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domingo, 7 de junio de 2026

censura opusdeísta para cottafavi

El éxito mundial de Quo Vadis (Quo Vadis, Mervyn LeRoy, 1951) y The Robe (La túnica sagrada, Henry Koster, 1953), y el traslado de parte del star system hollywoodense a Cinecittà favoreció la resurrección de un cine “de romanos” que Italia había cultivado durante el silente y que Alessandro Blasetti había revalidado en 1949 con Fabiola como alternativa espectacular al neorrealismo.

Pero antes de la irrupción de la fantasía en el género por cuenta de gladiadores invencibles, forzudos sin tasa y héroes mitológicos, éste constituyó un caldo de cultivo idóneo para la producción de un cine popular que siguiera las directrices de la encíclica papal Vigilanti cura (1936), que no sólo invitaba a las organizaciones católicas a forzar la censura administrativa de las películas heterodoxas, sino que animaba a los financieros católicos a la producción de obras cinematográficas pías. El entramado, que incluía al propio Vaticano y a empresas afines, encontró un nuevo filón en las coproducciones, a las que se apuntaron compañías españolas de la órbita del Opus Dei, como Yago Films. Esclavas de Cartago / Le schiave di Caratagine (Guido Brignone, 1956) es fruto de estos tejemanejes religioso-económicos.

Prueba de que no se trata de un hecho aislado, sino de una estrategia en toda regla será que las dos coproducciones del subgénero en las que interviene Sergio Leone —Los últimos días de Pompeya / Gli ultimi giorni di Pompei (1959) y El coloso de Rodas / Il colosso di Rodi (1961)— sean coproducidas por Procusa. Esta misma empresa intervino en Goliat contra los gigantes / Goliath contro i giganti (Guido Malatesta, 1961).

De las empresas españolas que cultivaron el peplum con cierta consistencia apenas escapa a la órbita opusdeísta Atenea Films, la compañía de Natividad Zaro, partícipe en la fundación del Teatro Nacional de Falange durante la Guerra Civil y romana de adopción por su relación con el falangista Eugenio Montes. No obstante, colaborará con Estela Films en la financiación de Las legiones de Cleopatra / Le legioni di Cleopatra / Les légions de Cléopatre (Vittorio Cottafavi, 1959).

Otros proyectos del cambio de década fueron promovidos también por Procusa con la italiana Domiziana Internazionale y la alemana International Germania Film, de cuyas peculiares relaciones ya hablamos por cuenta de las coproducciones hispano-alemanas de primera hora. Reproducíamos entonces las palabras de José María Otero, productor ejecutivo de la firma española:

Productores Cinematográficos Unidos, S.A. —más conocida como PROCUSA— era una empresa formada por personas de las más diversas procedencias e ideas: Gonzalo Fernández de la Mora, Torcuato Luca de Tena, Alberto Ullastres; Eduardo de la Fuente, antiguo republicano, era el director general de Producción. [...] Aparte de que Fernando Lázaro o José María Villota fuesen del Opus Dei, este hecho no trascendía a la empresa, pertenecía al ámbito personal. Los ejecutivos teníamos cada uno nuestras opiniones y total independencia. El ambiente era absolutamente profesional y la única orientación era producir un cine internacional de calidad, y dar oportunidad a los jóvenes con cortometrajes. [José María Caparrós Lera: Cinema y vanguardismo. Documentos Cinematográficos y Cine-Club Monterols (1951-1966). Barcelona: Flor del Viento, 2000, págs. 126-127.]

El mentís es desmentido a su vez por Jorge Grau, que cuenta en su biografía cómo el padre Jesús Urtega visaba desde la sede de la Obra en Madrid cuantos proyectos pasaban por las productoras afines a la organización. [Jordi Grau: Confidencias de un director descatalogado. Madrid: Calamar Ediciones, 2014, pág. 68.] 

También nos acercamos a la complicidad con la censura oficial de Ariel, otra empresa del ámbito opusdeísta, en perjuicio de la obra de Luis G. Berlanga. A este entramado se suma la distribuidora Dipenfa Filmayer, surgida de la fusión de Distribuciones Peninsular Films con la recién creada por un consorcio en el que están Ariel, Yago, Estela y Rodas P.C. La compañía ha distribuido la trilogía en Agfacolor protagonizada por la emperatriz Sissi (Sissí, Ernst Marischka, 1955-1957) y la primera película de Walt Disney en CinemaScope, Lady and the Tramp (La dama y el vagabundo, Clyde Geronimi, Wilfred Jackson y Hamilton Luske, 1955), así que ya vemos por dónde van los tiros.

