domingo, 2 de junio de 2019

los nudies del enmascarado de plata



El productor Gregorio Wallerstein y los dos directores René Cardona, padre e hijo, proporcionan un giro a la carrera cinematográfica de Santo en 1966. En el díptico Operación 67 / El tesoro de Moctezuma el Enmascarado de Plata comparece por primera vez en la pantalla en color y la inserción de sus peleas en el contexto de una intriga internacional de falsificación de moneda sirve para crear sendos productos jamesbondianos. Le acompaña en la aventura el nadador y culturista Jorge Rivero, que había debutado en la pantalla precisamente junto al Santo encarnanado al Enmascarado de Oro en El asesino invisible (René Cardona, 1964).

La acción salta en los primeros minutos de China a Nueva York donde una banda criminal calcadita a Spectra planea un sofisticado robo para duplicar las planchas originales para la impresión de dólares con cuya emisión planean desestabilizar las economías emergentes de Latinoamérica. Para que no quede la más mínima duda de la filiación bondiana, parte del sofisticado plan para sacar las planchas tiene lugar bajo el mar, como ha puesto de moda el año anterior Thunderball (Operación Trueno, Terence Young, 1965).

En la primera película, la villana está interpretada por la californiana Elisabeth Campbell, habitual del ciclo de luchadoras dirigidas por Cardona senior —Las luchadoras contra el médico asesino (1964), Las lobas del ring (1965)…— en un personaje llamado Golden Rubi. Al final de Operación 67 le entrega a Jorge, del que se ha enamorado a primera vista y por primera vez en su vida, una sortija con una esmeralda. Se la regala como recuerdo, pero la sortija contiene un microfilm con el plano para encontrar el tesoro preocolombino de Moctezuma, del que la banda pretende apoderarse en la segunda entrega. Ahora la encargada de seducir a Jorge es Maura Monti, que dos años más tarde protagonizará La mujer murciélago (René Cardona, 1968), pero los intereses amorosos de Jorge se multiplican, sin que los combates por parejas ni el contenido del microfilm parezcan preocuparle demasiado. Tanto es así que los villanos descubren la cámara del tesoro y llevan cuantas piezas pueden a un buque de guerra privado que las transportará hasta San Francisco. Hasta allí —tres planos de archivo y un decorado de Chinatown construido en un estudio azteca— los siguen en compañía de la rubia Estela (Amadee Chabot), agente de la Interpol con el nombre de “Flor de Loto”.


Las peleas no se suceden sólo en el ring o en el garaje del estadio, como en anteriores películas del Santo. Wallerstein busca escenarios espectaculares, como la Pirámide del Sol en Teotihuacan o los toriles de la Monumental de Mexico. Desde luego, los talentos reunidos de los dos Cardonas y la producción de Wallerstein no logran emular la sofisticación de la realización de Terence Young ni los dispendios en "gadgets" y escenografías espectaculares de Saltzman y Broccoli, pero se las apañan bastante bien para facturar dos productos aseaditos por el precio de uno, que den el pego en el mercado interior y sean merecedores de la atención internacional. De ahí que, como sucederá de manera mucho más evidente en Santo en el tesoro de Drácula / El vampiro y el sexo (René Cardona, 1969), se aproveche para incluir algún desnudo que no se verá en México hasta varias décadas después.

El tesoro de Drácula habría sido una más de las incursiones del Enmascarado de Plata, en el universo del fantástico post-hammeriano y psicotrónico, si no fuera porque durante años se especuló con que existía una versión porno de la misma. La investigación llevada a cabo por la sobrina-nieta del productor Guillermo "Memo" Calderón Stell para el documental Perdida (Viviana García-Besné, 2010) le condujo al descubrimiento de las latas de El vampiro y el sexo y a su posterior restauración.

Al parecer, esta doble versión para exportación, un nudie sin sexo explícito, por supuesto, obedecía a un pacto entre caballeros entre el luchador, el productor y el realizador René Cardona, que siempre negaron que tales versiones existieran. La polémica sobre los derechos de exhibicón de esta versión entre la legataria de los hermanos Calderón y los herederos del Santo, condujeron a la suspensión de su proyección en la edición de 2011 del Festival de Cine de Guadalajara.


