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domingo, 6 de septiembre de 2026

la era del techniscope: clasificadas s

Antes de meternos en harina con las películas clasificadas "S" rodadas en 2P vayan por delante estos dramas eróticos o comedias sexy cuyo principal reclamo son sus repartos femeninos...

  

 Taxista de señoras / Taxi Love, servizio per signora (Sergio Bergonzelli, 1976)

 

Mayra, la Venus negra / La ragazza dalla pelle di corallo (Osvaldo Civirani, 1976)

 

Fango (Silvio F. Balbuena, 1976)

El Techniscope desaparece prácticamente de las pantallas desde mediados de la década de los setenta cuando el cine erótico italiano recurre al procedimiento en títulos como Le lunghe notti della Gestapo (Las largas noches de la Gestapo, Fabio De Agostini, 1977) o el documental Tomboy, i misteri del sesso (Lo increíble del sexo, Claudio Racca, 1977). En España, este apartado está prácticamente monopolizado por Jesús Franco, que a principios de la década de los ochenta siguió utilizando el sistema 2P antes, probablemente, por el ahorro de negativo que supone que por consideraciones estéticas. También facilitaría las cosas la pervivencia de cámaras adaptadas en Camara-Rent y productoras, y de maquinaria para el tiraje de copias en Fotofilm Barcelona, aunque el laboratorio que aparece en los créditos es Fotofilm Madrid.

El cuerpo central de este bloque está constituido por películas invariablemente calificadas "S" que Franco escribe y realiza para Golden Films Internacional entre 1981 y 1982. Es en esta serie donde Rosa María Almirall / Lina Romay adopta el alias Candy Coster, heterónimo que alcanza su apoteosis en Confesiones íntimas de una exhibicionista (1982), protagonizada por Candy Coster en el papel de Candy y dirigida por Candy Coster en la adaptación de las memorias apócrifas de Candy Coster. [Robert Monell en el blog El Franconomicon / I'm in a Jess Franco State of Mind, 11 de mayo de 2015.]

 
La noche de los sexos abiertos (Jesús Franco, 1981)

Macumba sexual (Jesús Franco, 1981)
 
Gemidos de placer (Jesús Franco, 1981)

El hotel de los ligues (Jesús Franco, 1981)
 
Las orgías inconfesables de Emmanuelle (Jesús Franco, 1982)

Botas negras, látigo de cuero (Jesús Franco, 1982)

Confesiones íntimas de una exhibicionista (Jesús Franco / Candy Coster, 1982)

Historia sexual de O (Jesús Franco, 1982)

La casa de las mujeres perdidas (Jesús Franco, 1982)

Mil sexos tiene la noche (Jesús Franco, 1982)
 
Fuera de la fiolmografía franquiana encontramos otros dos títulos... 

Lady Porno (Julio Pérez Tabernero, 1982) 

Desenfrenos carnales (Manuel Iglesias, 1982)

Una rajita para dos (Lulu Laverne, 1982) es ya un porno hard dirigido -si no se demuestra lo contrario- por Jesús Franco y Lina Romay con el alias comanditario de Lulu Laverne. Produce Fervi Films, la empresa de Fernando Vidal Campos. [El Franconomicon / I'm in a Jess Franco State of Mind: https://franconomicon.wordpress.com/2016/11/01/una-rajita-para-dos-1982/] En los títulos de crédito no consta ningún sistema 2P ni anamórfico y la copia a la que hemos tenido acceso procede de un VHS full screen, aunque en el laboratorio Fotofilm Madrid constaba como Techniscope.

El mismo Jesús Franco, con el alias de Clifford Brawn, es el pionero en estrenar una película nacional en una sala X: Lilian, la virgen pervertida (1984), en realidad, un softcore destinado a la calificación S con insertos hard en el mismo momento en que se legisla sobre las salas X. Pero se trata de una cinta en formato panorámico 1,66:1, no como Un pito para tres (Candy Coster / Lulu Laverne, 1985), otro de los cuatro pornos que Lina Romay y Jesús Franco realizaron para Fervi Films en Techniscope: “A esta historia llena de moraleja y mensaje la hemos titulado... Un pito para tres. Algo grosero en Eastmancolor y Techniscope, para que el espectador pueda verlo realmente en grande". [Citado por Franco Cesari en el blog I'm in a Jess Franco State of Mind, 25 de octubre de 2014.]

X

Un pito para tres (Candy Coster / Lulu Laverne, 1985)

El abuelo, la condesa y Escarlata la traviesa (Jesús Franco, 1985-1992)
[imagen procedente de El Franconomicón]

domingo, 25 de enero de 2026

psicotronía ibérica

SOS Invasión (Silvio F. Balbuena, 1968) era en origen una producción de Lacy Internacional Films. La productora de José María Elorrieta solicitó el permiso del rodaje, con exteriores en Sintra y el Algarve e interiores en Madrid, el 14 de mayo de 1968. La dirección de Balbuena y el guión de José Luis Navarro Basso —con el que el realizador ya había escrito Prohibido soñar (1964) y Los celos y el duende (1967)— entraban desde el principio en la ecuación. Sin embargo, algo ocurre a finales de 1968, que todo el paquete de producción es transferido oficialmente a Internacional de Mercados Turísticos, S.A. (IMT), cuyo titular es Antonio José Viegas Ávila. [Archivo General de la Administración, caja 36/05014.]

La cinta se organiza narrativamente en torno a la elisión. No a la elipsis, que sirve para sugerir al espectador lo que se le hurta y provoca su participación activa, sino de la simple carencia de metraje para articular el relato. El argumento presenta a la frívola Susana (Mara Cruz) que acude a ver a su tío (Antonio Pica) para que le aconseje sobre su futuro matrimonio con un médico dietista (Taylor), con el que ha estado secuestrada en un castillo del Algarve por un grupo de robots femeninos procedentes de otra galaxia. Una vez más, la ausencia es el tropo fundamental de la conclusión: una turista foránea insiste al resto de los personajes en que acaba de ver un platillo volante que el espectador no verá nunca.

De ahí que la cinta se construya a partir de materiales de descarte: largos planos de recurso de la costa portuguesa o de la ciudad de noche rodados desde un coche, tomas dobles, panorámicas de algunas localizaciones que se repiten hasta la saciedad, planos de conversaciones montados “en eje” porque faltan los contraplanos e, incluso, algún inserto animado... Ante la falta de material, la montadora Maruja Soriano —habitual del cine de Jesús Franco, como Jack Taylor, el protagonista— parece incapaz de aportar la más mínima coherencia al relato y debió optar, de acuerdo con la productora y/o el director, por editarlo todo hasta alcanzar un metraje estándar, de modo que la continuidad queda confiada a algunos diálogos expositivos —en off— y a la partitura de Manuel Moreno Buendía.

La transferencia de titularidad no debió de solucionar los problemas económicos de la película, patentes en su realización, porque en 1971 Balbuena solicita a la administración que certifique el cambio de propiedad ya que tiene que plantear ante Magistratura de Trabajo una demanda para cobrar sus honorarios como realizador. [Ibidem.]