Hoy me gustaría profundizar un poco en la censura industrial —¿o ideológica?— que, desde la propia productora y desde la distribuidora, y no desde la Administración, se ejerció sobre Los cien caballeros / I cento cavalieri / Die hundert Ritter (1964), la última película de Vittorio Cottafavi.

La cinta se rueda en España, en Techniscope, durante el verano de 1964 y el 29 de diciembre se presenta a censura en Italia. La Direzione Generale dello Spettacolo le otorga el nihil obstat en los primeros días de 1965 con un metraje autorizado de 3.200 metros; aproximadamente 115 minutos. En Roma se estrena el 21 de mayo de 1965. Escribe entonces Adriano Aprà...

Aunque Los cien caballeros es otra película de aventuras como las que el público ha apreciado en el pasado, Cottafavi no ha olvidado los recursos dramáticos brechtianos de su trabajo televisivo: ha subrayado la peculiar estructura de la película, con su constante alternancia entre escenas cómicas y dramáticas, entre aventuras e ideología. Hacia el final, cuando las dos facciones rivales (los árabes y los españoles) se enfrentan al aire libre, Cottafavi rechaza la tradición del cine de aventuras que espera que el público participe en la batalla como entusiasta partidario de los buenos. Y lo ha hecho simplemente eliminando el color: lo único que queda es una confusa sucesión de cadáveres y matanzas que coloca al espectador en una posición distante, permitiéndole contemplar la guerra como un mal, aunque, por el momento, sea un mal necesario. Con el regreso del color, sigue una escena magnífica, dominada por el amarillo de las espigas que los españoles (ahora en paz) cosechan. La concisión de este pasaje de transición pone de relieve el nexo lógico que une las dos secuencias: la guerra es una masacre (blanco/negro), pero ha conducido a la paz (color). Sin embargo, esta conexión entre imaginario e ideología no constituye una parte integral de la película. A lo largo del metraje de Los cien caballeros uno siente que el debate ideológico se superpone a la peripecia pictórica, como si Cottafavi hubiera hecho un intento experimental de resucitar el género. [Adriano Aprà, en Movie, núm. 13, verano de 1965, pág. 42.]

El 20 de marzo de 1965, pasa por la Junta de Clasificación y Censura española y obtiene la mejor clasificación posible: Primera A. Pero su exhibición queda restringida a los espectadores mayores de catorce años. Fernando Lázaro Romeo, director-gerente de Procusa, interpone un recurso en el que desarrolla la siguiente argumentación:

La película en cuestión se limita aparentemente a desarrollar las clásicas luchas entre buenos y malos, similares a las de otras producciones clasificadas como aptas para todos los públicos; la trama amorosa que se desarrolla en la misma es ingenua y limpia, y en cuanto a las escenas de torturas están efectuadas con humor y con un contrapunto irónico, de forma que creemos no pueden perjudicar la formación moral de los espectadores menores de catorce años.
Por otra parte, este contrapunto irónico y la carencia de toda sugestión hipnótica, de la que tanto se han lamentado los sicólogos de cine [sic], desaparece en buena parte en este film. Igualmente creemos que los valores morales que contiene esta película en cuanto a justificación de una coexistencia pacífica, valoración del espíritu cristiano y condena de la guerra pueden ser, dado el tratamiento crítico y humorístico, adecuados para la formación de todos los públicos.

Pero lo interesante viene después, como una especie de coda, antes de solicitar formalmente la revisión de la clasificación por edades...

De todas formas, si la referida Junta estimase que algunas escenas de la película no conviene sean vistas por los menores de catorce años, la Productora que represento estaría dispuesta a suprimir las que el superior criterio de dicha Junta estimase perjudiciales o nocivas. [Archivo General de la Administración, caja 36/04133.]

El recurso no encuentra el eco buscado porque la película ha sido autorizada “sin adaptaciones”; hablando en plata: sin cortes. Pero la maldición ya ha caído sobre ella. Cuatro meses más tarde Dipenfa Filmayer, la distribuidora del consorcio opusdeísta, solicita realizar cortes de cara al estreno “por necesidades de tiempo y comercialidad”. Algo parecido han debido pensar en Alemania, donde se ha presentado una versión de 88 minutos. ¿Es la misma que se ha estrenado en algunos cines de Italia, con la batalla íntegramente en color para evitar efectos distanciadores? ¿O los cortes van por barrios?

