Aparte de los estereotipos del filón, si algo tiene en común la primera con los 077 de Dick Malloy es que la versión internacional tiene algo más de metraje, pues los escarceos amorosos del agente S-077 fueron generosamente expurgados en las copias estrenadas en España. [Véase addenda al pie de esta entrada]
De las cuatro mujeres implicadas en la aventura, tres fueron objeto de cortes por parte de la censura española. Además de algunos ajustes mínimos en un par de escenas de acción, la comparación de las copias italiana y española arroja un saldo negativo para la segunda por cuenta de las sugerencias eróticas y los centímetros de piel femenina exhibidos. Ya el permiso de rodaje especificaba que era necesario "cuidar la realización de las escenas de erotismo y violencia, la danza árabe y el vestuario". [Expediente de censura en el Archivo General de la Administración, caja 36/04292.] Se aplica así lo expuesto en el sarcástico informe del lector del guión Marcelo Arroita-Jáuregui, que no me resisto a reproducir por extenso:
En vista de que James Bond descubrió las posibilidades de Estambul para las tramas de espionaje y tortas, los pergeñadores de temas similares han dado en localizar allí los escenarios de sus películas. Ahora le toca el turno al "sosias" de Bond, Steve Bright, agente OSS-017 del FBI, a quien ya conocemos de otras películas, que naturalmente se ve metido en uno de estos típicos enredos de espías, secretos atómicos, agentes, bandidos, puñetazos y tiros, cuya acción se centra en la ciudad turca. Para justificar la coproducción, los personajes se dan una vuelta por Madrid, donde reside el depositario de un secreto, donde asisten a una subasta de pintura y donde el protagonista conoce a una venezolana que baila flamenco -único rasgo de originalidad del asunto- y tiene con ella la inevitable y breve "liaison". [Expediente de censura en el Archivo General de la Administración, caja 36/04891.]Cuando Mercurio Films solicita la licencia de exhibición el 18 de abril de 1966, la Dirección General de Cine le pide que acredite que se han realizado las "adaptaciones" demandadas por la comisión de apreciación y que afectaban precisamente a estos puntos:
Rollo 3. Escena con Simone en que esta lleva un camisón transparente.La única observación no atendida es la de la danzarina en el club de Estambul, cuyos tres bloques tienen idéntica duración en las dos copias. La escrupulosa labor de expurgo corresponde a las siguientes secuencias...
Rollo 7. Fin de la escena en que abraza a Mikaela y desprende la toalla.
Suprimir las transparencias del baño.
Acortar la salida del baño.
Plano en que se pone las medias.
Rollo 8. Suprimir primeros planos de la bailarina dejando sólo los generales. [Expediente de censura en el Archivo General de la Administración, caja 36/04292.]
Malloy descubre a Simone Coblence (la bahameña Fabienne Dali) en el Hotel Montalembert. Con gafas, era la secretaria del profesor Kurtz; sin ellas, es una sofisticada villana amante de las joyas... y de Sarkis. Simone olvida la pitillera en la recepción del hotel y Malloy sube a su habitación a devolvérsela. Ella le recibe con un salto de cama semitransparente que en la versión española no se ve porque abre la puerta en primer plano. Cuando él se sienta en la cama, ella va a la mesa a coger el encendedor y él la besa, hay un corte de unos veinte segundos.
Otro par de segundos se liman del beso que Sarkis le da a Simone tras regalarle un espléndido collar. Están en la Torre de Madrid y al fondo podemos ver el Edificio España, pero parece que los censores ya han tenido suficiente con que él le descubra los hombros para colocarle el collar y el beso en la versión española apenas queda apuntado.
Malloy ha conocido en una subasta a la millonaria Dolores López (la sevillana Mikaela). Ella ha comprado un secreter del siglo XVI en el que él ha escondido los planos del arma secreta. Así que se planta en su casa de la calle Almagro, donde ella da una fiesta. Consigue recuperar el sobre, pero los sicarios de Sarkis están sobre sus talones y ella le lleva a una villa que posee en la montaña. Les ha caído un chaparrón y no tienen más remedio que despojarse de sus ropas mojadas. Él se pone un albornoz amarillo -luciendo se torso velludo- y ella sale del cuarto de baño envuelta en una toalla, consciente de que no la va a llevarla encima durante mucho tiempo. En la versión española, la escena queda rematada en el momento del abrazo; la italiana se prolonga en una panorámica vertical que muestra como Malloy desprende la toalla y termina en la tópica metáfora del fuego de la chimenea. Total: ocho segundos.
