embargo, su trabajo más ambicioso de esta etapa será una serie de aventuras históricas: Diego de Acevedo.
Al repasar la actividad de Julio Coll en TVE algo dijimos de la idea de la casa de realizar series filmadas con vocación transatlántica:
Con Historias de la gente ibérica, TVE inicia la producción continuada de una serie de telefilms con destino, no sólo a sus propias pantallas, sino a las de las televisiones de los países iberoamericanos. Los trece capítulos del serial Diego de Acevedo inician esta sucesión de telefilms que irán narrando, con veracidad histórica, la vida de gentes ibéricas de cualquier tiempo o geografía... La historia de Diego de Acevedo, en resumen, ha de ser la primera de las que, bajo el título general Historias de la gente ibérica, producirá Televisión Española para exhibir en sus propias pantallas y en las de los países hermanos y acaso también en las de otros pueblos de distinta raíz histórica, lingüística y cultural. [“Una producción de TVE: Historias de la gente ibérica”, en Tele Radio, 28 de marzo de 1966.]
Tras la fallida La familia Colón, Historias de la gente ibérica desapareció como ciclo. La vocación hispánica de TVE no se retomaría hasta la siguiente década, en el marco de la creación de la Organización de Televisiones Iberoamericanas (OTI). Sin embargo, Diego de Acevedo quedó para los restos como una producción ambiciosa que marcaría la pauta para que una década más tarde Televisión Española se midiera de tú a tú —al menos, en el mercado local— con la RAI y la BBC. [Federico García Serrano: “La ficción televisiva en España: del retrato teatral a la domesticación del relato cinematográfico”, en Archivos de la Filmoteca, núm. 23-24, junio-octubre de 1996, pág, 77.] Hoy en día, resulta complicado ponerse en la cabeza de aquellos telespectadores a los que se ofrecía un reparto estelar encarnando a figuras históricas, exteriores e interiores naturales, galopadas, combates y un gran despliegue de medios. La espectacularidad queda apenas mermada por algunas carencias en el número de figurantes, pero la planificación corta y próxima que impone la pequeña pantalla ayudan a disimular estos defectos.
Apenas anunciado el proyecto, la acogida es entusiasta:
Don Luis de Sosa es el autor de los guiones; Ricardo Blasco, su animador. Sobre ambas columnas, TVE asienta su producción de cara al exterior, de cara a los pueblos de nuestra lengua, de nuestro pulso, de nuestra sangre. De nuestro impulso... Tenemos mucha fe en la serie. Tenemos mucha esperanza en los resultados.
TVE, sintiéndose eso, española, ha dado de mano a cualquier otro intento más barato y cómodo, para enfrentarme, en cambio, con hombres y nombres de amplia resonancia hispánica. Estamos seguros por anticipado que un insobornable rigor histórico y un tacto previsto de ritmo televisivo animará los capítulos, que emocionarán en seguida a las gentes de más allá de la mar océano. Un vaho caliente, de fraternidad viva, operante y cordial prenderá en las antenas de media América, hablando el lenguaje común de cosas comunes de nuestra historia, porque TVE pudo haber iniciado sus series filmando para exportación temas de arte o de música, de elevada literatura o de mera diversión; pero ha preferido empezar, como cumple a su presencia en veinte países, con una cosa importante. a nivel de corazón. [“Viriato”: “La importancia de ser española”, en Pueblo, 25 de abril de 1966.]
El primer episodio, introducido por el guionista Luis de Sosa, presenta a Diego [Paco Valladares], criollo nacido en Lima y combatiente en la Guerra de la Independencia, que dicta sus memorias en la vejez. El relato se construye de este modo en tono de crónica episódica en la que el personaje, antes que protagonista, es testigo de la Historia e interlocutor de la Duquesa de Alba (Gemma Cuervo), Francisco de Goya (José María Escuer), Carlos IV (Luis Prendes), la reina María Luisa (Asunción Balaguer), Fernando VII (Emilio Gutiérrez Caba), Napoelón Bonaparte (Guillermo) Daoiz y Velarde (Fernando Guillén y Francisco Piquer) Simón Bolívar (Carlos Larrañaga) o José de San Martín (José Campos).
Enrique del Corral “Viriato” le concede el cum laude en el segundo episodio:
Nuevo episodio de Diego de Acevedo y nuevo éxito de esta serie de TVE, original de Luis de Sosa, dirigida por Ricardo Blasco, que ha encontrado la coincidencia exacta entre el cine-cine y el cine para televisión. ¡Con lo difícil que es eso y lo fácil que lo ha resuelto! El talento da Ricardo Blasco está ya más que demostrado. Está laureado al segundo capítulo de Diego de Acevedo, serie seria y digna. Como española. [“Viriato”: “Tole-tole de la tele”, en Hoja del Lunes (Madrid), 17 de octubre de 1966, pág. 6.]
