sábado, 23 de julio de 2016

pequeño planeta

 
Publicado originalmente en www.srfeliu.es el 14/04/2013

No se ha valorado lo suficiente el trabajo en pro de la promoción de los humoristas –antes que del humor– que en España han realizado algunas editoriales. “Grandes Novelas Humorísticas” de Biblioteca Nueva, “Al Monigote de Papel” de José Janés y “El Club de la Sonrisa” de Taurus dieron rango de literatura al humor y alimentaron a los humoristas (o al menos a sus vanidades) en tiempos menos gratos.

La ecuación de resultado incierto Novela de Humor se resuelve por primera vez en España de la mano de Ramón Gómez de la Serna. Aprovechando la bonanza económica que vive el país desde el estallido de la I Guerra Mundial, la editorial Calpe se permite en 1919 acoger traducciones de humoristas franceses, húngaros o ingleses con las que se miden de tú a tú las creaciones de Ramón y Julio Camba. La colección se llama genéricamente “Los Humoristas” y agrupa un género que hasta entonces pasa desapercibido en las librerías.

Asesorado por Ramón, del que publica Ismos en 1931, Ruiz-Castillo planea para su editorial, Biblioteca Nueva, una “Colección de Grandes Novelas Humorísticas” en la que tendrán cabida, entre 1928 y 1932, sólo autores españoles contemporáneos. Y si “Los Humoristas” había sido pionera en el reconocimiento de la existencia de un género, “Colección de Grandes Novelas Humorísticas” lo será en descubrir que éste existía también en España. El buque insignia, también por ventas, es Enrique Jardiel Poncela, pero también ven la luz en esta colección novelas de Santiago Rusiñol, Antonirrobles o Samuel Ros.

Después de la guerra, Noel Clarasó hizo las funciones de asesor en la editorial de José Janés para la creación de una colección denominada “Al Monigote de Papel” donde se reúnen “las más interesantes novelas de humor y de optimismo”. En “esta colección Neville publica la primera edición de La familia Mínguez de sus series de “La Codorniz” dedicadas al niño Luisito Rodríguez y a Doña Encarnación y doña Purificación y Álvaro de Laiglesia sus primeras novelas. La pretensión de “El Club de la Alegría” es ofrecer libros de lujo a precio módico. En la colección “La Hostería del Buen Humor” figuran Oscar Wilde y el autor de Mi tío Jacinto, András Laszló. Los humoristas españoles suelen andar repartidos entre todas estas colecciones y aún una más, denominada “El manantial que no cesa”, que acoge Mis memorias, de Mihura, y el Diario de un niño tonto, de Tono. Muchos de estos títulos acabarán en colecciones de bolsillo de la editorial de Germán Plaza, sobre todo en “El gorrión”.

La reimpresión de Las palmeras de cartón, que Mingote publicara en 1948 de la mano de la librería Clan, se anuncia en “El Club de la Sonrisa” de Taurus, pero termina apareciendo en Cremades, editorial radicada en Tetuán. Este volumen, con prólogo de Álvaro de Laiglesia e ilustrado por el propio Mingote, inaugura la colección “Buenas Noticias”, cuyo segundo número es Cuando el toro se llama Felipe, de Rafael Azcona.