El siguiente corte es el más largo. La CIA ha enviado a Estambul a la agente Evelyn Stone (la británica Margaret Lee) para que eche una mano a Malloy en el último tramo de su misión. Éste llega al Stamboul Hilton y se encuentra con que ella se ha registrado como la señora Nolan. Cuando él entra en la habitación ella se está duchando ante una mampara traslúcida. La copia española corta abruptamente desde este primer plano de situación al momento en que ella se presenta con un salto de cama azul celeste. El corte, que alcanza casi el minuto de duración, afecta a nuevos contraplanos de Evelyn tras la mampara mientras le pide que le traiga algo que ponerse, la ojeada que él echa al interior de la ducha cuando le lleva el salto de cama, su mirada aprobatoria ante una combinación roja y la aparición de cuerpo completo de Evelyn.
Como había ocurrido en el hotel con Simone, el final de la secuencia también sufre una amputación al final, al sentarse Evelyn en la cama para ponerse las medias y las ligas, reprocharle Malloy que no sigan con la comedia del matrimonio bien avenido y recordarle ella que tienen el tiempo justo para llegar al club. "Qué asco de matrimonio", concluye Dick. El corte ha durado veinte segundos.
La cinta así expurgada solivianta el ánimo del recensionista de ABC cuando se estrena en el cine Capitol:
La película de Terence Hataway [sic.] es otro disparate levantado sobre la nada, con riqueza, agitación y buen color. Quedan el boato escenográfico, el ruido, las flechas envenenadas, los tiros y los golpes como único vestido para cubrir el vacío de un guión que apenas se tiene en pie, por muy buena voluntad que le echemos a los enloquecidos calzos argumentales que intentan sostenerle. París-Estambul, sin regreso es una máquina en desorden, un ir y venir sin medida, una sucesión de imágenes muy lucidas pero sin carne ni talento, en las que se mueve como puede, y no puede mucho, la imagen destartalada de Ken Klark [sic.]. La escopeta mortífera que todo lo disuelve con sus rayos hubiera podido, mejor apuntada, volatilizar buena parte de esta fantasiosa nadería. [G. E., en ABC, 3 de febrero de 1966.]
Operación Lady Chaplin se estrena en España un año más tarde, en febrero de 1967. Desmantelada Época Films, es el estudio de sonido Sincronía el que asume la coproducción con Fida Cinematografica y Les Productions Jacques Roitfeld. Lady Arabelle Chaplin (Daniela Bianchi) es al tiempo exquisita creadora de alta costura, maestra del disfraz -monjita, viejecita en silla de ruedas, la mismísima Helga Liné...-, asesina sin escrúpulos y villana imaginativa... Baste decir que el combustible de los dieciséis misiles nucleares que ha recuperado de un submarino hundido en colaboración con el magnate Zoltan (Jacques Bergerac) cruza fronteras sin problemas convertido en el tejido de uno de los más espectaculares modelos de su colección. Si bien es cierto que esta cinta tiene alguna de las ideas más espectaculares de la serie del agente 077 -la monja que dispara con una metralleta contra dos frailes para abrir boca, la muerte de la chica que roba el traje explosivo, el vestido que se transforma en paracaídas...- el doble protagonismo del agente Dick Malloy con la lady Chaplin interpretada por Daniela Bianchi y algunas idas y venidas sin demasiada justificación -una modesta jornada de rodaje en Nueva York se reparte a lo largo de dos secuencias en las que se ha aprovechado hasta el último metro de película rodado- terminan afectando al conjunto. No obstante, debido a esta ostentación de medios de producción algunos consideran esta película la mejor de la serie. La realidad es que cuanto más pretende acercarse el sucedáneo a su modelo, más patentes resultan sus carencias. La estrecha bodega donde se apelotonan los dieciséis misiles nucleares nunca podrá competir con el deslumbrante decorado levantado en Pinewood por Ken Adams para You Only Live Twice (Sólo se vive dos veces, Lewis Gilbert, 1967) ni el humilde batiscafo en el que Malloy viaja a buscar el submarino nuclear con las complicadas secuencias de acción submarina de Thunderball (Operación Trueno, Terence Young, 1965). Eso sí, la relación directa entre los incidentes argumentales localizados en la Costa del Sol y el accidente nuclear de Palomares (Almería), ocurrido en febrero de 1966, no debieron pasar inadvertidos a los espectadores de la época.
A fin de promover la preservación del cine español, la
Dirección General de Cine hace efectiva en 1964 una norma que obliga a
entregar una copia en perfecto estado de la película en cuestión en la Filmoteca Nacional, organismo encargado de certificar su cumplimiento. Pues
bien, París-Estambul sin regreso se filma en Techniscope y
Technicolor, que se procesa en laboratorios italianos. Fida
Cinematografica se compromete a ceder durante sesenta días a la
productora española y a la francesa un internegativo de imagen con el
montaje definitivo y el soundtrack internacional, esto es, las
pistas de música y efectos ya mezcladas, a falta del doblaje en el
idioma correspondiente... pero en el presupuesto español hay una partida
de dieciséis mil quinientas pesetas para el tiraje en laboratorios
españoles de la copia de conservación ¡en blanco y negro!
