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domingo, 6 de abril de 2025

penetracion del cinemascope en españa

A pesar de que los intentos por ofrecer panorámicas más amplias que las circunscritas al cuadro estándar de la pantalla se remontan casi a los inicios del cine, es en 1953 cuando el CinemaScope lanzado por 20th Century Fox revoluciona la producción y la exhibición cinematográfica. A principios de 1953 la campaña en la prensa española es inclemente. No hay diario ni publicación especializada que logre esquivar las gacetillas que preceden al estreno en Nueva York, en el otoño de ese mismo año, de The Robe (La túnica sagrada, Henry Koster, 1953).

El nuevo sistema de pantalla ancha requiere la utilización de objetivos que permiten la compresión vertical de la imagen en un negativo estándar de 35mm, pero no es necesario trabajar con tres cámaras sincronizadas, como en el Cinerama, ni adaptar la cámara para que la película corra en sentido horizontal, como en VistaVision de Paramount, dos de los sistemas que competirán por la implantación de la pantalla ancha. Las necesidades atañen únicamente a las lentes utilizadas en el proyector para obtener imágenes en la que la proporción horizontal casi dobla la del formato académico, a la potencia de éste y a la amplitud de la pantalla. Las limitaciones en cuanto a profundidad de campo y las aberraciones en los extremos y el centro del cuadro marcan la tendencia que seguirán los productos derivados de The Robe. Esta primera producción en CinemaScope se presenta en Nueva York el 16 de septiembre de 1953 y, en Londres, tres días más tarde. Aprovechando el viaje a Europa, los responsables de la Fox convocan en París a los exhibidores y periodistas europeos interesados en el nuevo formato. No se ha elegido Francia al buen tuntún, sino que se pretende rendir tributo a Henri Chrétien, inventor del procedimiento, presente en el parisino cine Rex, dotado con una pantalla "Miracle Mirror" de 15,60 x 6,25 metros y sonido estereofónico. Asisten nueve mil espectadores por rigurosa invitación. Pedro Bistagne, director general de Hispano Foxfilm, da cuenta del acto:

Se proyectaron escenas de La túnica sagrada, technicolor que puede afirmarse que es y será la película del siglo; varias secuencias de Cómo casarse con un millonario y distintos cortometrajes realizados en Nueva York, París y Londres, de los que destacaré el rodado —sólo unas horas antes de proyectarse— en el Pall Mall de la capital inglesa, al paso del cortejo y la carroza regia el día de la coronación de Isabel II. [...] Las ráfagas de lluvia que azotaban al cortejo real parecía como si mojaran materialmente la platea. Tal es la autenticidad irreprochable de nuestro sistema CinemaScope. [J. Escalera: “En España se exhibirán muy pronto películas CinemaScope”, en Primer Plano, núm. 674, 13 de septiembre de 1953.]

La reconversión de las salas se realiza con diligencia, aunque no sin reticencias por parte de los exhibidores. Fox aprieta las clavijas a los propietarios exigiendo sonido estereofónico y pantallas homologadas, que en España llevarán el castizo nombre de “Espejo Milagroso”. Los cines de estreno se ponen al día a marchas forzadas, so pena de perderse la parte del pastel que la máquina publicitaria promete... porque en España la competencia de la televisión es todavía nula. A mediados de 1954 cinco mil salas en Estados Unidos y doscientas en Gran Bretaña ya se han adaptado en lo que a proyección y pantalla se refiere, aunque muchas se resisten a cambiar también todo el sistema de sonido. Spyros P. Skouras, el presidente de 20th Century Fox y máximo responsable de reconducir toda la producción del estudio al CinemaScope y el color, termina renunciando a sus pretensiones y anuncia que todas las películas se distribuirán con cuatro pistas de sonido magnético o, alternativamente, con una de sonido óptico, según la instalación de cada sala.

España lleva cierto retraso por las complicaciones que ofrece una economía aún autárquica para obtener los preceptivos permisos de importación. A cambio, asegura Bistagne, salvo las lentes para los proyectores, los equipos de sonido estereofónico y las pantallas podrían ser fabricados en España:

Así, no sólo Hispano Foxfilm ahorrará a nuestro erario unas divisas preciosas, sino que podrá proporcionarles muchas de aquéllas por la venta al extranjero de los accesorios CinemaScope producidos en España, los cuales resultarán, indudablemente, a un coste inferior al de los países extranjeros. [J. Escalera: “En España se exhibirán muy pronto películas CinemaScope”, en Primer Plano, núm. 674, 13 de septiembre de 1953.]