El 9 de agosto, Juan Ignacio de Blas contesta a la distribuidora y comunica a la Dirección General de Cine en nombre de Procusa, que la productora autoriza los cortes propuestos. Casi dos horas de película parecen excesivas a los distribuidores, que se disponen a amputar media hora, como han hecho en algunas ciudades de Italia con el consiguiente escándalo. Llueve sobre mojado. La respuesta de Vittorio Cottafavi y de José María Otero no se hace esperar. Éste escribe a Florentino Soria, subdirector general de Cinematografía, en su condición de coguionista y no como integrante de Procusa, para que vele por la integridad de la obra: “Considero que estos cortes deforman totalmente el significado y el valor del film e intentan convertirlo en una simple historia de Maciste”. Mientras tanto, Cottafavi dirige desde Roma un telegrama a José María García Escudero, el director general:

señor director solicito su autorizada intervención para proteger la integridad de mi última película los cien caballeros que el distribuidor dipenfa pretende cortar en sus partes más significativas y morales deformando totalmente el significado de la obra stop mi agradecimiento al cine español que me ha permitido hacer una película que considero la mejor de mi carrera será ilimitado si la protege de manipulaciones que me obligarían a eliminen mi nombre de los títulos y a protestar a través de la prensa stop reciba señor director desde ahora mismo mi profundo reconocimiento y reciba los más respetuosos saludos de su affmo vittorio cottafavi [ibidem, traducción propia]

Hasta donde se nos alcanza, las protestas y amenazas surtieron efecto y la obra pudo estrenarse íntegra en España, a pesar de la disposición de Procusa a meterle la tijera a una película cuyo tratamiento brechtiano resultaba incómodo para quienes no querían más que una cinta de aventuras, con decorados suntuosos en Techniscope y una realización correcta. Harto de estas batallas inanes, Cottafavi se refugia a partir de entonces en la televisión. [Adriano Aprà, Giulio Bursi y Simone Starace (eds.): Ai poeti non si spara. Vittorio Cottafavi tra cinema e televisione. Bolonia: Cineteca di Bologna, 2011.]

domingo, 6 de abril de 2025

penetracion del cinemascope en españa

A pesar de que los intentos por ofrecer panorámicas más amplias que las circunscritas al cuadro estándar de la pantalla se remontan casi a los inicios del cine, es en 1953 cuando el CinemaScope lanzado por 20th Century Fox revoluciona la producción y la exhibición cinematográfica. A principios de 1953 la campaña en la prensa española es inclemente. No hay diario ni publicación especializada que logre esquivar las gacetillas que preceden al estreno en Nueva York, en el otoño de ese mismo año, de The Robe (La túnica sagrada, Henry Koster, 1953).

El nuevo sistema de pantalla ancha requiere la utilización de objetivos que permiten la compresión vertical de la imagen en un negativo estándar de 35mm, pero no es necesario trabajar con tres cámaras sincronizadas, como en el Cinerama, ni adaptar la cámara para que la película corra en sentido horizontal, como en VistaVision de Paramount, dos de los sistemas que competirán por la implantación de la pantalla ancha. Las necesidades atañen únicamente a las lentes utilizadas en el proyector para obtener imágenes en la que la proporción horizontal casi dobla la del formato académico, a la potencia de éste y a la amplitud de la pantalla. Las limitaciones en cuanto a profundidad de campo y las aberraciones en los extremos y el centro del cuadro marcan la tendencia que seguirán los productos derivados de The Robe. Esta primera producción en CinemaScope se presenta en Nueva York el 16 de septiembre de 1953 y, en Londres, tres días más tarde. Aprovechando el viaje a Europa, los responsables de la Fox convocan en París a los exhibidores y periodistas europeos interesados en el nuevo formato. No se ha elegido Francia al buen tuntún, sino que se pretende rendir tributo a Henri Chrétien, inventor del procedimiento, presente en el parisino cine Rex, dotado con una pantalla "Miracle Mirror" de 15,60 x 6,25 metros y sonido estereofónico. Asisten nueve mil espectadores por rigurosa invitación. Pedro Bistagne, director general de Hispano Foxfilm, da cuenta del acto:

Se proyectaron escenas de La túnica sagrada, technicolor que puede afirmarse que es y será la película del siglo; varias secuencias de Cómo casarse con un millonario y distintos cortometrajes realizados en Nueva York, París y Londres, de los que destacaré el rodado —sólo unas horas antes de proyectarse— en el Pall Mall de la capital inglesa, al paso del cortejo y la carroza regia el día de la coronación de Isabel II. [...] Las ráfagas de lluvia que azotaban al cortejo real parecía como si mojaran materialmente la platea. Tal es la autenticidad irreprochable de nuestro sistema CinemaScope. [J. Escalera: “En España se exhibirán muy pronto películas CinemaScope”, en Primer Plano, núm. 674, 13 de septiembre de 1953.]

