domingo, 24 de diciembre de 2017

cine al ciclostil (6)


Antes de la entrada en funcionamiento del Código Hays

Estamos ante lo que se suele denominar un pre-code, una película anterior a la entrada en vigencia, en 1934, del código Hays. El principal inconveniente que tendría el guión apenas cuatro años después sería la atracción que exhibe por asesinos y toda clase de delincuentes. Ante lo inhumano del tratamiento que reciben, ante el rigor con que el alcaide y los guardias hacen cumplir un reglamento brutal hasta el sadismo, nuestras simpatías están con ellos. George Hill se cuida muy mucho de mostrar la ejecución de uno de los guardias que mantienen como rehenes durante el botín.
—Wallace, ¿has rezado?
—No sé rezar. Tira si quieres.
La ráfaga de ametralladora que siega su vida retumba sobre el rostro atribulado de Kent.

Las carreras de cucarachas y algunas alusiones sexuales bastante directas tampoco encajarán en breve en lo que se considera de buen gusto.
—¿Qué tal las mujeres por ahí? ¿Has visto mis iniciales grabadas en muchos dormitorios? —pregunta Butch cuando Morgan vuelve al presidio después de su breve fuga.
En el guión inicial de Frances Marion, Anne no era la hermana de Kent, sino su mujer. Pero durante un pase de prueba los espectadores demostraron su antipatía por Morgan debido a esta circunstancia. El estudio decidió entonces volver a rodar algunas secuencias. El cambio crea nuevos agujeros en la evolución de los personajes. Anne Marlowe decide sin motivo aparente no delatar a Morgan al policía que lo ha seguido hasta la librería. Los señores Marlowe, a los que se presenta como buenos burgueses, parecen encantados de que su hija se haya enamorado de un convicto evadido en tanto que no demuestran el más mínimo interés por su hijo encarcelado.

En cualquier caso, este interludio romántico sólo sirve para realizar el cambio de peso y traspasar el protagonismo de Kent a Morgan, en tanto que Butch ejerce de dinamo de todas las acciones en el presidio. Su carácter volátil contrasta con la rigidez de los desplazamientos de los presos. Ya desde los mismos títulos de crédito, sobreimpresionados en el plano de las botas de los reclusos marcando el paso rítmicamente, la planificación remite a la disciplina de la vida cotidiana en el presidio. La comida, la salida al patio, el regreso a las celdas, la misa incluso… se presentan mediante los encuadres y la coreografía como si los reclusos fueran piezas de un mecanismo. La influencia de Metropolis (Metrópolis, Fritz Lang, 1927) es patente.

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