Las cuatro primeras ciudades españolas que tienen ocasión de comprobar los resultados son Madrid (Palacio de la Música), Barcelona (Fémina), Zaragoza (Rex) y Sevilla (Álvarez Quintero). Hispano Foxfilm organiza presentaciones en estos cuatro cines los días 5, 7, 10 y 14 de mayo de 1954. Las demostraciones están reservadas a “autoridades, empresarios y técnicos cinematográficos y representantes de la Prensa y la Radio”. [Demostraciones de CinemaScope en España”, en Hoja del Lunes (Madrid), 16 de abril de 1954, pág. 13.] Algunos críticos, que han tenido ocasión de ver ya películas anamórficas en los festivales de Venecia y Cannes, ponen sobre aviso a los espectadores:

El CinemaScope que ahora llega a nuestras pantallas físicamente está lleno de posibilidades, pero necesita que alguien establezca las leyes artísticas que su dimensión permite, que sepa dar a esta dimensión categoría de elemento emotivo. De lo contrario se quedará en ampliación, con todos los riesgos. [Alfonso Sánchez: “Crónica de cine: El CinemaScope”, en Hoja del Lunes (Madrid), 10 de mayo de 1954, pág. 15.]

La presentación en sesión de gala de The Robe en la Ciudad Condal tiene carácter de acontecimiento social, parangonable a la ópera o el ballet:

El Cinemascope nació a la vida de Barcelona con todos los honores, en una sala deslumbrante de suntuosas indumentarias femeninas, escoltadas por los negros trajes de etiqueta masculina. Y así debe ser, puesto que en definitiva se trata de un acontecimiento que pasará a los anales de la cinematografía y también a los de Barcelona. [“Acontecimiento cinematográfico y social”, en La Vanguardia Española, 8 de mayo de 1954. pág. 16.]


La entrada es más cara que las habituales, pero los empresarios lo justifican por el carácter excepcional de las proyecciones y por las inversiones que han debido realizar. Filmófono, la empresa del madrileño Palacio de la Música, asegura haber tenido que prescindir de trescientas butacas y haberse gastado millón y medio de pesetas en el acondicionamiento de la sala. [“La túnica sagrada, primera película en CinemaScope, en el Palacio de la Música”, en Pueblo, 7 de mayo de 1954, pág. 12.] Menos onerosa parece la adaptación de la Sala Augusta de Palma de Mallorca. Andrés Bordoy, empresario del cine asegura haberse sentido deslumbrado al ver The Robe en el Fémina y estar dispuesto a desembolsar medio millón de pesetas para poder proyectarla en su local. Eso sí, la localidad costará veinte pesetas. [“El CinemaScope en Palma”, en Baleares, 20 de mayo de 1954, pág. 7.]


El Alameda de Santander cuenta con pantalla Astrolite, según su publicidad.


Y aprovechando el verano varias salas de la península echan el cierre y realizan obras de acondicionamiento...

 

 

  

El Palacio del Cinema de Barcelona anuncia al final del verano que en su pantalla se pueden proyectar películas en "CinemaScope, Perspecta, VistaVision, 3-D, etcétera, que se irán exhibiendo a medida que las disponibilidades de cada tipo lo permitan". [Hoja del Lunes (Barcelona, 23 de agosto de 1954.]

En las navidades de 1954 se proyectan por toda la geografía española The Robe, su secuela Demetrius and the Gladiators (Demetrius y los gladiadores, Delmer Daves, 1954), Hell and High Water (El diablo de las aguas turbias Samuel Fuller, 1954) y How to Marry a Millionaire (Cómo casarse con un millonario, Jean Negulesco, 1953), además de una serie de complementos musicales rodados también en CinemaScope con sonido estereofónico, como The First Piano Quartet (Otto Lang, 1954) y The Roger Wagner Chorale (1954). Fox produce otros cortometrajes con asuntos turísticos o espectaculares, pero los distribuidores españoles prefieren, como hemos visto, que estos acontecimientos revistan la máxima solemnidad.

