Filmoteca Española publica la investigación de Aguilar y Cabrerizo ¡Al Hollywood parisino! La producción hispana de Paramount en Europa durante transición al sonoro, realizada gracias a una de las Ayudas a la Investigación Cinematográfica "Luis García Berlanga" que la Academia de Cine concedió en 2022, en su segunda convocatoria.
De la contraportada:
La aparición del cine sonoro a finales de la década de los veinte pareció anunciar un futuro deslumbrante para los estudios de Hollywood: con un público fascinado ante la idea de poder oír hablar (y cantar) a sus actores favoritos en la pantalla, nada podía frenar un negocio que se intuía imparable. Claro que aquel descubrimiento no fue en paralelo con otro que permitiera exportar al extranjero aquellas películas ahora filmadas en inglés. Los más optaron por importar de Europa directores, guionistas e intérpretes para hacer clones en diversos idiomas de sus principales cintas; Paramount, sin embargo, optó por abaratar costes abriendo una sucursal a las afueras de París para realizar versiones de sus producciones hasta en trece lenguas diferentes, entre ellos el castellano. Hasta allí viajaron Pepe Isbert, Imperio Argentina o Florián Rey, que mezclados con Marlene Dietrich, Carlos Gardel o Maurice Chevalier terminaron realizando las primeras películas sonoras en español. Al menos hasta 1932, cuando el desarrollo del doblaje llevó a Paramount a echar llave al estudio, empaquetar todo su material y montarlo en un trasatlántico con destino a Los Ángeles que, cuenta la leyenda, se hundió en medio del Atlántico, desapareciendo así toda aquella producción: más de trescientas películas, entre ellas una veintena filmadas en castellano. Al regresar a España, sus responsables aprovecharían lo aprendido en aquel Hollywood parisino para desarrollar esa que fue la primera época dorada de nuestro cine, la de los años de la República.
En paralelo, se programa en el cine Doré a lo largo de los meses de noviembre y diciembre un ciclo de películas producidas por Paramount en Joinville-le-Pont, otras emblemáticas de la transición al sonoro o prueba del influjo de esta experiencia en el cine de la República. La presentación del libro y del ciclo tendrá lugar en el cine Doré, el martes 3 de noviembre a las 20:30.
He aquí el texto de presentación del ciclo...
¡Al Hollywood parisino! es el decimoctavo volumen de la colección Cuadernos de Filmoteca Española. El estudio, llevado a cabo gracias a las ayudas a la investigación Luis García Berlanga de la Academia de Cine, indaga en la producción hablada en castellano realizada entre 1930 y 1933 por Les Studios Paramount, filial francesa de la major estadounidense. Un episodio tan fundamental como desconocido para el cine español: fundamental por ser escuela del sonoro para los cineastas que lo llevarían a su primera edad de oro durante la II República; desconocido casi porque nada de aquella producción ha sobrevivido e incluso hay una leyenda que justifica esta desaparición, la del trasatlántico que, tras el cierre de la factoría, cargó el celuloide rodado en Francia para llevarlo a Hollywood y se hundió en mitad del Atlántico.
El estreno de El cantor de jazz (The Jazz Singer, Alan Cosland, 1927) había otorgado a la industria estadounidense el liderazgo en el cine sonoro, pero doblaje y subtitulado no eran aún más que experimentos imposibles de llevar a la práctica. A riesgo de perder el mercado exterior, los estudios de Hollywood optaron por importar cineastas e intérpretes desde Europa e Hispanoamérica para rodar versiones de sus películas en diferentes idiomas. Salvo Paramount, que para ahorrarse los costes faraónicos de la operación decidió abrir una sucursal en el Viejo Continente y realizarlas in situ. Sobre su ubicación no hubo dudas: Francia era el país que ofrecía mayores facilidades financieras y París la ciudad donde René Clair había marcado el rumbo del sonoro europeo con Sous les toits de Paris (1930). Solo quedaba encontrar un estudio en desuso situado en la barriada de Joinville-le-Pont para poner la maquinaria en marcha.
A los equipos franceses no tardan en sumarse otros italianos, alemanes, suecos, checos, húngaros, holandeses, portugueses y polacos. Tras llegar a la gare parisina correspondiente, todos ellos alcanzan admirados las cancelas de Les Studios Paramount, donde el portero los saluda en los trece idiomas que allí van a emplearse. Entre ellos, el español, al que el inmenso mercado sudamericano augura una rentabilidad sin cuento con sus versiones. Y de versiones hablamos porque los proyectos originales son raros: el plan de Paramount es multiplicar éxitos ya contrastados en el mercado norteamericano haciendo recitar a los intérpretes lo que allí han recitado Nancy Carroll, Ruth Chatterton, Fredric March o Maurice Chevalier. Sin los lujos de aquellos, claro: los rodajes deben completarse de la manera más económica posible, en apenas dos semanas y turnos de día y noche.
