lunes, 7 de noviembre de 2016

panorama del cine criminal barcelonés (5)


Antes de dirigir Los atracadores (Francisco Rovira Beleta, 1961), Rovira Beleta se había acercado al género en varias ocasiones: en Hay un camino a la derecha (Francisco Rovira Beleta, 1953), producto de la aclimatación del neorrealismo al suelo hispano; El expreso de Andalucía (Francisco Rovira Beleta, 1956) —ambientada en un Madrid suburbial— recrea aquel famoso suceso de la crónica negra española que culminó con varias ejecuciones sumarísimas en tiempos de la dictadura de Primo de Rivera; Altas variedades / Cibles vivantes (Francisco Rovira Beleta, 1960) es una película de ambiente circense, próxima en inspiración a El diablo de las armas (Gun Crazy, Joseph H. Lewis, 1950).

Protagonizan Hay un camino a la derecha Miguel, un padre como a la medida de una película de Pietro Germi (Paco Rabal), su sufrida mujer (una espléndida Julita Martínez) y el hijo de ambos (Manolito García), cuyo único futuro es convertirse en flecha naval. Ahogado por la imposibilidad de sacar a su familia adelante, Miguel, subempleado como vigilante, accede a las promesas de dinero fácil que le hace Goyo (Carlo Otero) a cambio de que les facilite el robo de un cargamento de neumáticos. Aunque el plan está cuidadosamente trazado y la inocencia de Miguel nunca será puesta en cuestión, algo sale mal durante la ejecución del plan. El cuarto protagonista es el puerto de Barcelona y las posibilidades que éste ofrece para la delincuencia, lo que permite incluir este melodrama social, aunque sea un poco de refilón, en el ciclo.

Lo que le otorga su nota característica a Altas variedades es la ambientación en el mundo del circo y las variedades. Una tarde de 1960 Ilona (la francesa Agnès Laurent) llega a la estación de Barcelona, envuelta en brumas del pasado y humo de la locomotora. Busca en la ciudad condal a un amigo de su hermano, caído en la lucha revolucionaria. Rudolf es un partisano anticomunista reciclado en tirador de circo en España. Ahora se encuentra de gira, de modo que Ilona conoce primero a otro compañero de profesión. Se llama Walter (Christian Marquand), pero se anuncia como “El Mago del Revólver”. Actúa en el Palacio de las Variedades, teatrito del Paralelo barcelonés donde ejecuta su número de puntería con maquillaje de augusto y la colaboración de la casquivana Rita (Marisa de Leza). En las proximidades del Palacio de las Variedades se encuentra la Pensión Escudero, atendida por Carmina (Julia Martínez), que por su cara de aburrimiento enseguida adivinamos que está al cabo de la calle de los vaivenes económicos y amorosos de los artistas que allí se hospedan. El verdadero punto de encuentro de todos ellos es el Café de Artistas, lonja de contratación, mercado de sueños, centro de cotilleos y escenario de desencuentros. Siempre que paran en Barcelona, los artistas recalan allí. Porque a veces andan de tournée. Actúan en pueblos en fiestas, con la intervención de un combo folklórico (Carmelita, Gracia y su cuadro andaluz) de cuyo nombre se ha tomado el insulso título español de la película: “Altas variedades”.

En esta gira, entre playa y pensión, Ilona coge la pistola de Walter. No es la primera vez que empuña una. Entrena duro hasta convertirse en la partenaire del “Mago del Revólver” y debutar con él en el Palacio de las Variedades. El número mejora el que realizaba con Rita, que, simplemente, se ofrecía como blanco. Walter e Ilona disparan el uno contra el otro, y si él hace volar el cigarrillo de la boca de ella, ella destroza la pipa de él. El número de fuerza es el mismo. Walter siluetea a balazos a Ilona, inmóvil contra un panel negro. Y en esto regresa Rudolf (Ángel Aranda). Se encuentra su habitación ocupada por Ilona. Ya está el lío montado, porque entretanto, Walter se ha enamorado de ella e, incluso, se la ha presentado a su madre. Doña Mercedes (espléndida creación de María Fernanda Ladrón de Guevara) es una artista de circo alcohólica, con un matrimonio fracasado a sus espaldas, y, sin embargo, madre hasta las cachas, capaz de compartir la botella con su hijo en los momentos difíciles.

El responsable del argumento es Manuel María Saló Vilanova, un dibujante que participó como guionista en un buen número de guiones de Rovira Beleta. Por suerte, deja únicamente esbozado el apunte político y se vuelca en los cauces genéricos para desarrollar este melodrama de pasiones desaforadas al que sirve de pórtico una cita del Éxodo: “vida por vida, ojo por ojo, diente por diente”. En el Café de Artistas hay celos y rumores. Rita está celosa de Ilona y ésta de Rosita (Vicky Lagos), antigua amante de Rudolf. Walter, que ya sabe que Ilona y Rudolf se la pegan urde un plan artero para ejecutar su venganza. Para empezar cuelga los revólveres —ha herido a Ilona en el cuello durante una representación— y se compromete con Valera (José María Caffarel) como agente de un nuevo número, llamado sin demasiada imaginación “Los Magos del Revólver”. Los Magos son Rudolf e Ilona, que disparan alternativamente contra las bombillas que circundan la estrella giratoria a la que permanece atada Rosita. Luego, Ilona hace saltar las cartucheras de Rudolf de dos certeros disparos y él corresponde arrancando los botones de su atuendo vaquero, con lo que Ilona ejecuta la última parte del número con un ceñido maillot. Se trata de un duelo sensacional en el que ambos dibujan la silueta de su oponente. ¡Silencio! Peligra la vida de los artistas.

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