Además, Fox llega a acuerdos con casi todos los estudios, salvo con Paramount, que amenaza su política monopolística con el VistaVision —presentado en España en abril de 1955 con White Christmas (Navidades blancas, Michael Curtiz, 1955)—, y con RKO, que apuesta por otro desarrollo propio: el SuperScope. M-G-M arranca su producción en CinemaScope con Knights of the Round Table (Los caballeros del rey Arturo, Richard Thorpe, 1953), rodada en Gran Bretaña; Disney con 20,000 Leagues Under the Sea (20.000 leguas de viaje submarino, Richard Fleischer, 1954); Warner con The Command (Retaguardia, David Butler, 1954); Universal con The Black Shield of Falworth (Coraza Negra, Rudolph Maté, 1954). United Artists y Columbia deberán esperar a 1955. [Sheldon Hall: “Alternative versions in the early years of CinemaScope”, en John Belton et al. (eds.): Widescreen Woldwide. John Libbey Publishing, 2010, pág. 114.]

Para no dejar escapar la presa en la que 20th Century Fox tiene invertido todo su capital, Skouras hace una gira en diciembre por Europa —donde hay ya cinco mil salas adaptadas— y hace escala en Barcelona. Su discurso es netamente anticomunista: habla de España y Estados Unidos como aliados “contra el enemigo secular de la civilización”. [“Llega a Barcelona míster Spyros P. Skouras, presidente de 20th Foxfilm Corporation”, en Primer Plano, núm. 740, 17 de diciembre de 1954.] En el encuentro, en el que actúa como anfitrión Pedro Bistagne, participan empresarios, cineastas, actores... Skouras afirma que España lleva cierto retraso, ya que en ese momento sólo hay dieciocho salas operativas, aunque un centenar más están en proceso de reforma. Además, pretende fomentar la producción autóctona. Esta producción no estaría subvencionada por la major, pero ésta cedería un técnico y los objetivos por el módico precio de cuatrocientas mil pesetas. Conrado San Martín pregunta si la Fox está dispuesta a distribuir las películas españolas rodadas en CinemaScope y, ante la respuesta afirmativa de Skouras, declara rotundo:

—Pues he de manifestarle que la película se realizará muy pronto en coproducción con Italia. Así que cuento con esta promesa.

El actor-productor no logar realizar la combinación con Italia —o el tema de Sin la sonrisa de Dios (Julio Salvador, 1955), coproducción entre Laurus Films y Titanus, desconseja la espectacularidad de la pantalla ancha— y son los productores y directores de La gata (Margarita Alexandre y Rafael M. Torrecilla, 1956) quienes se llevan al agua el gato del primer CinemaScope nacional. Les disputa la primacía aquella aventura malhadada de José Luis e Isidro Sáenz de Heredia: la coproducción hispano-británica La princesa de Éboli / That Lady (Terence Young, 1955), cuyos exteriores se filman en España —El Escorial, Segovia, Salamanca...— en junio de 1954 y en cuyo reparto participan José Nieto, Adriano Domínguez y Fernando Sancho. La cinta se basa en una novela de la irlandesa Kate O’Brien que cuenta la relación entre Felipe II, su secretario, Antonio Pérez, y la princesa de Éboli (Paul Scofield, Gilbert Roland y Olivia de Havilland). La prensa local destaca que es una novela “escrita con bastante dignidad” y que “tanto el guión como el diálogo se han sometido a la censura española”. [Hoja del Lunes (Burgos),12 de octubre de 1953, pág. 3.]

Los avatares de la doble versión casi permiten hablar de una película española al ciento por ciento por escasa que fuera la participación económica hispana, puesto que el montaje y doblaje distribuido por la doméstica Orbi Films sólo se vio al sur de los Pirineos. En el resto del mundo la cinta realiza su recorrido comercial de la mano de 20th Century Fox. Se trata por tanto de una producción británica, avalada por un gran estudio estadounidense, con fotografía de un australiano formado en las producciones en Technicolor de Alexander Korda —Robert Krasker— y una pequeña participación española que cuesta sangre, sudor y lágrimas a la diplomacia local y más de un berrinche con la administración a Sáenz de Heredia. Los rifirrafes con la censura, primero por el guión, luego por algunas escenas inconvenientes y, por último, por el doblaje provocaron el consiguiente escándalo en la prensa extranjera, por lo que la censura española se vio obligada a concederle el nihil obstat en marzo de 1955. Lo que ya no se podía evitar era que la versión internacional siguiera la pauta previamente pactada y se considerara por parte del régimen como la resurrección de la Leyenda Negra. [Rafael de España: “Las dos caras del fotograma: el curioso caso de That Lady (1955), también conocida como La princesa de Éboli”, en el II Congreso Internacional de Historia y Cine: La biografía fílmica. Madrid: Universidad Carlos III, 2010.]