La reconversión de las salas se realiza con diligencia, aunque no sin reticencias por parte de los exhibidores. Fox aprieta las clavijas a los propietarios exigiendo sonido estereofónico y pantallas homologadas, que en España llevarán el castizo nombre de “Espejo Milagroso”. Los cines de estreno se ponen al día a marchas forzadas, so pena de perderse la parte del pastel que la máquina publicitaria promete... porque en España la competencia de la televisión es todavía nula. A mediados de 1954 cinco mil salas en Estados Unidos y doscientas en Gran Bretaña ya se han adaptado en lo que a proyección y pantalla se refiere, aunque muchas se resisten a cambiar también todo el sistema de sonido. Spyros P. Skouras, el presidente de 20th Century Fox y máximo responsable de reconducir toda la producción del estudio al CinemaScope y el color, termina renunciando a sus pretensiones y anuncia que todas las películas se distribuirán con cuatro pistas de sonido magnético o, alternativamente, con una de sonido óptico, según la instalación de cada sala.

España lleva cierto retraso por las complicaciones que ofrece una economía aún autárquica para obtener los preceptivos permisos de importación. A cambio, asegura Bistagne, salvo las lentes para los proyectores, los equipos de sonido estereofónico y las pantallas podrían ser fabricados en España:

Así, no sólo Hispano Foxfilm ahorrará a nuestro erario unas divisas preciosas, sino que podrá proporcionarles muchas de aquéllas por la venta al extranjero de los accesorios CinemaScope producidos en España, los cuales resultarán, indudablemente, a un coste inferior al de los países extranjeros. [J. Escalera: “En España se exhibirán muy pronto películas CinemaScope”, en Primer Plano, núm. 674, 13 de septiembre de 1953.]

Las cuatro primeras ciudades españolas que tienen ocasión de comprobar los resultados son Madrid (Palacio de la Música), Barcelona (Fémina), Zaragoza (Rex) y Sevilla (Álvarez Quintero). Hispano Foxfilm organiza presentaciones en estos cuatro cines los días 5, 7, 10 y 14 de mayo de 1954. Las demostraciones están reservadas a “autoridades, empresarios y técnicos cinematográficos y representantes de la Prensa y la Radio”. [Demostraciones de CinemaScope en España”, en Hoja del Lunes (Madrid), 16 de abril de 1954, pág. 13.] Algunos críticos, que han tenido ocasión de ver ya películas anamórficas en los festivales de Venecia y Cannes, ponen sobre aviso a los espectadores:

El CinemaScope que ahora llega a nuestras pantallas físicamente está lleno de posibilidades, pero necesita que alguien establezca las leyes artísticas que su dimensión permite, que sepa dar a esta dimensión categoría de elemento emotivo. De lo contrario se quedará en ampliación, con todos los riesgos. [Alfonso Sánchez: “Crónica de cine: El CinemaScope”, en Hoja del Lunes (Madrid), 10 de mayo de 1954, pág. 15.]

La presentación en sesión de gala de The Robe en la Ciudad Condal tiene carácter de acontecimiento social, parangonable a la ópera o el ballet:

El Cinemascope nació a la vida de Barcelona con todos los honores, en una sala deslumbrante de suntuosas indumentarias femeninas, escoltadas por los negros trajes de etiqueta masculina. Y así debe ser, puesto que en definitiva se trata de un acontecimiento que pasará a los anales de la cinematografía y también a los de Barcelona. [“Acontecimiento cinematográfico y social”, en La Vanguardia Española, 8 de mayo de 1954. pág. 16.]


La entrada es más cara que las habituales, pero los empresarios lo justifican por el carácter excepcional de las proyecciones y por las inversiones que han debido realizar. Filmófono, la empresa del madrileño Palacio de la Música, asegura haber tenido que prescindir de trescientas butacas y haberse gastado millón y medio de pesetas en el acondicionamiento de la sala. [“La túnica sagrada, primera película en CinemaScope, en el Palacio de la Música”, en Pueblo, 7 de mayo de 1954, pág. 12.] Menos onerosa parece la adaptación de la Sala Augusta de Palma de Mallorca. Andrés Bordoy, empresario del cine asegura haberse sentido deslumbrado al ver The Robe en el Fémina y estar dispuesto a desembolsar medio millón de pesetas para poder proyectarla en su local. Eso sí, la localidad costará veinte pesetas. [“El CinemaScope en Palma”, en Baleares, 20 de mayo de 1954, pág. 7.]


El Alameda de Santander cuenta con pantalla Astrolite, según su publicidad.


Y aprovechando el verano varias salas de la península echan el cierre y realizan obras de acondicionamiento...