Más allá de los planos en que el conde Alucard (Aldo Monti) desnuda a las vampiras o les acaricia los senos antes de morderlas en el cuello, ambas versiones siguen el mismo esquema argumental. Santo es, además de luchador, un eminente científico que ha inventado una máquina del tiempo cuyo diseño es extrañamente similar al de la serie de televisión The Time Tunnel (El túnel del tiempo, 1966-67). Su invención permitiría realizar investigaciones arqueológicas y recuperar tesoros del pasado que se podrían invertir en paliar las necesidades de los menos favorecidos. La bella Alicia (Noelia Noel), su prometida e hija del profesor Sepúlveda (Carlos Agosí) se ofrece a hacer de cobaya y es así como llega a la mansión -y al lecho- del conde Alucard, en los sótanos de cuya mansión convierte a cuanta muchacha se le pone a tiro de colmillo en vampira insaciable. Antes de que el pecho de Alicia sea traspasado por una estaca, el Santo la devuelve al presente y juntos acuden a la cripta donde descansa Alucard para buscar una sortija y un medallón en los que reside la clave del escondite del tesoro. Pero el Encapuchado Negro se les ha adelantado y, para recuperar la sortija, el Santo no tiene más remedio que enfrentarse al hijo del villano él en el ring. Mientras tanto, vuelto a la vida, Alucard lleva a Alicia a los sótanos de su mansión.


Si otras versiones incluían escenas más explícitas en las que, como indicaba la propaganda, "arrastra a nuestros héroes a vivir la satánica aventura con trece esculturales mujeres, frenéticas sacerdotisas del placer, que ofrecen una gama de sensuales emociones en las que nada, absolutamente nada, se oculta al espectador atento", no se encuentran en este montaje, que se ajusta a las leyes del nudie convencional.

El productor Guillermo Calderón Stell y Cardona senior perpetraron varias de estas dobles versiones. Así, Las luchadoras vs el robot asesino (René Cardona, 1969) y La horripilante bestia humana (René Cardona, 1969) se convirtieron, insertos o escenas alternativas mediante, en El asesino loco y el sexo y en El horror y el sexo, respectivamente, aunque ambas sin la presencia del Enmascarado de Plata en los créditos. [Emilio García Riera: Historia documental del cine mexicano 14 (1968-1969). México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes / Instituto Mexicano de Cinematografía, 1994.]

La otra cinta en la que tenemos constancia de que existe un montaje alternativo para exportación es Santo contra los jinetes del terror (René Cardona, 1970). La publicidad es explícita en cuanto a su morboso contenido pues lleva por título Los leprosos y el sexo. Se añaden de este modo capas genéricas sobre capas genéricas a fin de atraer a los espectadores a las salas. Porque los jinetes del terror son unos enfermos escapados de una leprosería en un deslocalizado poblado del Oeste, pero su comportamiento tiene más que ver con el de los zombies de Night of the Living Dead (La noche de los muertos vivientes, George A. Romero, ‎1968). El comisario Darío (Armando Silvestre) y el doctor Ramos (Carlos Agosti) intentan calmar a los habitantes del pueblo y organizan una partida para atraparlos y hacerlos regresar al lazareto.Mientras tanto, un grupo de facinerosos liderados por Camerino (Julio Aldama) se dedican a asaltar los ranchos, robar las cajas fuertes y asesinar a los propietarios -como han hecho con el padre de Carmen (Mary Montiel), la novia del comisario-, sabedores de que todos en el pueblo culparán a los leprosos de sus crímenes, en una trama que -enfermos aprate- remite directamente al western convencional y televisivo. Camerino los convence para que se conviertan en guardianes del botín en la Cueva del Diablo, aunque su plan es asesinarlos en cuanto hayan desvalijado a todos los hacendados. Ante la escalada de crímenes, Darío decide solicitar la ayuda del Enmascarado de Plata.

Las escenas "para adultos" podrían insertarse en la secuencia de montaje en que los fugados asaltan los ranchos próximos al pueblo, pero en el metraje convencional quedan indicios evidentes de la manipulación, como el flagrante cambio de vestuario de Carmen (Mary Montiel) en varios tramos de la secuencia en la que se despide de Darío en el porche del rancho. En unos planos aparece ataviada con una bata, en tanto que en los siguientes, sin transición ninguna, lleva el mismo recatado vestido que en la secuencia anterior.


También el desenfoque que pone fin al flashback que relata el origen del amor de Jorge (Gregorio Cassals), uno de los leprosos, por Lupe (Ivonne Govea), podría ser el preludio a una situación más explícita, que en el montaje convencional queda simplemente sugerida.


Como en el caso de El vampiro y el sexo, Santo no interviene en ninguna de estas escenas.

 
Bach Films acaba de editar en Francia un DVD con la doble verión vampírica. (Las imágenes que ilustran esta entrada proceden de copias disponibles en YouTube y no de la edición francesa, de la que sólo reproduzco el arte final de la carátula).

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