SOS Invasión (Silvio F. Balbuena, 1968) era en origen una producción de Lacy Internacional Films. La productora de José María Elorrieta solicitó el permiso del rodaje, con exteriores en Sintra y el Algarve e interiores en Madrid, el 14 de mayo de 1968. La dirección de Balbuena y el guión de José Luis Navarro Basso —con el que el realizador ya había escrito Prohibido soñar (1964) y Los celos y el duende (1967)— entraban desde el principio en la ecuación. Sin embargo, algo ocurre a finales de 1968, que todo el paquete de producción es transferido oficialmente a Internacional de Mercados Turísticos, S.A. (IMT), cuyo titular es Antonio José Viegas Ávila. [Archivo General de la Administración, caja 36/05014.]
La cinta se organiza narrativamente en torno a la elisión. No a la elipsis, que sirve para sugerir al espectador lo que se le hurta y provoca su participación activa, sino de la simple carencia de metraje para articular el relato. El argumento presenta a la frívola Susana (Mara Cruz) que acude a ver a su tío (Antonio Pica) para que le aconseje sobre su futuro matrimonio con un médico dietista (Taylor), con el que ha estado secuestrada en un castillo del Algarve por un grupo de robots femeninos procedentes de otra galaxia. Una vez más, la ausencia es el tropo fundamental de la conclusión: una turista foránea insiste al resto de los personajes en que acaba de ver un platillo volante que el espectador no verá nunca.
De ahí que la cinta se construya a partir de materiales de descarte: largos planos de recurso de la costa portuguesa o de la ciudad de noche rodados desde un coche, tomas dobles, panorámicas de algunas localizaciones que se repiten hasta la saciedad, planos de conversaciones montados “en eje” porque faltan los contraplanos e, incluso, algún inserto animado... Ante la falta de material, la montadora Maruja Soriano —habitual del cine de Jesús Franco, como Jack Taylor, el protagonista— parece incapaz de aportar la más mínima coherencia al relato y debió optar, de acuerdo con la productora y/o el director, por editarlo todo hasta alcanzar un metraje estándar, de modo que la continuidad queda confiada a algunos diálogos expositivos —en off— y a la partitura de Manuel Moreno Buendía.
La transferencia de titularidad no debió de solucionar los problemas económicos de la película, patentes en su realización, porque en 1971 Balbuena solicita a la administración que certifique el cambio de propiedad ya que tiene que plantear ante Magistratura de Trabajo una demanda para cobrar sus honorarios como realizador. [Ibidem.]

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