domingo, 25 de octubre de 2026

totalmente chapuerradas en español

 
A Alejandro

Hal Roach fue un auténtico pionero de las multiversiones idiomáticas. La popularidad mundial de Stan Laurel y Oliver Hardy o Our Gang —en España el Gordo y el Flaco, y La Pandilla, respectivamente— empujaron al productor a idear un sistema para no perder el mercado hispanohablante durante la transición al sonoro.

De los cortometrajes de La Pandilla se realizaron únicamente tres versiones españolas: Los pequeños papás, de The First Seven Years (Robert F. McGowan, 1930); Los fantasmas, de When the Wind Blows (James W. Horne, 1930); y Los cazadores de osos, de Bear Shooters (Robert F. McGowan, 1930). Algunas filmografías mencionan también una versión multiidiomática de A Tough Winter (Robert F. McGowan, 1930), pero ni Heinink y Dickson la incluyen en su compendio Cita en Hollywood [Bilbao: Mensajero, 1990] ni hemos encontrado rastro del mismo en la prensa. Se desconocen los títulos de las publicitadas versiones de los tres primeros cortometrajes en francés, alemán e italiano, pero, en cambio, A Tough Winter consta en los registros como Temps d’Hiver en francés y Winter Wetter en alemán.

Los cuatro cortometrajes citados fueron rodados entre noviembre de 1929 y febrero de 1930 en los estudios Roach de Culver City, con los críos y el habitual Edgar Kennedy reproduciendo fonéticamente los diálogos en cada idioma. Un artículo en la revista Cinelandia relata algunos pormenores del sistema empleado:

¿Cómo es posible —se pregunta retóricamente el gacetillero— que de la noche a la mañana sus componentes hayan salido sabiendo hablar tres idiomas más, sin contar con el inglés que es el suyo propio? Pues muy sencillo: aprendiéndose como verdaderos papagayos las frases de sus respectivos papeles.
Esto no ha sido muy difícil. Sólo se ha requerido un poco de constancia y de paciencia... y se acabó.
Hay que tener en cuenta que en la mayor parte de las películas interpretadas por La Pandilla, lo que más abundan son los actos mudos, las carreras, las sorpresas, las estratagemas, las confabulaciones en voz baja y las luchas a brazo partido, a pedradas, a palos, con el chorro de una manguera, etc. No hablan mucho. Lo necesario para la inteligencia de los complots, de los juegos regocijados en que se enreda su vida infantil. Los ruidos son importantes, y los ruidos hablan el lenguaje universal del sonido abstracto, sin el obligado del verbo. Las frases que emiten son reducidas y ello facilita enormemente la labor.
Además los niños son despiertos casi siempre, si se logra impresionar su imaginación y su retentiva. Gustan espontáneamente de imitar, en sus juegos y pasatiempos. Son, en una palabra, excelentes cotorras humanas.
He aquí, pues, el sistema que han empleado, al parecer con excelentes resultados. Apenas terminada una escena hecha en idioma inglés, el director requiere los servicios de una maestra de español, o de francés, o de alemán, según sea la versión que se desea llevar a cabo. Esta repite varias veces, por ejemplo a Mary Ann, la chiquilla pecosa, bizquita y avispada que conocernos, “niñita, di: ¡ahí viene el coco!”. La niña repite la frase cuantas veces sea necesario, para aprendérsela de memoria. Cuando la sabe, la maestra auxiliar del director hace una seña a éste; se preparan los reflectores; las cámaras toman sus posiciones y ¡zas! se toma la escena deseada, por supuesto después de haber enseñado a cada uno su respectiva frase para que el diálogo sea completo.
Los pobres niñitos están azorados y en los primeros días han sudado tinta prieta. Pero como a todo le saben sacar partido para su diversión, ya que los papeles que interpretan, son en realidad como ellos quisieran siempre ser, en la vida, o como han sido; o más aún, como son en sus ratos de ocio, han acabado por reírse a carcajadas con la innovación. [J. Sánchez Escobar: “La pandilla poliglota”, en Cinelandia, diciembre de 1930, págs. 17 y 62.]

