domingo, 2 de septiembre de 2018

llobet gracia, cinemista



Hay películas que nos obligan a reevaluar toda una cinematografía. El descubrimiento de Vida en sombras en la década de los ochenta del pasado siglo, después de cincuenta años de olvido es una de ellas. Obra única de un apasionado del cinematógrafo, la película ponía en evidencia la posibilidad, en plena década de los cuarenta, de un discurso tan disidente como alucinado, silenciado, sobre todo, por motivos administrativos e industriales más que políticos. En ella el cineísta amateur Lorenzo Llobet Gracia trazaba un desasosegante paralelismo entre la historia de España y la biografía del cine-aficionado protagonista interpretado por Fernando Fernán-Gómez.

“Yo creo —escribía en 1950— que toda obra de arte ha de ser ferozmente individual, tal como la concibe su autor, con sus defectos o sin ellos. Una ventaja —la mejor— de nuestro cine es precisamente esto: que hacemos lo nos parece con entera libertad”. [Lorenzo Llobet-Gracia en: José Torrella: Cine amateur español 1930-1950. Barcelona, Centro Excursionista de Cataluña, 1950. pp. 140-141.]


El descalabro económico —sumado a la desgracia de la muerte de su hijo— llevó a su artífice, el sabadellense Lorenzo Llobet Gracia a desertar de la pantalla grande, que no del cinema amateur, disciplina en la que se había formado a finales de los años veinte y en la que seguiría militando hasta mediada la década de los cincuenta. La aparición en el mercado en 1923 de cámaras y proyectores de 9,5mm por Pathé y 16mm por Kodak, estimula la aparición de aficionados que pretenden que sus obras tengan un mayor alcance que el cine familiar al tiempo que se sienten libres de lanzarse a la creación sin cortapisas industriales.

Reclamaban los teóricos del movimiento los términos “cineísta” o "cinemista" como los más pertinentes para definir a sus practicantes, que en Cataluña eran una autentica legión. La revista Cinema Amateur (1931-1936), órgano de la Sección de Cinema del muy activo Centro Excursionista de Cataluña, da cobertura teórica y técnica a los practicantes del culto al paso reducido. Su director, Delmiro de Caralt —Memmortigo? (1933) es el delegado en España de la UNICA (Unión Internacional de Cineastas Ameturs) y la referencia del movimiento; José Torrella, su cronista. Enrique Fité, Pedro Font y Llobet Gracia aparecen año tras año en el palmarés del Concurso Nacional convocado por la institución.


Vástago de una familia propietaria de una empresa de transportes en Sabadell, Llobet Gracia recibe en 1928 una cámara Pathé-Baby como regalo. Con apenas diecisiete años se lanza a rodar. Su primera obrita se titula Un terrat (1928) y reúne tres breves asuntos rodados, en efecto, en la azotea de la casa familiar: una función infantil, un número de magia protagonizado por el propio director y una discusión a propósito de un tintero derramado le permite comprobar las prestaciones de la cámara y las posibilidades expresivas de la planificación y el montaje. Por encima de otros valores la peliculita transmite una alegría contagiosa.


En estos primeros años, Llobet lo filma prácticamente todo: la Exposición Internacional de 1929 —con especial atención a las fuentes, más que a los pabellones oficiales o a los actos públicos—, el ambiente en las calles de Sabadell el 14 de abril de 1931, durante la proclamación de la República, la celebración de la Diada de 1932, el entierro de Francesc Macià en diciembre de 1933… La presencia de Ventura Gassol como consejero de Cultura de la Generalitat en el breve reportaje dedicado al campamento de Bellaterra nos obliga reconsiderar la datación de estas imágenes en 1930 y retrasarlas al menos hasta 1933, si no a 1935. Más completo es Festa major (1933), sobre las fiestas en el barcelonés barrio de Gracia, con sus tiovivos, sus barcas y sus bailes populares, en los que se inserta un apunte ficcionado en el que un danzarín pisa a su pareja de baile. El segmento dedicado a los castillos de fuegos artificiales no sólo incluye el plano de recurso de los niños boquiabiertos mirando al cielo, sino que Llobet recurre de nuevo a la inversión de la marcha para obtener efectos casi abstractos.