 

 

  

El Palacio del Cinema de Barcelona anuncia al final del verano que en su pantalla se pueden proyectar películas en "CinemaScope, Perspecta, VistaVision, 3-D, etcétera, que se irán exhibiendo a medida que las disponibilidades de cada tipo lo permitan". [Hoja del Lunes (Barcelona, 23 de agosto de 1954.]

En las navidades de 1954 se proyectan por toda la geografía española The Robe, su secuela Demetrius and the Gladiators (Demetrius y los gladiadores, Delmer Daves, 1954), Hell and High Water (El diablo de las aguas turbias Samuel Fuller, 1954) y How to Marry a Millionaire (Cómo casarse con un millonario, Jean Negulesco, 1953), además de una serie de complementos musicales rodados también en CinemaScope con sonido estereofónico, como The First Piano Quartet (Otto Lang, 1954) y The Roger Wagner Chorale (1954). Fox produce otros cortometrajes con asuntos turísticos o espectaculares, pero los distribuidores españoles prefieren, como hemos visto, que estos acontecimientos revistan la máxima solemnidad.

Además, Fox llega a acuerdos con casi todos los estudios, salvo con Paramount, que amenaza su política monopolística con el VistaVision —presentado en España en abril de 1955 con White Christmas (Navidades blancas, Michael Curtiz, 1955)—, y con RKO, que apuesta por otro desarrollo propio: el SuperScope. M-G-M arranca su producción en CinemaScope con Knights of the Round Table (Los caballeros del rey Arturo, Richard Thorpe, 1953), rodada en Gran Bretaña; Disney con 20,000 Leagues Under the Sea (20.000 leguas de viaje submarino, Richard Fleischer, 1954); Warner con The Command (Retaguardia, David Butler, 1954); Universal con The Black Shield of Falworth (Coraza Negra, Rudolph Maté, 1954). United Artists y Columbia deberán esperar a 1955. [Sheldon Hall: “Alternative versions in the early years of CinemaScope”, en John Belton et al. (eds.): Widescreen Woldwide. John Libbey Publishing, 2010, pág. 114.]

Para no dejar escapar la presa en la que 20th Century Fox tiene invertido todo su capital, Skouras hace una gira en diciembre por Europa —donde hay ya cinco mil salas adaptadas— y hace escala en Barcelona. Su discurso es netamente anticomunista: habla de España y Estados Unidos como aliados “contra el enemigo secular de la civilización”. [“Llega a Barcelona míster Spyros P. Skouras, presidente de 20th Foxfilm Corporation”, en Primer Plano, núm. 740, 17 de diciembre de 1954.] En el encuentro, en el que actúa como anfitrión Pedro Bistagne, participan empresarios, cineastas, actores... Skouras afirma que España lleva cierto retraso, ya que en ese momento sólo hay dieciocho salas operativas, aunque un centenar más están en proceso de reforma. Además, pretende fomentar la producción autóctona. Esta producción no estaría subvencionada por la major, pero ésta cedería un técnico y los objetivos por el módico precio de cuatrocientas mil pesetas. Conrado San Martín pregunta si la Fox está dispuesta a distribuir las películas españolas rodadas en CinemaScope y, ante la respuesta afirmativa de Skouras, declara rotundo:

—Pues he de manifestarle que la película se realizará muy pronto en coproducción con Italia. Así que cuento con esta promesa.

El actor-productor no logar realizar la combinación con Italia —o el tema de Sin la sonrisa de Dios (Julio Salvador, 1955), coproducción entre Laurus Films y Titanus, desconseja la espectacularidad de la pantalla ancha— y son los productores y directores de La gata (Margarita Alexandre y Rafael M. Torrecilla, 1956) quienes se llevan al agua el gato del primer CinemaScope nacional. Les disputa la primacía aquella aventura malhadada de José Luis e Isidro Sáenz de Heredia: la coproducción hispano-británica La princesa de Éboli / That Lady (Terence Young, 1955), cuyos exteriores se filman en España —El Escorial, Segovia, Salamanca...— en junio de 1954 y en cuyo reparto participan José Nieto, Adriano Domínguez y Fernando Sancho. La cinta se basa en una novela de la irlandesa Kate O’Brien que cuenta la relación entre Felipe II, su secretario, Antonio Pérez, y la princesa de Éboli (Paul Scofield, Gilbert Roland y Olivia de Havilland). La prensa local destaca que es una novela “escrita con bastante dignidad” y que “tanto el guión como el diálogo se han sometido a la censura española”. [Hoja del Lunes (Burgos),12 de octubre de 1953, pág. 3.]