La cinta se estrena el 4 de marzo de 1953 en el Palacio de la Música con el lema de "primera producción española en CinemaScope", por mucho que la participación de Chapalo Films sea tan minoritaria que durante la fase de producción ni siquiera se menciona. El rodaje de La gata no comienza hasta el 16 de agosto. Los productores estiman entonces un gasto cercano a los diez millones de pesetas con la participación de Hispano Foxfilm como distribuidora. Gracias a este contacto Rafael María Torrecilla apunta en la memoria del proyecto que...

El rodaje será realizado por el auténtico sistema CinemaScope que la firma 20th Century Fox tiene en exclusiva para el mundo. Nervión Films ha firmado el oportuno contrato con la mencionada empresa americana para el arrendamiento de los objetivos especiales para el rodaje de dicho procedimiento como así mismo, los asesoramientos técnicos precisos que garanticen el perfecto empleo de los mismos. [Archivo General de la Administración, caja 36/04760.]

El negativo y el positivo Eastmancolor se importan de Estados Unidos. La cámara es una veterana Super-Parvo, modificada para recibir los objetivos anamórficos originales de Bell & Howell que proceden de la delegación londinense de la Fox. Sin embargo, la abundancia de planos rodados en los cercados, entre reses bravas, aconsejan utilizar una cámara más manejable, por lo que estas escenas se ruedan con un cuerpo de cámara de Arriflex procedente de Alemania.

Aurora Bautista deja de lado a las heroínas apasionadas de Locura de amor (Juan de Orduña, 1948) y Agustina de Aragón (Juan de Orduña, 1950), recupera a su pareja de Pequeñeces (Juan de Orduña, 1950) y agotada su exclusiva con Cifesa se lanza a la creación de esta María “la gata”, hija del mayoral de un cortijo de cría de reses de lidia (José Nieto) al que llega un macho desbravador de potros bravos (Jorge Mistral). Aunque hay un muchacho y otra mujer interesados en ellos, María y Juan “se abrasan en el mismo fuego”, como le dice él la noche que la seduce toreando a la luz de la luna. Sin renunciar a ninguno de los rasgos característicos del drama rural, La gata se quiere tragedia andaluza y a eso contribuye su estructura circular y la presentación desde los mismos títulos de crédito del protagonista masculino como un jinete errante que debe purgar su culpa en la solitaria noche del alma. Nocturnas son las escenas de la seducción de María y la del enfrentamiento con el joven Joselillo (Felipe Simón). En cambio, las del trabajo en los campos y el encierro de los toros, tienen lugar a plena luz del sol. Mariné se muestra siempre imaginativo en los encuadres y subraya con efectos de luz la pasión que siente “la gata” a lo que ayuda el vestuario de Aurora Bautista, que la envuelve de rosa sensual para la presentación, amarillo fuerte en las escenas de desafío y rojo violento en la resolución.
Aunque la actriz aseguraba en sus memorias que nunca rodó una escena más explícita en el granero y que la doble versión fue cosa del distribuidor francés, lo cierto es que la brusquedad del corte en la secuencia del granero habla bien a las claras de la intervención de la Censura española.

Sólo un puñado más de películas con financiación española —casi siempre en coproducción— se rodaron con las lentes de CinemaScope: Alejandro el Magno / Alexander the Great (Robert Rossen, 1956), Torrepartida (Pedro Lazaga, 1956), El cantor de México / Le chanteur de Mexico (Richard Pottier, 1957), Los amantes del desierto / Gli amanti del deserto (Alessandrini, Cerchio, Vernuccio y Klimovsky, 1957), las hispano-mexicanas Sueños de oro / El gran espectáculo (Miguel Zacarías, 1957) y Maricruz / Sueños de oro (Miguel Zacarías, 1957), las hispano-italianas Buenos días, amor / Amore a prima vista (Franco Rossi, 1958) y Soledad / Soledad (Enrico Gras, Mario Craveri, 1959), María, matrícula de Bilbao (Ladislao Vajda, 1960), Gaudí (José María Argemí, 1960), la hispano-argentina Los inocentes (Juan Antonio Bardem, 1963), Jandro (Julio Coll, 1964) y Los pistoleros de Casa Grande / Gunfighters of Casa Grande (Roy Rowland, 1964). Los sistemas anamórficos italianos y franceses se impusieron.

