Mostrando entradas con la etiqueta Luis Torreblanca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Luis Torreblanca. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de diciembre de 2024

rutas del yo: alberto carles blat

a Asier Aranzubia

Proyectando este Ministerio la realización de doce Documentales en color destinados a difundir en el extranjero aspectos relativos a las bellezas naturales, costumbres de España y glosa de los avances técnicos, culturales e industriales habido en nuestro país, ha resuelto convocar un concurso de guiones cinematográficos a fin de seleccionar entre los que se presenten aquellos que por sus valores garanticen la ejecución posterior de unas películas de calidad e interés a los fines propuestos. [“Orden de 7 de noviembre de 1955 por la que se convoca concurso de guiones cinematográficos para la realización de Documentales en color sobre motivos de España”, en BOE; núm. 317, 13 de noviembre de 1955, pág. 6874.]

“Este Ministerio” es el de Información y Turismo y los guiones elegidos iban a ser doce. Cada uno de ellos recibiría veinte mil pesetas para la realización del correspondiente cortometraje. Aunque el proyecto se demoró más de lo previsto, los títulos elegidos y entregados en 1957 fueron los siguientes: Jardines de España (1957) y Asturias monumental, de Christian Anwander, producidos por el propio No-Do; Truchas y salmones y Cómo se repite una ciudad: Salamanca, de Luis Torreblanca, y San Antonio de la Florida, de Santos Núñez, las tres para Hermic Films; Contrapunto de Madrid y Dos ciudades históricas y dos Sitios Reales, de José López Clemente para Studio Films; Paraíso Mediterráneo, de Luis Suárez de Lezo; Sucedió en San Fermín (1957), de Rafael García Serrano; Por el camino de la jota (1957), de Francisco Centol; y Alto Pirineo y La capra hispánica, de Alberto Carles Blat. Aunque la iniciativa despertó ciertos recelos en el seno de No-Do, José López Clemente asegura que fue el modo en el que se abriesen las puertas de la institución a los documentalistas independientes. [José López Clemente: “La otra cara de No-Do”, en Pedro Medina et al. (eds.): Historia del cortometraje en España. Madrid: Festival de Cine de Alcalá de Henares, 1996, págs. 153-154.] Uno de ellos era el susodicho Alberto Carles Blat.

Nacido en Valencia en 1916, teniente del arma de Caballería con destino en la Escuela de Estado Mayor durante la posguerra y cineasta amateur, ingresa en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas, en la especialidad de Cámaras, en 1947. O sea, en la primera convocatoria. Al finalizar el primer curso un grupo de alumnos de las diversas especializadas se pone a sus órdenes para rodar un cortometraje titulado Fecundidad (1948), que pasa censura con la cobertura administrativa de la Universitas Films de José María Elorrieta y que se programa en la sesión del 11 de abril de 1951 del cine-club del IEEC. [Fernando Ramos Arenas: Enfermos de cine. Una historia cultural de la cinefilia en España (1947-1967). Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2024, pág. 68.]

A partir de 1950, Alberto Carles Blat entra a formar parte del cuerpo docente y, además, se encarga de la fotografía de varios de los documentales de la Sección de Experiencias del Instituto, que suministraba material audiovisual de carácter didáctico, técnico o industrial a instituciones como la Sección Femenina o la Facultad de Medicina. [Ferrán Alberich: “El Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas y la Escuela Oficial de Cinematografía en el cine español”, en 50 años de la escuela de cine, Cuadernos de la Filmoteca, núm. 4. Madrid: Filmoteca Española, 1999, pág. 16.] 

La actividad de Alberto Carles Blat en este campo destaca por su interés en el color, con emulsiones como el Kodachrome o el Ansco-Color, facilitado probablemente a la escuela para ver sus posibilidades de comercialización en 16mm y acaso para proporcionar material de trabajo a los estudiantes de Laboratorio. Ibiza, La Marina, Costa Brava y Los Pizarrales constan en el archivo de la Escuela de Cine como títulos completos, en tanto que sólo hay materiales de trabajo de Talla policromada.