Los avatares de la doble versión casi permiten hablar de una película española al ciento por ciento por escasa que fuera la participación económica hispana, puesto que el montaje y doblaje distribuido por la doméstica Orbi Films sólo se vio al sur de los Pirineos. En el resto del mundo la cinta realiza su recorrido comercial de la mano de 20th Century Fox. Se trata por tanto de una producción británica, avalada por un gran estudio estadounidense, con fotografía de un australiano formado en las producciones en Technicolor de Alexander Korda —Robert Krasker— y una pequeña participación española que cuesta sangre, sudor y lágrimas a la diplomacia local y más de un berrinche con la administración a Sáenz de Heredia. Los rifirrafes con la censura, primero por el guión, luego por algunas escenas inconvenientes y, por último, por el doblaje provocaron el consiguiente escándalo en la prensa extranjera, por lo que la censura española se vio obligada a concederle el nihil obstat en marzo de 1955. Lo que ya no se podía evitar era que la versión internacional siguiera la pauta previamente pactada y se considerara por parte del régimen como la resurrección de la Leyenda Negra. [Rafael de España: “Las dos caras del fotograma: el curioso caso de That Lady (1955), también conocida como La princesa de Éboli”, en el II Congreso Internacional de Historia y Cine: La biografía fílmica. Madrid: Universidad Carlos III, 2010.]

La cinta se estrena el 4 de marzo de 1953 en el Palacio de la Música con el lema de "primera producción española en CinemaScope", por mucho que la participación de Chapalo Films sea tan minoritaria que durante la fase de producción ni siquiera se menciona. El rodaje de La gata no comienza hasta el 16 de agosto. Los productores estiman entonces un gasto cercano a los diez millones de pesetas con la participación de Hispano Foxfilm como distribuidora. Gracias a este contacto Rafael María Torrecilla apunta en la memoria del proyecto que...

El rodaje será realizado por el auténtico sistema CinemaScope que la firma 20th Century Fox tiene en exclusiva para el mundo. Nervión Films ha firmado el oportuno contrato con la mencionada empresa americana para el arrendamiento de los objetivos especiales para el rodaje de dicho procedimiento como así mismo, los asesoramientos técnicos precisos que garanticen el perfecto empleo de los mismos. [Archivo General de la Administración, caja 36/04760.]

El negativo y el positivo Eastmancolor se importan de Estados Unidos. La cámara es una veterana Super-Parvo, modificada para recibir los objetivos anamórficos originales de Bell & Howell que proceden de la delegación londinense de la Fox. Sin embargo, la abundancia de planos rodados en los cercados, entre reses bravas, aconsejan utilizar una cámara más manejable, por lo que estas escenas se ruedan con un cuerpo de cámara de Arriflex procedente de Alemania.

Aurora Bautista deja de lado a las heroínas apasionadas de Locura de amor (Juan de Orduña, 1948) y Agustina de Aragón (Juan de Orduña, 1950), recupera a su pareja de Pequeñeces (Juan de Orduña, 1950) y agotada su exclusiva con Cifesa se lanza a la creación de esta María “la gata”, hija del mayoral de un cortijo de cría de reses de lidia (José Nieto) al que llega un macho desbravador de potros bravos (Jorge Mistral). Aunque hay un muchacho y otra mujer interesados en ellos, María y Juan “se abrasan en el mismo fuego”, como le dice él la noche que la seduce toreando a la luz de la luna. Sin renunciar a ninguno de los rasgos característicos del drama rural, La gata se quiere tragedia andaluza y a eso contribuye su estructura circular y la presentación desde los mismos títulos de crédito del protagonista masculino como un jinete errante que debe purgar su culpa en la solitaria noche del alma. Nocturnas son las escenas de la seducción de María y la del enfrentamiento con el joven Joselillo (Felipe Simón). En cambio, las del trabajo en los campos y el encierro de los toros, tienen lugar a plena luz del sol. Mariné se muestra siempre imaginativo en los encuadres y subraya con efectos de luz la pasión que siente “la gata” a lo que ayuda el vestuario de Aurora Bautista, que la envuelve de rosa sensual para la presentación, amarillo fuerte en las escenas de desafío y rojo violento en la resolución.
Aunque la actriz aseguraba en sus memorias que nunca rodó una escena más explícita en el granero y que la doble versión fue cosa del distribuidor francés, lo cierto es que la brusquedad del corte en la secuencia del granero habla bien a las claras de la intervención de la Censura española.