Tenemos, por tanto, el procedimiento habitual de tomas alternas en el que la versión original sirve de matriz para la puesta en escena en otros idiomas. Ahora bien, frente a las versiones ampliadas de las películas de Laurel y Hardy, con un sistema completo de tomas dobles y nuevo material para el público hispano, las películas de La Pandilla se muestran mucho más modestas en ambición. Para empezar, el grueso de la acción, todo el humor slapstick carente de diálogo, simplemente se duplica fotográficamente. Esto es, se rueda una única vez y el negativo montado se contratipa para la versión en castellano. En segundo lugar, casi todos los diálogos tienen lugar en planos exentos, carentes de acción y con una escala muy controlada. Es a estos planos en concreto —quince o veinte por película de dos bobinas— a los que se aplica el sistema de tomas alternas e, incluso aquí, se utilizan estrategias para simplificar el rodaje: por una parte, se realizan insertos más cortos de determinadas frases, que en la versión original se desarrollan como un diálogo en el plano máster; por otra, se abrevia la acción en los casos en los que ésta sea simultánea al diálogo. Esto es lo que ocurre en el segundo rollo —el único conservado con sonido— de Los cazadores de osos. 

Los fantasmas presenta otras complicaciones. Mientras los chicos, Edgar Kennedy y algún otro actor replican sus papeles en español, el padre de Enrique, que tiene una cantidad de diálogo razonable está interpretado por Julián Rivero. También los padres de Chubby son hispanos en la segunda versión: Mary López y Joe de la Cruz, según Robert Demoss, que lista todos los cortos de Hal Roach. [The Lucky Corner: https://www.theluckycorner.com/rmt/096.html] Sin embargo, otras fuentes afirman que la madre es Laura Peralta, que ejercía de “profesora” de español de los chicos [Robert G. Dickson, en Cita en Hollywood. Bilbao: Mensajero, 1990, pág. 30.] y aparecería también en los otros dos cortos conservados en español. [https://www.lordheath.com/Laura_Peralta.html]

La dificultad para articular correctamente los diálogos en castellano por parte de los críos se utilizó desde el departamento de mercadotecnia del estudio para venderla como fuente suplementaria de comicidad:

La dicción no será muy correcta, al contrario, llevará estampada la procedencia extranjera, es decir, yanqui en este caso, pero eso mismo provocará más risa y más regocijo que si las palabras fueran dichas con toda corrección y justeza. [J. Sánchez Escobar: Op. cit., pág. 62.]

Para estas versiones los personajes fueron rebautizados y así, Jackie (Jackie Cooper) pasa a ser Juanito, a Chubby (Norman Chaney) le corresponde en alguna cinta el apelativo de Gordito, a Wheezer (Bobby Hutchins) le llaman Chico, Mary Ann (Mary Ann Jackson) responde por María, Speck (Donald Haines) es Pecas y Allen “Farina” Hoskins sigue siendo Farina. [https://www.theluckycorner.com/rmt/096.html] En los créditos iniciales son presentados colectivamente como los “Actores Chiquitos” de Hal Roach y no como La Pandilla.

Antes de descartar totalmente la producción en español a mediados de 1930 —lo que puso fin a los contratos de Edgar Neville, Tono, José López Rubio, Luis Buñuel y Eduardo Ugarte, además de numerosos actores—, M-G-M lanzó una gran campaña de propaganda en la que los cortometrajes producidos Hal Roach tenían presencia prominente. En ella se anuncia que La Pandilla, Laurel y Hardy, Harry Langdon y Charley Chase “¡Hablan español!”.

Pero, una vez más la publicidad encontró el modo de darle la vuelta a las posibles deficiencias de pronunciación de los cortometrajes de Our Gang. Mientras el resto de multiversiones se presentaban como películas “totalmente habladas en español”, las de La Pandilla se anunciaban como “totalmente chapurreadas en español”.

De propina... En el blog Risas y sensaciones de antaño hay una entrada dedicada a las Pandillas apócrifas que pulularon por España a lo largo de tres décadas: https://risasysensaciones.blogspot.com/2014/09/spain-is-different-las-visitas-de-los.html.

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