Con ser un excelente entretenimiento, París-Estambul sin regreso no es una película excepcional ni la acción de la censura está destinada a borrar apuntes críticos, pero resulta ejemplar en lo que supone la rutina administrativa para con el cine popular a mediados de los sesenta, cuando García Escudero estaba abriendo la mano para otro tipo de contenidos. También de los distintos baremos a los que debían enfrentarse las coproducciones hispano-italianas para estrenar las películas en sus respectivos territorios. La copia italiana obtiene el "nihil obstat" el 22 de septiembre de 1965 para su proyección en Italia sin limitación de edad y para la exportación. La calificación por edades original en España vedaba su visión a los menores de dieciocho años, y si la explotación en VHS en 1982 rebajaba la recomendación a mayores de trece años, otra más reciente, de 1990, recuperaba la etiqueta de "no recomendada para menores de dieciocho". A buen seguro pesaron entonces más los muertos que los besos.
Addenda del 24 de septiembre de 2026:
Mencionábamos más arriba de pasada la censura de Marc Mato, agente S-077 / S.077 spionaggio a Tangeri (Gregg Tallas, 1965), el apócrifo S-077 interpretado por Luis Dávila. El estudio del expediente de censura arroja algo de luz sobre la intransigencia de la censura administrativa y cómo en esta ocasión quedó en evidencia la inoperancia de la censura de guión previa. [Archivo General de la Administración, caja 36/04275.]
La Cooperativa Cinematográfica Atlántida solicita el permiso de rodaje para esta coproducción minoritaria con Dorica Film el 2 de octubre de 1965 y seis semanas después la película está lista para su exhibición, previa aprobación de la Junta de Censura y Apreciación. Sin embargo, esta ordena tres cortes: la escena de la pareja en la cama al final del rollo 1 y principio del 2...
... el plano en que Marc abofetea a Lea y luego la besa apasionadamente en el rollo 8...
... y "suprimir los planos de tortura con la cuerda" -en realidad, un alambre- en el rollo 10.
El 27 de noviembre, José Frade manda un largo recurso (tres páginas) en el que hace valer que se han ceñido escrupulosamente a lo autorizado por censura previa al leer el guión. Lo cierto es que la Administración se cubre siempre las espaldas y comunica a los productores que si algo no está de acuerdo con la supuesta moral media de los espectadores españoles, el deber de la Junta es velar por su tranquilidad.
Frade califica las "adaptaciones" -como se denominan eufemísticamente los cortes- de "excesivas" y solicita que el Pleno de la Junta valore su argumentación, que recurre al agravio comparativo y, como acabamos de decir, a la autorización previa del libreto.
El primer corte atañería, según él, a "una escena típica de este género cinematográfico, que se encuentra en todas las películas de James Bond y en las realizadas siguiendo esa línea". Solicita por tanto que, si no se puede conservar íntegra, se mantenga cortando al producirse alguna de las llamadas telefónicas.
En cuanto a las otras dos, la bofetada a Lea se hallaría perfectamente detallada en las páginas 117-199 del libreto aprobado, y la tortura en las páginas 135-137. El productor reconoce la violencia de esta secuencia, pero también opina que "está muy lejos de ser de crueldad o sadismo excesivos y nos puede dañar o molestar a los espectadores mayores de 18 años". Apunta que incluso se ha suprimido un plano de detalle que constaba en la página 136 el plano en el que "de la cintura del hombre empiezan a salir gotas de sangre" debido a la presión del alambre.
El Pleno no debe atender a su ruego porque el 12 de enero de 1966 la comisión censora comprueba que los cortes han sido hechos a satisfacción, pero que el plano del beso después de la bofetada persiste. La Junta comunica a Frade que no va a emitir los certificados de exhibición hasta que no se realice la adaptación en el rollo 8. Frade contesta de inmediato solicitando que la comisión reconsidere el corte en el rollo 8 ya que suprimir el resto de la secuencia podría suponer la "anulación del contrato de compraventa en España con la distribuidora Interpeninsular Films". La carta termina con una mención al currículum inmaculado de la productora: "Insistimos en que observen el historial de películas en que hasta la fecha no nos han llamado la atención más que en la presente película".
Marc Mato, agente S-077 se estrena en Barcelona a principios de mayo de 1966 así que José Frade debió doblegarse a la rigidez del criterio censor e Interpeninsular Films resignarse a perder una escena atractiva. En su crítica en la Hoja del Lunes de Barcelona Castell reprochaba a la cinta su carácter mimético y la "aparición de descocadas señoras con más vulgaridad que verdadero atractivo". [Hoja del Lunes (Barcelona), 2 de mayo de 1966.]





























No hay comentarios:
Publicar un comentario