Sólo un puñado más de películas con financiación española —casi siempre en coproducción— se rodaron con las lentes de CinemaScope: Alejandro el Magno / Alexander the Great (Robert Rossen, 1956), Torrepartida (Pedro Lazaga, 1956), El cantor de México / Le chanteur de Mexico (Richard Pottier, 1957), Los amantes del desierto / Gli amanti del deserto (Alessandrini, Cerchio, Vernuccio y Klimovsky, 1957), las hispano-mexicanas Sueños de oro / El gran espectáculo (Miguel Zacarías, 1957) y Maricruz / Sueños de oro (Miguel Zacarías, 1957), las hispano-italianas Buenos días, amor / Amore a prima vista (Franco Rossi, 1958) y Soledad / Soledad (Enrico Gras, Mario Craveri, 1959), María, matrícula de Bilbao (Ladislao Vajda, 1960), Gaudí (José María Argemí, 1960), la hispano-argentina Los inocentes (Juan Antonio Bardem, 1963), Jandro (Julio Coll, 1964) y Los pistoleros de Casa Grande / Gunfighters of Casa Grande (Roy Rowland, 1964). Los sistemas anamórficos italianos y franceses se impusieron.

En mayo de 1957, tercer aniversario de las primeras proyecciones del CinemaScope en España, las salas adaptadas son ya mil seiscientas, ocupando el cuarto puesto en Europa, sólo por detrás de Italia, Alemania y Francia. [“Tercer aniversario del CinemaScope”, en Primer Plano, núm. 866, 19 de mayo de 1957.] Hacia 1958 las lentes anamórficas diseñadas por Panavision empiezan a desplazar en el mercado a las creadas por Bausch & Lomb para la Fox. Otros sistemas de pantalla ancha, como el Todd-AO o los proyectados en 70mm desplazan al CinemaScope. In Like Flint (F de Flint, Gordon Douglas, 1967) es la última película en cuyos créditos aparece la marca CinemaScope.

Pero la pantalla ancha ha llegado para quedarse y el formato académico (1,37:1) queda definitivamente desterrado, como no sea para producciones televisivas.

Las imágenes que ilustran la entrada son clichés de prensa publicados en diarios españoles.

domingo, 7 de agosto de 2016

toro bravo, la odisea de una coproducción (2)

 
El acuerdo de coproducción hispano-italiano

En España, periclitado el periodo de autarquía cinematográfica con la firma de los acuerdos militares y comerciales con Estados Unidos, se pone en marcha a principios de 1953 una política que favorece las coproducciones con Francia e Italia. Ambos países ya han firmado en 1949 un convenio en París que, por la parte italiana, negocia el ente paraestatal Associazione Nazionale Industrie Cinematografiche e Affini (ANICA). El primer fruto de este acuerdo es la enésima puesta al día del realismo poético: Le mura di Malapaga / Au-delà des grilles (Demasiado tarde, René Clément, 1949). El texto del acuerdo invoca intereses comunes entre los dos países de la órbita mediterránea que intentan reconstruir sus cinematografías tras la II Guerra Mundial y servirá de plantilla a los que España firma con Francia e Italia en 1953. El convenio de coproducción hispano-italiano argumenta que... 
 
la cinematografía española y la cinematografía italiana están destinadas, por sus características tradicionales y ambientales, a completarse mutuamente, con la posibilidad, a través de las normas a que se refiere el presente acuerdo, de realizar una colaboración eficaz en la consecución común de películas de importancia internacional. 

Las ventajas administrativas para estas obras son máximas, pudiendo gozar de la protección vigente en ambos países como si se tratara de producciones propias. Así es como, en el verano de 1955 Gutiérrez Torrero entra en contacto con la productora italiana Phoenix Film, de Guido Manera.
 
La casa tiene, desde finales de la década de los cuarenta, una trayectoria consolidada como productora de documentales antropológicos de corto metraje, sobre todo en localizaciones exóticas. Se trata de un centenar de títulos realizados con equipos estables al frente de los cuales se encuentran especialistas como Giuliano Tomei o Vittorio Gallo. En 1951 Manera abre una nueva línea de producción gracias a la llegada al mercado del procedimiento de color de los laboratorios Ferrania, el autóctono Ferraniacolor. Con la colaboración del operador subacuático Giovanni Roccardi rueda en Sicilia y otras islas del Mediterráneo cortometrajes sobre el mundo submarino. Es así, como en 1952 se embarcan en una expedición que les llevará por el Mar Rojo en un largometraje —Africa sotto i mari (África bajo el mar, Giovanni Roccardi, 1952)— en el que se dan la mano el documental etnográfico sobre los pueblos de Eritrea y Etiopía, la investigación científica sobre la fauna marina en aquellas latitudes, las espectaculares escenas subacuáticas y una leve trama romántica protagonizada por Sophia Loren.
 