En mayo de 1957, tercer aniversario de las primeras proyecciones del CinemaScope en España, las salas adaptadas son ya mil seiscientas, ocupando el cuarto puesto en Europa, sólo por detrás de Italia, Alemania y Francia. [“Tercer aniversario del CinemaScope”, en Primer Plano, núm. 866, 19 de mayo de 1957.] Hacia 1958 las lentes anamórficas diseñadas por Panavision empiezan a desplazar en el mercado a las creadas por Bausch & Lomb para la Fox. Otros sistemas de pantalla ancha, como el Todd-AO o los proyectados en 70mm desplazan al CinemaScope. In Like Flint (F de Flint, Gordon Douglas, 1967) es la última película en cuyos créditos aparece la marca CinemaScope.

Pero la pantalla ancha ha llegado para quedarse y el formato académico (1,37:1) queda definitivamente desterrado, como no sea para producciones televisivas.

Las imágenes que ilustran la entrada son clichés de prensa publicados en diarios españoles.

domingo, 30 de abril de 2023

la buena caligrafía de josé maría forqué (4)

El reconocimiento oficial a Embajadores en el infierno (1956) propicia el salto de Forqué a un proyecto más ambicioso que será la primera de las tres películas que escriba con Alfonso Sastre: Amanecer en Puerta Oscura (1957). Un poco en la estela de Carne de horca (Ladislao Vajda, 1953), pero con una potente fotografía en color de Cecilio Paniagua, el guión de Forqué y Alfonso Sastre sitúa el origen del conflicto en la explotación de los trabajadores de una mina por parte de los propietarios. Eso sí, estos son ingleses y la acción se sitúa en el siglo XIX para que la Censura no ponga demasiadas trabas. Pero esto es simplemente la chispa que enciende la mecha de una cinta en que los dos huidos se unen a un bandolero perseguido por la Guardia Civil. Modos de wéstern para una historia profundamente española. Luis Peña, José Marco Davó y, sobre todo, Paco Rabal ofrecen interpretaciones tensas y muy convincentes. Supone el intento de retomar el filón del cine social camuflado de otra cosa, como hiciera Antonio del Amo con Sierra maldita (1954). El elemento religioso es el peaje que Forqué y Alfonso Sastre tuvieron que pagar para sacar adelante el proyecto: el “juicio divino” que librará a uno de los reos de la muerte es uno de los momentos antológicos del cine español. Obtuvo el Oso de Plata en el Festival de Berlín.

Sobre la participación de la falangista Natividad Zaro en el guión, hay sus más y sus menos. Lo que tampoco se le puede negar es el riesgo que asumió siempre como productora con su marca, Atenea Films.

Se quejaba Forqué de que después de este éxito estuvo dos años en barbecho. No es cierto, pero hasta que se convierta en el realizador de cabecera de la primera etapa de As Films con Maribel y la extraña familia (1960), lo característica más relevante de este tramo de su carrera es el cambio de productoras. La noche y el alba (1958) está financiada por Europea de Cinematografía, Un hecho violento (1959) por un aventurero estadounidense y la Nervión Films de Margarita Alexandre y Rafael M. Torrecilla, en tanto que De espaldas a la puerta (1959) es un proyecto de la Halcón P.C. de Vicente Sempere para Chamartín que Ladislao Vajda, el realizador de la casa, no puede dirigir por problemas de agenda.

Vamos con La noche y el alba, un guión escrito de nuevo junto a Alfonso Sastre que se adscribe a los postulados del PCE sobre la reconciliación nacional. Ya vimos hace unas semanas el planteamiento: un empresario ambicioso (Vilar) y un fotógrafo alcohólico y maltratador (Rabal) como posibles sospechosos de la muerte de una joven (Rosita Arenas). La mujer del empresario (Zully Moreno) intenta convencerlo de que asuma su responsabilidad. Los tres acuden a la fábrica, donde el directivo espera convencer al sospechoso para que abandone el país. Podría pasar a Francia por el Pirineo. Es entonces, cuando surge el subtexto del relato. Pedro ya tuvo que abandonar España veinte años atrás como soldado de la República derrotado. Carlos podría haber acabado con él entonces, puesto que se encontraba en el bando contrario. La sociedad española se ha construido a partir de esta derrota. Los vencedores han ocupado los puestos de poder y los perdedores de entonces, siguen siendo los derrotados de ahora. El “mensaje” constituye, pues, el alma de La noche y el alba, una película a la que José María Forqué, con la colaboración de Cecilio Paniagua en la fotografía y Gil Parrondo en la dirección artística, se esfuerza por dotar de motivos visuales potentes —los peces, la fábrica en construcción...— que sirvan de compensación al diálogo de fuerte impronta literaria escrito por Alfonso Sastre, a partir de un argumento de éste y de Mariano Ozores. O sea, que La hora incógnita (1964) no resulta tan anómala en su filmografía como a primera vista pudiera parecer.

