A principios de los setenta Jesus Franco ha rodado algunas películas en Techniscope, como Drácula contra Frankenstein / Dracula prisonnier de Frankenstein (Jesús Franco, 1972), pero entre 1981 y 1982 factura una docena de producciones eróticas para Golden Films Internacional calificadas “S”.
Una derivada un tanto insólita de esta bulimia creativa es el cortometraje El tren expreso (Rosa María Almirall, 1983), que el cineasta y su musa, Lina Romay, legalizan con el verdadero nombre de ésta. Juan Almirall, su hermano, se encarga de la fotografía. La partitura corre por cuenta de Franco con el seudónimo de Pablo Villa y la locución, de Romay como Laura Arias recitando fragmentos del poema homónimo de Ramón de Campoamor.
En realidad, el cortometraje es el resultado de rodar de modo fragmentario los carteles de una exposición sobre el ferrocarril de la belle époque organizada en el castillo de El Bil Bil, de Benalmádena, que Franco y su equipo han utilizado como decorado en Mil sexos tiene la noche (1982). En los momentos más afortunados, el experimento remeda el “documental de arte” que viviera su apogeo cuatro décadas antes; en los menos, las panorámicas pretenden suplir la falta de adecuación del formato anamórfico a las composiciones verticales que predominan en los carteles.

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