 

Para hacerse cargo de esta parte de la producción, del trabajo en estudio y de la distribución, Manera firma un acuerdo con la potente Titanus de Goffredo Lombardo. Africa sotto i mari tendrá una suerte de continuación en Eva nera (Giuliano Tomei, 1953), en la que se narra el viaje de un periodista italiano a los escenarios mencionados, donde entra en contacto con algunos personajes que relatan historias sobre la situación de la mujer en el continente, a caballo entre el cine-encuesta y el exotismo ilustrado. De hecho, la censura italiana solicita de la productora que se corte o acorte la secuencia en la que una de las mujeres degüella un pollo y se bebe su sangre. Durante el año 1955 el radio de acción de Phoenix Films se amplía a América Latina y, en concreto, a Chile, donde Arturo Gemmiti rueda seis cortometrajes en Ferraniacolor.

Con tal historial y las facilidades proporcionadas por ambas administraciones, la opción de una colaboración entre ambas compañías no parece descabellada y, sobre todo, va a permitir a Itálica Films afrontar una producción en color, pantalla ancha y con dos intérpretes de fama internacional.
 

 
En esos mismos días —junio de 1955—, los productores y directores de La gata (Margarita Alexandre y Rafael M. Torrecilla, 1956) emprenden un proyecto pionero: rodar en España en CinemaScope, Eastmancolor y con sonido estereofónico. Sin embargo, la óptica anamórfica aportada por Italia al rodaje de Fiesta brava no es la del flamante CinemaScope, sino la francesa bautizada como Cinépanoramic. Se trata de unas lentes creadas por la casa parisina Distribution Internationale Cinématographique, dirigida por el magnate de la prensa Jean-Paul Mauclaire. Según todos los indicios, el Cinépanoramic no es otra cosa que la reformulación por el profesor alemán Ernst Abbe de los principios adoptados por el galo Henri Chrétien, que son los que 20th Century Fox ha adquirido para crear su popularísimo CinemaScope. El formato de pantalla es el mismo en el que se exhibe en todo el mundo The Robe (La túnica sagrada, Henry Koster, 1953) —2,55:1—, lo que permitiría dotar a las copias de proyección de sonido estereofónico.

En el verano de 1954 se realizan las primeras demostraciones del Cinépanoramic para profesionales belgas y españoles. Las proyecciones de prueba en Madrid tienen lugar el 9 de julio en el cine Carlos III. Un año después, la marca de relojes Omega patrocina el estreno de un documental en color sobre los Juegos del Mediterráneo celebrados en Barcelona —II Juegos Mediterráneos (1955)—. La cinta se proyecta en salas de veinticinco ciudades de toda España en las que ya se han implantado sistemas anamórficos de proyección compatibles.

El otro título en Cinépanoramic en cuya producción participa España es Un hombre en la red / Agguato a Tangeri (Riccardo Freda, 1956), presentado en Italia como SupercineScope, una de las muchas marcas que utilizarán estas lentes en el país transalpino. En Francia también cambiará de nombre ese mismo años y pasará a denominarse Franscope. El largo proceso de producción de Toro bravo hará que se mantenga en los títulos de crédito la marca inicial con la que apenas se han rodado media docena de largometrajes en Francia e Italia. Sin embargo, conviene hacer notar que es la óptica usada por Vittorio de Seta en sus documentales sobre marineros y campesinos de Sicilia y Cerdeña. Al fin y al cabo, la espectacularidad visual no está reñida con la mirada antropológica, que es la que debiera prevalecer en Fiesta brava desde la óptica productiva de Phoenix Films.

En cuanto al Ferraniacolor, lanzado en Italia con el largometraje Totò a colori (Steno, 1952), ya se ha utilizado en España en dos producciones: La reina mora (Raúl Alfonso, 1954) y Tirma / La principessa delle Canarie (Paolo Moffa, 1954). La presencia de un director italiano que desplazará a Viladomat de la dirección titular es parte del peaje que hay que pagar para llevar adelante esta ambiciosa coproducción. Viladomat figurará entonces en los créditos como “director adjunto” en una operación absolutamente habitual en esos años y promovida desde el propio Sindicato Nacional del Espectáculo como pieza de toma y daca para obtener la nacionalidad española. Directores en el declinar de sus carreras —Eusebio Fernández Ardavín— o en el inicio de las mismas —Luis María Delgado— suelen figurar en estos puestos meramente testimoniales. Este último no dudaba en afirmar:
 
Bueno, ya se sabe que durante una serie de años hubo una infinidad de coproducciones extranjeras con España en las que había esa codirección. En realidad, la mayor parte de las veces era el de fuera quien dirigía mientras tú ponías el nombre a efectos administrativos. (Delgado entrevistado por Luis Fernández Colorado, en Memoria viva del cine españolCuadernos de la Academia, núm. 3. Madrid, Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, 1998.)