Por esta fábrica de los sueños pasaron figuras de éxito y prestigio en la escena y la pantalla como Pedro Muñoz Seca, Luis Fernández Ardavín, Benito Perojo o Florián Rey. Pero a Paramount le urge reproducir a orillas del Marne el star system estadounidense: Roberto Rey pasa así a convertirse en el Chevalier español y Carmen Larrabeiti en nuestra Ruth Chatterton, en un sistema de clonación ad infinitum. Entre abril y diciembre de 1930 se rodarán apresuradamente nueve títulos en castellano. Cuando lleguen a las salas despertarán la fascinación de un público deseoso de escuchar al cine hablar en su idioma, pero también una sonadísima polémica porque hay quien ve en la operación una nueva muestra del imperialismo yanqui, que se apropia hasta de nuestra lengua con el fin de impedir el desarrollo de la industria local.
Claro que, a falta de estudios, los españoles ha tenido que rodar las primeras películas sonoras en el extranjero, como ha sucedido con El amor solfeando / El profesor de mi mujer (1930), realizada en estudios alemanes y triple versión por el franco-estadounidense Robert Florey, el catalán Xavier Güell y el valenciano Armand Guerra. Los diálogos son de José Luis Salado, futuro cronista de Joinville. Al frente del reparto, Imperio Argentina: ella será la gran estrella femenina de las producciones hispanas Paramount.
Los cambios se suceden a una velocidad vertiginosa. En la primavera de 1931, los efectos del crack en la Bolsa estadounidense repercuten en los balances de la compañía y esto fuerza a la filial a romper con la dependencia de la central estadounidense y emprender proyectos originales. El departamento español queda en manos de todo un Premio Nacional de Literatura, Claudio de la Torre, que une ante la cámara a Imperio Argentina y el tanguista Carlos Gardel logrando uno de los mayores éxitos de la factoría, Melodía de arrabal (Louis Gasnier, 1933). Para entonces, el departamento francés ya ha conseguido su primer clásico incontestable: Marius (1931), que Alexander Korda dirige en versiones francesa y alemana sobre una obra teatral de Marcel Pagnol ambientada en el puerto de Marsella. Se trata de la demostración palmaria de que un equipo plurinacional puede hacer una película cien por cien francesa con capital estadounidense.
La paradoja será que al tiempo que esta nueva producción muestra el auténtico potencial del proyecto con películas como ese brillante precedente del realismo poético francés que es La Belle Marinière (Harry Lachman, 1932) o experimentos multilingües que siguen el ejemplo de la franco-alemana Allo Berlin? Ici Paris! (Julien Duvivier, 1932), dialogada en los dos idiomas para satisfacer ambos públicos a un mismo tiempo, el doblaje alcanza su desarrollo pleno y Paramount decide dedicar a él tanto sus estudios como su troupe, incluido un recién contratado Luis Buñuel.
¿Fue el final definitivo de la aventura? Dejémoslo en nuevo inicio, porque al tiempo que Hollywood realizaba la más deslumbrante pieza del cine hispano filmado en el extranjero con Angelina o el honor de un brigadier (Henry King, 1935), una producción ideada por Enrique Jardiel Poncela no solo hablada en español sino dialogada en verso, los joinvillistas regresan a España para poner en práctica lo aprendido en aquella veintena larga de títulos facturados en el suburbio parisino. Una de las actrices que allí han aprendido el oficio, Rosita Díaz Gimeno, protagonizará La Dolorosa (Jean Grémillon, 1934), insólita adaptación zarzuelera realizada bajo el signo de la vanguardia, al tiempo que el sainete lírico La verbena de la Paloma (1935) se erige en exponente mayor del cine republicano gracias al trabajo de la plana mayor de Joinville: Benito Perojo, Roberto Rey y Miguel Ligero.
La huella de Paramount en el cine español será tan profunda que ni tan siquiera la Guerra Civil conseguirá erradicarla: una de las películas más representativas de entre las filmadas durante la contienda, la producción anarquista Aurora de esperanza (Antonio Sau, 1937), tendrá como protagonista a otro joinvillero, Félix de Pomés.
Programa de noviembre: https://www.cultura.gob.es/dam/jcr:feb207d6-2801-4f00-93f6-c630ca45c99c/202611fe-programaonline.pdf