Paul Burton, capitalista en la producción del film Hecho violento que Nervión Films venía realizando días pasados bajo la dirección de José María Forqué, ha desaparecido misteriosamente de Madrid, provocando el consiguiente estupor entre los elementos de la productora.
Según parece, la esposa de Mr. Burton y Margarita Alexandre, discutieron acaloradamente una secuencia do la película, en la que intervienen como actores el norteamericano Richard Morse, la actriz Adelina Carr [Mabel Karr] y una nueva promesa del cine español, Enrique Ávila. El rodaje de la jornada concluyó, sin embargo, felizmente Al día siguiente de este pequeño suceso, el equipo echó de menos la presencia del capitalista, y cuando telefonearon al Hotel Castellana Hilton para ponerse en contacto con él, fueron informados de la sorprendente noticia.En consecuencia, el rodaje de Hecho violento ha tenido que suspenderse por falta de numerario. Pueden ustedes imaginarse el estado de ánimo de los actores, que han visto diluirse como por arte de magia el dinero de sus contratos. Nadie supone la causa real que ha motivado la huida de Mr. Burton, porque es pueril creer que su marcha se debe a una simple discusión de su esposa con Margarita Alexandre. Como es lógico, se supone que el capital del americano sólo existía en su imaginación, por lo que tuvo que recurrir al hecho violento de dejar empantanados a actores y técnicos.[Fernando Montejano: “Hecho violento en el rodaje de Hecho violento”, en Nueva Rioja, 4 de septiembre de 1958.]

Aseguraba Margarita Alexandre que Rafael Torrecilla y ella habían asumido la producción de Un hecho violento con su marca, Nervión Films, a instancias de un modesto productor estadounidense que, como tantos otros, había decidido rodar la película en España debido a los bajos costes de producción. Pero mientras otros se decantaban por el color local o el paisaje, lo curioso de esta crónica escrita en primera instancia por un tal P.B. Mecur —el mismo productor, a juzgar por sus iniciales— sobre la condena de un inocente recién casado en Estados Unidos es que pretendiera recrear en Málaga un ambiente netamente norteamericano. Y lo mejor que se puede decir de ella es que lo logra en lo epidérmico. No en vano, Forqué ya había transitado por caminos análogos en La legión del silencio (1955), codirigida con Nieves Conde, y Embajadores en el infierno (1956). Con esta última hay más de un punto en común, aunque la influencia más evidente sea la del cine social de la Warner Bros., al modo de I Am a Fugitive from a Chain Gang (Soy un fugitivo, Mervyn LeRoy, 1932). Claro que el final de Un hecho violento es mucho más acomodaticio: el sistema funciona y es capaz de depurar a los indeseables que han olvidado el carácter regenerador de los penales de trabajos forzados. Se salvan de la ingenuidad algunas escenas de castigos físicos, puestos en escena con la debida brutalidad, y la larga escena de la fuga en la que predominan la acción y el montaje. Disfrutar de la interpretación de Marsillach como sádico jefe del campo de prisioneros entra ya en el terreno de los placeres culpables.