Al mismo tiempo, Alberto Carles Blat firma sus primeros documentales en 35mm como realizador, guionista y operador: Aisladores de alta tensión (1950) para el Ministerio de Industria, Jerez (1952) para el Instituto Nacional de la Vivienda, y Feria Internacional del Campo (1953) para la Delegación Nacional de Sindicatos. Y en 1953 figura a efectos sindicales como codirector de la fotografía de Noches andaluzas / Nuits andalouses (Maurice Cloche, 1953), aunque el responsable pleno de este rubro sea el francés Nicolas Hayer.

Tenemos constancia de otros trabajos más personales realizados por estas mismas fechas De la Liébana al Naranjo y Nieve en Gredos, amén de la elaboración de un guión de largometraje titulado Más arriba de las cumbres. Al igual que en alguno de sus cortos como aficionado en 9,5mm, la vocación por la montaña es evidente. El concurso del Ministerio de Información y Turismo le permite, pues, aunar su interés por la fotografía en color y los temas de montaña. A los dos documentales premiados, producidos por A. Carles Producciones Cinematográficas para el Ministerio, se sumarán en 1958 otros siete más, realizados para la colección Documentales Color del organismo oficial, continuación de aquella fase experimental del Nodocolor que ya reseñamos aquí.

Frente a los documentales de arte o los dedicados a tradiciones y folklore que constituyen el grueso de las otras propuestas, los de Alberto Carles Blat son producciones de promoción turística — montaña y costa— con un tratamiento coherente en el uso del color y novedoso en su concepción al integrar algunas estrategias de ficción con protagonismo de la mujer. Además, seis de ellos —no hemos podido ver Costa Brava, de Blanes a Palamós (1958)— se articulan como relatos en primera persona, algo absolutamente inédito en este tipo de trabajos, no digamos ya en el muy estandarizado formato adoptado por No-Do.

Comencemos con La capra hispánica ya que el “protagonista” es nada menos que Max Borrell, exgobernador civil de La Coruña, amigo personal de Franco y su introductor en los intríngulis de la caza y la pesca. Y a la aventura de la caza de un ejemplar macho de cabra montés está dedicado el documental. El punto de partida es el Parador Nacional de Gredos, con lo que uno de los objetivos turísticos se da ya por cubierto. No en vano, este emblemático establecimiento, construido en 1926, fue el primero de una red que pretendía proporcionar un servicio de calidad al turismo de élite, foráneo o nacional, que viajaba por la España interior. Junto con el guarda mayor del Coto, José Núñez, Borrell proyecta sobre el plano la aventura cinegética. Por la noche, junto a la chimenea, la tensión le impide dormir. La amenaza del frío y la nieve funcionan como detonantes de un suspense que se mantiene en tanto tenemos ocasión de admirar el paisaje y las cabras, en una suerte de visión presciente del cazador. Por ello, no hay durante este tramo locución alguna, sólo el acompañamiento musical de José Pagán y Antonio Ramírez Ángel. Al día siguiente, la aproximación al objetivo y los pormenores de la especie y la normativa para su caza alternan con los ejemplares en su entorno natural. Es el tiempo del paisaje grandioso, los animales en libertad, la caprichosa metamorfosis de las nubes... En una ocasión, a falta de un plano para el montaje paralelo, Alberto Carles Blat recurre a un fotograma congelado en truca en el que una cabra montés parece observar fijamente a los miembros de la expedición antes de salir huyendo. En cualquier caso, el happy end —para el cazador, no para la presa, claro— está cantado: “Un buen trofeo con el que rememorar en noches lejanas la vieja historia de una cacería en Gredos”.

Nuestra identificación con el fondón Max Borrell depende enteramente de esta articulación del relato. No obstante, si el asunto cinegético puede resultar polémico hoy en día, las sonrojantes relaciones del protagonista con los hosteleros, guardas y otros subalternos parecen más propias de Los santos inocentes que de un país en vías de desarrollo.