También La neu que pel camì hi ha (1934) incluye una pequeña ficción sobre un espontáneo empeñado en lanzarse desde un trampolín de saltos de esquí durante unos campeonatos celebrados en la Molina con la participación de esquiadores internacionales como Hans Teichner y Sigmund Ruud.

Ya de lleno en el terreno de la ficción, Un crim i res mes (1929) es una parodia de serial cinematográfico destilado en tres minutos. Tres facinerosos acaban con la vida del barón Cunilleras y se deshacen del cadáver lanzándolo a una presa, aunque los intertítulos humorísticos —juegos de palabras, onomatopeyas, alusiones a la novela rusa apócrifa en la que se basa la peliculita…— tienen casi tanto peso como las imágenes en movimiento. 


También es una parodia Encara que sembli una bola (1929), pero de los complementos que acompañan al programa principal en las salas cinematográficas. Llobet recurre al trampantojo visual —“la perla del Mediterráneo” es una sencilla perla—, a los recursos popularizados por la vanguardia —para mostrar uno de los barrios “más retrógrados” de la ciudad e invierte la marcha de la película y transeúntes y vehículos circulan marcha atrás— e, incluso, a un par de animaciones más o menos primitivas.

Pero el título más señero de esta etapa prebélica de Llobet es Suicida (1934), “film que tiene el mérito de estar permanentemente concebido en cine y de contener un verdadero derroche de agudas soluciones cinematográficas”, según escribía José Torrella, amigo de Llobet y adalid de este título en años venideros. [José Torrella: Crónica y análisis del cine amateur español. Madrid, Rialp, 1965. pág. 103.]

En efecto, Suicida se desenvuelve con prodigalidad de inventiva y trucos artesanales: efectos de montaje sincopado y planificación ocurrente con un recurso sostenido y coherente de la sinécdoque —la parte por el todo—, de las sombras y de la imagen como elemento sustitutorio de la realidad, lo que constituye el meollo de este drama de amor ferrocarriliano —que no ferroviario— y prefigura algunas de las soluciones aplicadas más tarde en Vida en sombras. Tampoco está ausente el acusado sentido del humor de Llobet, que aparece en el prólogo reflejado en un espejo, rodando y preparando la proyección de la película. La pirueta metaficcional se completa cuando tras la aparición en la pantalla de la palabra “fi”, el autor despierta de la siesta en que ha estado sumido durante la proyección.

 

Una discusión entre la pareja queda resuelta mediante panorámicas a izquierda y derecha para encuadrar de perfil a cada uno de los personajes pasando en cada movimiento sobre el retrato de boda. Pero es que, a cada nuevo barrido ella aparece más alta en el encuadre y él más abajo, en un juego progresivo de picados y contrapicados en la misma toma que pone de manifiesto la asimétrica relación marital. Todavía en 1964 recordaba Torrella la sofisticadísima sonorización en directo de esta escena, en la que en cuestión de segundos el cinemista iba cambiando los discos, pues cada cual llevaba su propio acompañamiento musical, “amén de otras muchas filigranas sonoras, inclusive una secuencia dialogada en disco”. [José Torrella: “La música en el cine amateur”, en Otro Cine, núm. 65, marzo de 1964.]

Lógicamente, estas sonorizaciones en directo —Almodóvar haría lo propio con sus súper-8s cuatro décadas más tarde— están ausentes de la edición en DVD, por lo que nos perdemos al menos el cincuenta por ciento de la fuerza expresiva y cómica de la película, pero nos permite también el carácter de proto-happening que tenían las sesiones de cine amateur sonorizadas por Llobet:
“Llobet-Gracia, además de complicarse la vida con trucos y problemas de orden visual —insiste Torrella en su crónica de 1950—, se martiriza también con alambicadas sincronizaciones sobre discos. Fue el primero y uno de los pocos que, en el primer periodo [1930-1936], pusieron especial atención en el acompañamiento musical de las películas amateurs y en dotarla sincronización de ruidos y efectos especiales”. [José Torrella: Cine amateur español 1930-1950. Barcelona, Centro Excursionista de Cataluña, 1950. pág. 85.]