Pero si hay una colección de humor ejemplar en cuanto a criterio de selección y a coherencia de su catálogo ésta es “El Club de la Sonrisa”. No hay que escarbar mucho para encontrar autores porque las planas mayores de “La Codorniz” y “Don José” están deseando dar el salto a la literatura con mayúsculas. En ocasiones más que un salto es simplemente un brinco, dado que los autores se dedican a reciclar materiales publicados con anterioridad en estas revistas. No es el caso de Rafael Azcona, cuya Vida del repelente niño Vicente, que inaugura la colección –con ilustraciones de Mingote–, es un desarrollo narrativo, bien que episódico, del personaje que viene dibujando en “La Codorniz”.
El número 2 corresponde a una novela de Evaristo Acevedo: Los ancianitos son una lata. Está dedicada “a don Emilio y doña Julia, padres de Conchita, que me negaron la mano de su hija cuando yo tenía treinta años. Con el eterno agradecimiento del autor”. Edgar Neville reelabora una comedia no estrenada, publicada en “La Codorniz” en Producciones García, S.A., Don Clorato de Potasa y La familia Mínguez ya habían aparecido en la editorial de José Janés durante la década anterior. El único volumen inédito de Neville en Taurus es La piedrecita angular. Destacan las dos últimas porque las portadas van firmadas por Eduardo Vicente, en tanto que las del resto de la colección suelen ser espléndidas ilustraciones de Chumy Chúmez, Mingote y Herreros. Los números 10 y 30 de la colección son obra de Tono: Romeo y Julita y Conchito, una refundición de la serie De la vida de Carmencito publicada en “Don José”. En “El Club de la Sonrisa” debuta Chumy como novelista en julio de 1956, con El manzano de tres patas. A principios de 1958 se produce un rescate de los padres espirituales del codornicismo con la reedición casi consecutiva de sendos títulos de Julio Camba –Ni Fuh ni Fah (n. 38)–, Wenceslao Fernández Flórez –De portería a portería (n. 39)– y Ramón –El incongruente (n. 41)–. Una de las mayores sorpresas llega en marzo de 1858. El número 47 corresponde a Los jueves, milagro (según el film de Luis G. Berlanga). El curioso subtítulo equivale a decir que la novelización de la película es de padre desconocido.

En la colección “La Tortuga” de la editorial Arión publica Enrique Llovet su única novela de humor, Operación C-1. Chumy y Salabert entragan, a su vez, Humor de contrabando, libro ramoniano que sus autores ponen bajo la advocación de Max Ernst: “le hasard est le maître de le humour”, que traducido al esperanto quiere decir: “cuando menos se espera salta la paradoja”. Pero, sobre todo, la colección brilla por dos títulos emblemáticos de Rafael Azcona: Los ilusos y Pobre, paralítico y muerto.

A finales del siglo pasado Biblioteca Nueva reimprime varios de sus clásicos del humor vanguardista y la obra inmarcesible de Enrique Jardiel Poncela. Y Temas de Hoy rescata textos desconocidos para las nuevas generaciones de Julio Camba, José López Rubio, Miguel Mihura o Tono en la colección denominada “Clásicos del Humor”.

Una labor de arqueología a la que sigilosamente, sin alharacas, se ha sumado Pepitas de calabaza con la edición de la opera omnia de Azcona en La Codorniz a lo largo del bienio 2012-13, con la revisitación de Memorias de un señor bajito, del mismo Azcona y de Mis mejores páginas, de Julio Camba, para rematar con el rescate de la obra secreta de José Santugini.

Ahora editan Pequeño planeta, donde se pueden apreciar las cualidades steinbergianas del dibujo de Mingote, a caballo entre el humanismo y el humorismo, entre el absurdo y lo kafkiano. Cuando apareció de la mano de Taurus en 1957, Mingote ya había dado el salto al editorial gráfico de ABC y podía permitirse el lujo de reunir una selección de viñetas mudas, en la que según el propio autor figuran sus chistes favoritos. Para la ocasión se han rescatado algunos originales que ocupan la última sección del volumen -"Satélites"- y Antonio Astorga ha redactado un prefacio que es al tiempo nota biográfica y homenaje al maestro.

Hay dibujos con negros intensos y paisajes inspirados en De Chirico. Otros, con collages de grabados, traídos de Chumy, aunque con intención más diáfana: por ejemplo, un Mercurio volando gracias a sus sandalias aladas (grabado) y una señora gorda (dibujada) con un enorme cazamariposas. Porque Mingote, escribe en el prólogo Rafael Azcona, “trabaja siempre a caballo sobre la ternura. Nunca llega a ser cruel, porque no quiere o no puede serlo y, si bien es cierto que mueve su mano la irritación que le producen las flaquezas, debilidades y tonterías propias del género al que pertenece, nunca consiguen estas cosas hacerle olvidar que son humanas y, por tanto, obligadas en el hombre”.

Mingote es mucho más que el humorista de cabecera del ABC. Y si no, compruébese en la ilustración que encabeza estas líneas, en la que podemos intuir caminos por los que más adelante transitará Ops.

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