Hay que recordar que Blasco tenía un modelo claro. Sus años en Cifesa habían sido los de esplendor del cine histórico, con Agustina de Aragón (Juan de Orduña, 1950) o La duquesa de Benamejí (1949) y Lola, la piconera (1952), dirigidas ambas por Luis Lucia y en las que el mismo Blasco había trabajado como ayudante de dirección, se sitúan todas en esta época, que invitaba a la exaltación nacionalista. Mientras en aquellas se metaforizaba la autarquía económica y el aislamiento internacional de España, aquí se buscan las raíces comunes que permitan afianzar el concepto de hispanismo —idioma, religión católica, hidalguía frente al “materialismo” estadounidense— que hará prevalecer el vínculo materno-filial más allá de los procesos de independencia en los que Bolívar y San Martín tomarán parte. La serie termina con la partida de éste hacia América y los votos por un nuevo encuentro con Diego de Acevedo, que se queda luchando en el ejército español: “¡Quién sabe! Tal vez llegará un tiempo en que volveremos a abrazarnos, a comprendernos las gentes de aquí y de América”. El final anuncia así una posible segunda parte que nunca llegará, pero ésta se repone, a razón de dos capítulos diarios, durante las Navidades de 1967.
Durante los dos años siguientes, Blasco parece reducido a la realización aseada de espacios en los que poco puede brillar, como Protagonista el hombre (1968), presentado por Rafael Gallo, y sendos programas religiosos: La fiesta del Señor (1968) y Ojos nuevos: Tele-revista religiosa (1969).
Hay que esperar al principio de la siguiente década para verlo embarcado en un proyecto de cierta ambición. España Siglo XX (1971-1973) se divide en tres etapas para contar los primeros setenta años de la historia de España. Ricardo Blasco se encarga de montar, a partir de material de archivos nacionales e internacionales los nada menos que noventa y dos programas que van del fin de la Gran Guerra al principio de la Guerra Civil española. El comentario corre a cargo del falangista Eugenio Montes, así que la ortodoxia ideológica está garantizada. Por más que el realizador no estuviera de acuerdo con este enfoque, para los restos quedará como la etapa de ”ideologización del programa hacia contenidos muy concretos que dieron una visión distorsionada o acomodada de los hechos históricos”. [Josep Maria Baguet: Historia de la televisión en España (1956-1975). Bellaterra: Publicacions de la Universitat Autònoma de Barcelona, 2993. pág. 217.] En su momento, los reseñistas televisivos apuntaron que Blasco imprimía “un nuevo estilo” al montaje de la serie, aprovechando la abundancia de material filmado sobre el periodo que le había tocado en suerte. [José de la Vega: “Televisión, comentario y noticia”, en Diario de Burgos, 13 de noviembre de 1971, pág. 10.] Vistos hoy algunos capítulos, está claro que la minuciosa confección de los mismos va mucho más allá de la orientación ideológica que se imprimiera a la locución. La excelencia de su trabajo quedó refrendada por un Premio Ondas de Televisión.
Sin embargo, la serie no cumple todo su recorrido. En junio de 1975, TVE anuncia que va a acometer un nuevo programa que cubriría desde principios de siglo hasta —ahora sí— el fin de la Guerra Civil. Se titula Tiempo de España y los guiones, elaborados con la colaboración de historiadores afines al franquismo y expertos en historia militar, como Ricardo de la Cierva, Jesús Salas Larrazábal o Joaquín Arrarás, están coordinados por Blasco que también se encarga de la realización. [“Tiempo de España”, en Pueblo, 13 de junio de 1975, pág. 34.] Hasta donde he podido averiguar, el último episodio emitido es el del 6 de octubre, correspondiente a la Revolución de 1934. La agonía de Franco influiría muy probablemente en la suspensión de la serie.
Blasco retoma el esquema en Sombras del ayer (1979), crónica de la vida cotidiana de los españoles durante el franquismo. Los cincuenta y dos episodios se montan con el material acopiado y no utilizado en España Siglo XX. En esta ocasión, se incorporan también entrevistas en color que contextualizan el material de archivo. Como tenemos un testimonio elocuente sobre su trabajo dejemos la palabra al responsable:
—En aquélla se pretendía contar la historia cronológica de los hechos más importantes que sucedieron en España desde que comenzó el siglo. Al fijarnos intensamente en esos sucesos trascendentes quedaba menos espacio para ocuparnos de un sinfín de hechos cotidianos que configuraron la realidad de aquellos años. Esos hechos son los que veremos en Sombras de ayer. Veremos, por ejemplo, cómo eran los abastecimientos, los gasógenos y la actitud de los españoles ante su propia miseria A través de películas veremos cómo el español se reía do su propia hambre.. Como ejemplos dispares puedo señalar también que en algún capitulo entrevistamos a un chófer de gasógenos y a la persona que vendía Margarita Pérez como muñeca símbolo. Habrá espacios monográficos donde un especialista hará un análisis del fútbol y los toros. Sin que estas monografías impidan que en otros capítulos puedan darse imágenes de fútbol, de toros o del flamenco; de las relaciones hombre-mujer o de Imperio Argentina. Quiero decir que el espectro temático es tan amplio como la propia realidad de aquellos años. Junto a éste, otros espacios se ocuparán de las famosas entrevistas que sostuvo Franco con Mussolini y con Hitler. [...] El programa no es de debate y porque tampoco puede Invadir el campo a otros espacios como Tribuna de la historia. Nosotros nos limitamos a servir la noticia tal y como la presentaron los noticiarlos en su día. En la serie no pretendemos enjuiciar sino mostrar, mirando hacia atrás sin ira. No pretendemos adoctrinar a nadie. La realidad de aquellos años es insoslayable. y cada cual puede sacar sus consecuencias.
