
Carmen Navascués y el cantante lírico Pedro Terol en Besos en la nieve (José María Beltrán, 1934)
De la realización y la fotografía de Besos en la nieve (1934) se responsabiliza José María Beltrán. Llegamos a parte de su minutaje porque formó parte del episodio de la serie Tiempo de Historia (Ricardo Blasco, 1975). Por lo que hemos podido ver, se trata de un documental sobre el esquí rodado en Guadarrama. El deporte ha comenzado a practicarse en 1908 con la creación del Club Alpino Español y ha ganado auge durante la década de los veinte, pero se populariza desde 1931, con la proclamción de la República. Para hacer más atractivo el material, la siempre imaginativa Rosario Pi decide introducir una levísima trama romántica que protagonizan el popular cantante lírico Pedro Terol y la bailarina y actriz Carmen Navascués, que se ha forjado como intérprete cinematográfica en las producciones parisinas de Paramount.
La parte documental se rodó sin sonido y se sincronizó posteriormente la partitura en los estudios CEA de Ciudad Lineal. Los mismos estudios cedieron el equipo a la productora para grabar las dos canciones y el diálogo en directo en la sierra madrileña.
Un par de temas del maestro Luis Patiño —el vals Besos en la nieve y el fox Quiero un muñeco— buscan la conexión con el público y las sinergias con otras industrias culturales del momento, como la radio y las grabaciones musicales. El dueto arranca la primera:
—Tenga usted cuidao con los esquises, / que me ha lesionao en las narices. [...]
—Ya ve que yo no sé esquiar, / más sé con todo ardor amar.
La actriz presumía de afición a los deportes en la revista Cinegramas, sobre todo, equitación y tenis. Su relación con el esquí arrancó durante el rodaje:
Desde que hice en el Guadarrama Besos en la nieve, me aficioné extraordinariamente a los batacazos con los esquís. Lo que empecé haciendo por deber constituyó para mí una necesidad. Y siempre que podía me iba a la sierra en invierno a frotarme las manos y la cara con nieve. Hasta que un día el médico me recomendó reposo. ¡Pero, señor, si yo me canso cuando no hago nada! Por eso me gusta hacer películas donde haya que saltar mucho, montar a caballo, trepar por escaleras y formar estropicio. Todo lo que sea ruido y animación me encanta. ["A Carmen Navascués le hubiera gustado dedicarse a todos los deportes menos al más peligroso: el amor", en Cinegramas, núm. 42, 30 de junio de 1935.]







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