Las carencias no afectan sólo a la sonorización, sino también a la conservación de algunas otras cintas rodadas en 9,5mm y que constan en los programas de las sesiones y concursos del periodo republicano como De tot arreu (1935) y Vida breve (1936).

En cualquier caso, lo que hoy podemos ver nos lleva a intuir una personalidad dual en el joven Llobet: por un lado, el catalanista comprometido con su tiempo, dispuesto a dejar constancia con su pequeña cámara del momento histórico que le ha tocado vivir; por otro, el muchacho alegre y desenfadado que desatiende de tanto en tanto el negocio familiar para filmar sin desmayo cuanta idea le sale al paso. Ambas facetas se funden en L’any 1932 a la pantalla (1933), suerte de collage de duración más consistente en el reúne filmaciones de actividades excursionistas, reportajes sobre la llegada de Manuel Azaña a Barcelona para hacer entrega del estatuto de autonomía y la reapertura del Parlamento, o el registro de una gran nevada en Sabadell que adquiere un tono decididamente lírico.


En 1936 Llobet funda un cine-club, Amics del Cinema de Sabadell, cuya primera sesión debería de haberse celebrado el 18 de julio de 1936. Durante la Guerra Civil se casa con Beatriz Sans , nacen sus hijos y, a lo que sabemos, suspende sus actividades cinematográficas hasta 1943. Sirve de puente hacia esta segunda etapa de su filmografía como cineísta, Tim, l’intrepid, una versión de El soldadito de plomo de Hans Christian Andersen que no rematará hasta 1943 con el título ya significativamente en castellano.

La producción postbélica de Llobet Gracia abarca aproximadamente una década abisagrada por la azarosa producción de Vida en sombras —la preparación arranca en 1947 y no se estrena hasta 1953 y, demás, de mala manera— y la depresión en que le sume el fallecimiento de su hijo. No obstante, este periodo reúne características propias como el rodaje en 16mm, con alternancia de emulsiones en blanco y negro y color, el uso del castellano en la rotulación y el recurso casi sistemático a su propia familia como intérpretes y técnicos de las películas, lo que le lleva a bautizarlas humorísticamente como “producciones autárquicas de la familia Llobet”.

No obstante, la primera producción conservada de este periodo, Contrastes (1943), con un planteamiento un tanto ingenuo, vuelve a tener su principal baza en una banda sonora contrastada y recurre a Eduardo Martí —el protagonista masculino de Suicida— como intérprete único, con lo que se establecen nuevos vínculos con su producción anterior. El resultado obtiene la Medalla de Oro del concurso anual de Cinema Amateur.

En el género reportajístico, Ávila (1945) demuestra un dominio pleno e ingenioso de los recursos visuales —el balcón que se abre y se cierra al principio y al final de la película para ofrecer una vista impresionante de la catedral—, el interés por el detalle ornamental más que por el conjunto arquitectónico y, sobre todo, el protagonismo de los tipos humanos que cruzan ante la cámara, de modo que el paseo ante las murallas termina convirtiéndose en el seguimiento de un padre y un hijo de condición humildísima que viven de lo que encuentran en los vertederos y la recogida de leña.


Aprovechando las vacaciones familiares en Sant Llorenç de Morunys, en las estribaciones del Pirineo ilerdense, Llobet rueda dos de las “producciones autárquicas” a las que aludíamos un poco más arriba: El valle encantado (1946) y El diablo en el valle (1947). En ambas se mezclan religión y paganismo, el aire ingenuo y terrible a un tiempo de los cuentos infantiles, pero, sobre todo, la complicidad familiar. Ambas obtuvieron galardones en los respectivos concursos nacionales de cinema amateur.
 