—Y usted, personalmente, ¿qué consecuencias cree que se desprenden de aquellos años?
—Personalmente creo que se desprende una visión de la larga etapa de padecimientos y dificultades que sufrió el español medio. Una etapa larga y carente de atractivos. [Juan Carlos Soriano: “Pretendemos sólo mirar hacia atrás sin ira”, en Pueblo, 24 de mayo de 1979, pág. 34.]
¡Ay, destino trágico! Tampoco en esta ocasión la crónica del franquismo llegará al fin según lo previsto. En enero de 1980, Blasco sufre un infarto que le aparta de la moviola. Sólo hay dos programas más terminados, el dedicado al arte y la literatura de los años cuarenta, en el que aparece Ramón Gómez de la Serna, y otro que se centra en la vida nocturna, con la transformación, en la posguerra, de los cabarets en salas de fiestas. [“Crónica de televisión”, en Diario de Burgos, 24 de enero de 1980, pág. 12]
Veinte meses después, una vez superada la afección coronaria, Blasco vuelve a la carga con nuevos bríos, aunque ahora aquello de “mirar hacia atrás sin ira” queda totalmente descartado: “En mi nueva serie, Memorias españolas, que es su título de verdad y no Memorias de España, como salió publicado en un periódico, quiero contar todo aquello que el franquismo no me dejó decir en estos cuarenta años, aquello que no pide contar en las series España Siglo XX, Tiempo de España y Sombras del ayer. [Juan Carlos Soriano: “Se preparan dos importantes series documentales”, en Pueblo, 7 de octubre de 1981, pág. 40.] El realizador destaca la recopilación de documentos en archivos de Roma, Londres, Berlín, Moscú, Los Ángeles y Nueva York. Tras algunos solapamientos y malentendidos, con cambio en la dirección de TVE incluido, Memoria de España —título definitivo— llega por fin a la pequeña pantalla el domingo 10 de abril de 1983 a las nueve y media de la noche. Son dieciocho capítulos de una hora de duración. El primero se articula a modo de coloquio entre los asesores del programa —Manuel Tuñón de Lara, José Cuenca Toribio, Josep Benet, Alfons Cuco, Antonio Mará Calero y Gregori Mir— con Ricardo Blasco y el presentador y locutor de la serie, Fernando Rey.
A pesar de una buscada equidistancia, algunas valoraciones sublevan a los que han visto con temor la llegada al poder de los socialistas. Tanto, que el diario El País le dedica su editorial del 25 de mayo de 1983:
Por una figura de dicción muy frecuente en nuestros momentos, y muy lamentable, los antiguos partidistas de la historia acusan de partidismo a los que no son de su partido. Se agarran a sus antiguos espectros. [...] Ven sus héroes rotos. No ven su historia rota: ven roto su presente y su porvenir. No es una disputa de teóricos o de científicos: es una guerra de políticos la que conducen. Políticos en perdición, en minoría. Hubieran querido que España tuviera su memoria: no aceptan la Memoria de España. Cuya realización, ideación y concepción en forma de crónica pueden ser naturalmente discutibles, y tienen muchos rasgos para ser discutidos. Pero que apenas aflora -y esa podría ser una de las causas de discusión- el combate contra una falsa historia de España que ha imperado durante una época de propiedad de su difusión.
Por enésima vez, el programa queda truncado en 1935. Ricardo Blasco viaja a la República Democrática Alemana para conseguir materiales inéditos a fin de completar la última parte, que ahora se ampliaría a veintiséis episodios que deberían de mostrar la contienda en toda la geografía española desde la perspectiva de los dos bandos. Pero Blasco se jubila en 1986 sin haber completado su tarea o, al menos, sin que ésta fuera emitida. En 1986 se anuncia que un nuevo espacio titulado España en guerra (1987) cubrirá este periodo. En TVE, escribe su hija...
llevó a cabo una ardua y seria labor de búsqueda de materiales por todo el mundo para sus programas sobre la historia de España, España siglo XX y Memorias de España. Su verdadera pasión era el estudio de la historia, y nunca la abandonó. [Gala Blasco Aparicio: “Blasco, Ricard”, en Kiosco Media Vaca: https://www.mediavaca.com/es/escritores/blasco-ricard]

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