La capra hispánica es el único documental del lote rodado en Ferraniacolor y procesado en los laboratorios Fotofilm de Barcelona; el resto, fueron fotografiados en Agfacolor. Tal es el caso de Alto Pirineo, el otro documental ganador del premio del Ministerio de Información y Turismo. Los paisajes tienen aquí aún mayor espectacularidad, lo que ha llevado a alguno a invocar el cine alemán de montaña de los años veinte, el bergfilm, cuyo principal cultivador fue Arnold Fanck y en el que Leni Riefenstahl se formó como actriz. Es cierto que el espíritu romántico asociado al paisaje podría evocarlos, pero no hay en el documental de Alberto Carles Blat el intenso dramatismo de aquellas películas. Hay en cambio un sentido de camaradería en la marcha de un hombre —que asume el papel de narrador—, dos mujeres y un perro por el Pirineo, con ascensiones a Els Encantats, en Aigües Tortes, el Aneto, Monte Perdido y algunas espectaculares paredes en el Valle de Ordesa.

Como en el caso de José Núñez en el corto anterior, en esta ocasión comparece el legendario Abadías, primer guarda del refugio de la Renclusa, conocido como “el león del Aneto”. La única concesión al espíritu del tiempo es una eucaristía celebrada en plena montaña, a la que los protagonistas asisten desde lejos, sin unirse a ella. En cambio, en las tiendas de campaña no faltan el transistor, la armónica o la novela de Zane Grey, iconos de la cultura popular del momento.

Reportaje en Ansó (1958) resulta insólito por dar protagonismo a dos mujeres profesionales: una fotógrafa y una periodista que acuden hasta esta localidad del Pirineo aragonés para realizar un reportaje. El mecanismo de la locución se complejiza al tener ambas voz propia, lo que sirve para poner en marcha conflictos dramáticos de baja intensidad.

—Aquellos rincones aguardaban sin duda el lienzo de un pintor —perora la escritora—. La construcción de las casas es muy particular: la irregularidad, la falta de simetría, parecen buscar un acorde estético con que formar Ansó.
—¡Por favor, ya estás haciendo literatura! —corta la fotógrafa.


Tras una escena de fuerte sabor costumbrista en la casa de la anciana que las hospeda y un somero recorrido por el pueblo, se inserta el bloque central, dedicado a la descripción de una boda tradicional ansotana: el vestuario, la ceremonia, el baile... El paisaje deja paso al reportaje antropológico. Es solo un interludio porque al día siguiente se reúnen con tres montañeros que han conocido en el pueblo para ir hasta Zuriza e internarse en la sierra de los Alanos. No obstante, la última excursión por el monte la hacen de nuevo las dos solas.

Aires de mi tierra (1958) supone un cambio de tercio radical. No se trata de una zona natural más o menos restringida que recorrer a pie, sino de toda una región. También cambia el protagonismo. Ya no volveremos a encontrarnos con la juventud sana y moderna de otros documentales. Nuestro mediador en esta ocasión es un emigrante gallego que regresa desde América para pasar unos días en su tierra natal. Llega en avión con su mujer e inmediatamente se suben a un coche alquilado para recorrer el territorio de su infancia. Beatriz Busto, que realiza un análisis foucaultiano del documental, concluye:

Aires de mi tierra presenta un uso colonial y violento de la emigración gallega en el cine español. Alimenta estereotipos folcloristas de Galicia, elaborando una subjetividad despolitizada y mostrando un territorio devenido a paisaje desactivado de conflicto social, con el único objetivo de vender características patrimoniales y afectivas en un ejercicio violento de turistificación que sigue vivo en la actualidad y que objetualiza el drama y el dolor de la ausencia. [Beatriz Busto Miramontes: “La (des)politización de la emigración y de su retorno en el cine de No-Do”, en L’Atalante, núm. 34, julio-diciembre de 2022, pág. 65.]

Los estereotipos folklóricos alcanzan su cénit con la irrupción de un grupo de Coros y Danzas en un momento en el que el matrimonio está haciendo pícnic en la costa, convirtiendo a los viajeros en espectadores privilegiados de una representación que se pretende casual. Por otra parte, éste es el único documental del lote en el que la subjetividad —por muy ficticia que sea— se pliega al discurso oficial sobre un desarrollo económico compatible con la tradición y con el nacionalcatolicismo.