En 1947, al tiempo que se embarca en el rodaje de Vida en sombras, realiza en el campo amateur una de sus películas más reconocidas: Prégaria a la Verge del Colls. En este título ve el italiano Mario Verdone, secretario del Centro Sperimentale di Cinematografia, la influencia de Buñuel —“habla aún de las tierras abrasadas de Terre sans pain”— y ve en ella y en las películas de sus compañeros coterráneos aficionados el testimonio más vital de la cinematografía contemporánea. [Mario Verdone: “Testimonios de calidad”, en Otro Cine, núm. 1, enero de 1952.]


Se trata de un trabajo de montaje en el que se aprecia la influencia soviética en toda la primera parte, que retrata la rogativa a la Virgen dels Coll, de San Lorenzo de Morunys, para que acabe con la sequía. Troncos de árboles retorcidos, manos sarmentosas de viejas lugareñas y tallas religiosas se ordenan en un crescendo al que sirve de colofón la formación de nubes sobre el valle gracias a la filmación fotograma a fotograma y el estallido de la lluvia. Llobet crea entonces uno de los momentos más bellos de su filmografía: una serie de travellings por una carretera mostrando las ramas de los árboles secos en blanco y negro alternando con otros, en color, en los que las hojas verdes destacan contra el azul del cielo. El final es una explosión cromática de cascadas de agua, plantas florecidas, animales y criaturas lactantes, para terminar con una serie de planos en color que son el reverso simétrico de los que abrían la película, pero con la presencia de niños y lugareños. La vida renace.

Al parecer, el material reversible en color se obtenía de contrabando en la cercana Andorra al precio exorbitantes de ochocientas pesetas la bobina. Claro que el resultado es espectacular y  Llobet obtiene una medalla de honor en el Concurso Nacional de 1948, el tercer premio en el Concurso Internacional y se presenta en el Festival de Cine Amateur de Cannes, donde logra un diploma de honor. Sus actividades internacionales no acaban aquí... El año siguiente los responsables de la sección cinematográfica del Centro Excursionista de Cataluña realizan una gira por diversas filmotecas europeas con cuatro sesiones en la Cinemathéque Française. La película de Llobet Gracia forma parte del programa, quien, además, se encargó de la sonorización de las proyecciones. No sabemos si en serio o en broma, cuando le preguntan por la experiencia asegura que en el British Film Institute le ofrecieron quedarse como jefe de sonorización del organismo. [José Torrella: “Lo mejor del cine amateur español en Bélgica, Escocia, Inglaterra y Francia”, en Otro Cine, núm. 7, marzo de 1953.]

El contraste entre la vida y la muerte impregnan el resto de su filmografía. El dolor por la muerte de su hijo provoca el internamiento en un sanatorio de reposo donde es sometido a un tratamiento mediante electroshocks. Primera aventura (1950) es parte del proceso de curación. Llobet retoma la cámara para filmarse a sí mismo y el resto de la familia con su hija recién nacida en brazos.


El sueño de la mayor, que queda al cuidado de la pequeña, sirve de excusa a unas breves animaciones con los juguetes rodadas por el sistema de paso de manivela. Un dibujo del humorista Valentí Castanys colgado en la habitación parece ser la única —y macabra— solución para que la niña deje de llorar. La tradición cultural catalana está también presente en El escultor Manolo Hugué, terminado en 1950, pero rodado con anterioridad ya que muestra al escultor, fallecido en 1945, de cuerpo presente. La sombra de una cruz sobre la hoja del calendario tiene su correlato en un plano análogo de Vida en sombras. Del perfil del fallecido, como una máscara mortuoria, la cámara traza una panorámica hasta las manos yertas en las que se enlaza un rosario. Un artificio cinematográfico —un fundido encadenado— obra el artificio de devolver a la vida esas manos que gesticulan nerviosas, modelan la arcilla y manejan los pinceles…

 

El movimiento y los juegos de luces sobre las pequeñas obras escultóricas de Hugué les insuflan un aliento de vida, como hacían visible el milagro de la lluvia concedido por la gracia de la talla de la Virgen dels Colls. Un nuevo encadenado sobre un dibujo en blanco y negro nos traslada a su versión en color y a una nueva dimensión en la que otro movimiento de cámara de fuerte impronta simbólica —una panorámica vertical ascendente— nos eleva desde un busto del artista por el tronco y las ramas de un ciprés hasta el cielo.