De espaldas a la puerta constituye un nuevo cambio de productora. Patricia (Elisa Loti) no se llama Patricia; se llama María. Claro que si en su pueblo se enteraran de a qué se dedica... Ella quería ser artista. Bailarina. Un día se escapó de casa y se enroló en un espectáculo de variedades itinerante.  Figúrense una de esas carpas tipo la del Teatro Chino de Manolita Chen. Total que se vino a Madrid, a “La Ratonera de Oro”, un club que regenta con mano de hierro doña Luisa (Irene López Heredia), vieja, seca y coja como ella sola. Las lecciones se aprenden el primer día: hay que bailar una coreografía contemporánea, pero también hay que alternar con los clientes, hacerles consumir y tenerlos contentos. Además hay que esquivar a las compañeras con más callo. Lola (Emma Penella) es de las que no pasan una. Bueno, pues en esta su primera noche de alterne, Patricia (Elisa Loti) es apuñalada por una mano misteriosa. Uno de los sospechosos es Ramón “El Fantasías” (Luis Peña), estafador profesional y granuja de medio pelo. Luis Peña, que había sido galán heroico en la posguerra, realiza durante estos años un buen puñado de papeles de composición con una hondura aprendida probablemente en las tablas. Este tipo patético que suplica, negocia, se escabulle, trapichea incluso con la policía, se humilla, chivatea y es capaz de gastarse seis mil pesetas con las chicas, es el personaje más verdadero de todo el reparto. Un policía escéptico (Luis Prendes) y su ayudante (José Luis López Vázquez) deben esclarecer el caso mientras la chica permanece entre la vida y la muerte. Una pirueta dramática obliga a que toda la acción tenga lugar en el club a lo largo de la noche. Interrogatorios, vueltas atrás en el tiempo, coartadas que el inspector desarma... La pesquisa policial y la descripción de la fauna que se da cita en el cabaret cada noche van de la mano. En intentar conjugar estos dos diferentes registros pone Forqué todo su empeño. Buena prueba de ello es una reconstrucción plena de suspense al ritmo del taconeo de La Chunga.

Sempere y Forqué aprovechan la contratación de la bailaora para registrar en Technicolor algunas danzas —alegrías, bulerías, y una rumba catalana— reunidas en el cortometraje Baila La Chunga (1959).

Apegado aún al humanismo trascendente que le ha valido para pasar del sainete al anticomunismo y, de ahí, a un cine social emboscado en envoltorios genéricos, Forqué escribe en Film Ideal:

Más y más el cine es arte de multitud; más y más se comprende su tremenda influencia y quizá esta gloria sea su más serio peligro. Difícilmente va a poder evadirse el cine de las influencias políticas, de conveniencia colectiva, de su servicio a ideas y principios de todo tipo. Hay una mística de cine que remueve los sentimientos; el cine es hoy lo que sustituye al antiguo “misterio” que congregaba multitudes y lo que dice, poco a poco, se va sometiendo a las necesidades comunes, a la doctrina del bien común. El cine es hoy el más “católico” de los medios de expresión, el más “social” el más “político”. De aquí su trascendencia. [“Coloquio sobre cine y literatura”, en Film Ideal, núm. 60, 15 de noviembre de 1960, pág. 13.]

domingo, 1 de agosto de 2021

geografía de una ciudad perdida

Volveremos sobre La ciudad perdida / Terroristi a Madrid (Margarita Alexandre y Rafael M. Torrecilla, 1956) por cuenta de las diferencias notables entre las versiones española e italiana y sus vicisitudes censoriales. No resultan extraños estos tropiezos porque la película narra las últimas veinticuatro horas de un derrotado de la Guerra Civil que regresa al Madrid que hubo de abandonar en 1939 para cometer un atentado. Abortada la operación, su necesidad de reconciliarse con su propio pasado le lleva a recorrer "la ciudad perdida" en un trayecto que resulta más coherente en la versión española que en la italiana, de la que tromamos las imágenes que confrontamos con la configuración urbana actual en un trayecto paralelo al del protagonista...

Puerta de Hierro

Puente de la Virreina

Estación del Norte, hoy Príncipe Pío

Onésimo Redondo con Bailén, hoy Cuesta de San Vicente

Hotel Crillón, en una de las esquinas de la Plaza de España
con la Avenida José Antonio, hoy Gran Vía

Plaza de toros de Las Ventas

Exterior e interior de la Cafetería California,
n la Avenida José Antonio, 69, hoy Gran Vía

Puerta del Sol

y vuelta a la Plaza de España, con protagonismo del Edificio España,
cuyo destino ha sufrido varios vaivenes en los últimos años

Plaza del Cordón

Calle Alfonso XII, tapias del Jardín Botánico

Calle Alfonso XII, a la altura del Ministerio de Agricultura

La Tasquita, supuestamente en los aledaños de Atocha;
pendiente de identificación

Garaje Villanueva, en la calle del mismo nombre, número 17

Universal Cinema, en la esquina de la Plaza de Roma con Doctor Esquerdo

 
La antigua Estación del Niño Jesús o del tren de Arganda,
hoy Menéndez Pelayo, 36