A falta de la desaparecida Lo pelegrí (1951) —recreación de una leyenda local sobre un milagro realizado por Jesucristo, haciéndose pasar por peregrino— y tras colaborar con Pedro Font Marcet en Impasse (1952), más próxima al estilo ecléctico de éste que a la inspiración de Llobet, el DVD concluye con la última obra que realizó, un reportaje titula La processó passa pel meu carrer (1954), con profusión de nubes rodadas con temporizador y algunos efectos de inversión de la marcha. La mayor parte del metraje no está dedicada a la procesión en sí misma, sino a los preparativos, la limpieza de la calle después de una riada y los arreglos florales por parte de los vecinos en los que colaboran activamente sus dos hijas. Llobet aparece en una de las tomas, siempre sonriente pero prematuramente envejecido a sus cuarenta y tres años. 


Falleció en 1976 pero su rehabilitación como cineasta demoró aún unos años. Su auténtica estatura como cinemista, alquimista del cinema, arranca ahora, con la restauración y publicación de estas veintidós joyas ocultas de nuestro patrimonio cinematográfico. Sería una pena que pasaran inadvertidas como material extra de la edición de una película extraordinaria.


Todas las capturas proceden de la edición de Intermedio / Filmoteca de Catalunya de Llorenç Llobet Gràcia: Vida en sombras + 22 curts restaurats. 3 DVDs (V.O. en español con subtítulos en francés y en inglés) y un libreto con el siguiente contenido traducido también al francés y al inglés:
Esteve Riambau: “Ombres properes i unversals / Sombras cercanas y universales”
Daniel Sánchez Salas: Vida en sombras, ese tónico tan actual”
Ferrán Alberich: “Vida en sombras: el muntatge del director / Vida en sombras: el montaje del director”
“Notas sobre la conservación y restauración de las películas”
Disco 1:
Vida en sombras (Lorenzo Llobet Gracia, 1948) 78:55.
Bajo el signo de las sombras (Ferrán Alberich, 1984) 32:41.

Disco 2:
De materiales originales reversibles en 9,5mm en blanco y negro…
Un terrat (1928) 4:22
Exposición Internacional de Barcelona (1929) 6:15
Un crim i res mes (1929) 3:42
Encara que sembli una bola (1929) 3:08
Quart campament de Catalunya a Bellaterra (1933) 1:01
Proclamació de la República (1931) / Diada (1932) 2:03
Enterrament d’en Francesc Macià (1933) 3:39
L’any 1932 a la pantalla (1933) 17:30
Festa major (1933) 8:14
La neu que pel camí hi ha/ La nieve que en el camino hay (1934) 6:02
Suicida? (1934) 19:41
El soldadito de plomo (1935-1943) 11:33
De materiales orriginales reversibles en 16mm…
Contrastes (1944) 08:57 Blanco y negro
Ávila (1945) 6:20 Blanco y negro
El valle encantado (1946) 11:16 Blanco y negro
El diablo en el valle (1947) 10:54 Blanco y negro
Sucedió una noche (1947) 5:30 Blanco y negro
Pregària a la Verge dels Colls (1947) 11:37 Blanco y negro y Color
El escultor Manolo Hugué (1945-1950) 5:50 Blanco y negro y Color
Primera aventura (1950) 9:07 Color
Impasse (codirigida con Pedro Font, 1952) 8:50 Blanco y negro
La processó passa pel meu carrer (1954) 5:56 Color

Disco 3:
Vida en sombras (versión previa a la censura) 85:02
Montaje anterior a la censura (Ferrán Alberich, 2016) 23:09
Entrevistas realizadas por Alberich en 1984 para la realización de Bajo el signo de las sombras: Delmiro de Caralt (24:14), Ángel Zúñiga (20:41) y Carlos Serrano de Osma (42:33)

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