Costa Blanca (1958) está protagonizado dos jóvenes europeas que viajan solas en automóvil por la costa levantina. El relato que hace una de ellas sobre las distintas escalas de su viaje entre Oliva (Valencia) y Elche (Alicante) sirve de leve hilo argumental a un repertorio de coloridas estampas playeras en Agfacolor, casi diríamos que a modo de postales; una de ellas es la del inusitado perfil del Benidorm previo al boom turístico, donde se divierten en una playa casi desierta con un grupo de muchachos que más adelante las invitarán a su velero. Frente a esta camaradería juvenil, los apuntes de relaciones con las gentes locales resultan muy distintos. Apenas inician su recorrido, el propietario de un naranjal les regala fruta como para llenar el maletero del coche y en los astilleros de Calpe se enfrentan a lo que intuimos “homenaje de admiración” de los trabajadores; es un momento privilegiado en el que el encuentro de la España tradicional con la modernidad se adivina plagado de contradicciones. Probablemente, es lo más lejos que puede llegar Alberto Carles Blat en su imprevista —y, a buen seguro, impremeditada— disidencia.

Vigías del mar (1958) abandona la locución en primera persona y adopta una voz en off literaria y oficialista, más próxima a la de otras piezas del No-Do. Y es una pena porque, si prescindimos del audio, la viñeta de un farero y su familia está trazada con esmero y el suspense creado en torno a una lámpara fundida en una noche de tormenta perfectamente construido gracias a la planificación y el montaje, sin ayuda de muletas locucionales.

El artificio del diario de viaje y el triángulo protagonista vuelve a figurar en De Yuste a Guadalupe: Cuna de conquistadores (1959). Un estudiante recién diplomado, propietario de un flamante Seat 600, se dispone a pasar unos días de edificantes vacaciones en compañía de dos becarias, hemos de suponer que latinoamericanas, del Instituto de Cultura Hispánica. Como en caso anteriores, el interés del viaje es puramente cultural y ni se insinúa el más leve apunte de interés romántico —no digamos ya sexual— en el trío protagonista. El protofeminismo presente en Costa Blanca o Reportaje en Ansó reparase cuando una de las muchachas se coloca al volante del 600, que ya no soltará hasta el final del viaje. Por desgracia, éste se resuelve en un recorrido monumental por Yuste, Plasencia, Cáceres, Mérida, la vega del Guadiana, Badajoz, Medellín, Trujillo y monasterio de Guadalupe.

Un breve inciso en un moderno hotel rinde tributo a la modernización de España, pero la ya inevitable actuación del grupo de Coros y Danzas y, sobre todo, la misa en Guadalupe con la invocación de pasadas glorias imperiales concitan lo más rancio del hispanismo y el nacionalcatolicismo. Después del prólogo, la voz en off se convierte en una ilustración de las maravillas históricas y monumentales que no desentonaría en aquellas guías turísticas de la editorial Everest que proponían un recorrido por todas las provincias de la geografía española.

Los altos lagos. A través del Pirineo (1962) recupera el protagonismo del grupo mixto de montañeros, pero elude el relato en primera persona, que ha retomado, en cambio, en Volando sobre el Ebro (1961), pero para cederle la voz al piloto del helicóptero del Ejército del Aire que va a facilitar el rodaje: un militar que cumple órdenes, según asegura él mismo en el prólogo, sin la más mínima implicación emocional en el viaje. A estas alturas, el recurso se ha ido quedando desprovisto de contenido real: el “yo” narrador, que compartía con el espectador la experiencia íntima del viaje, se ha convertido en un “yo” institucional, mero reproductor del discurso oficial y sus consignas.

Filmografía de Alberto Carles Blat como director:

Fecundidad (1948) Universitas Films
Aisladores de Alta Tensión (1950) Ministerio de Industria
Jerez (1952) Instituto Nacional de la Vivienda (Ministerio de la Vivienda)
Feria Internacional del Campo (1953) Delegación Nacional de Sindicatos
La capra hispánica (1957) No-Do
Alto Pirineo (1957) No-Do
Aires de mi tierra (1958) No-Do
Costa Blanca (1958) No-Do
Costa Brava: De Blanes a Palamós (1958) No-Do
Vigías del mar (1958) No-Do
El Turia (1958) No-Do
Reportaje en Ansó (1958) No-Do
Cuiden los detalles (1958) Ministerio de Industria
Seguridad en la industria textil (1959) Ministerio de Industria
Medias sin costura (1959) Ministerio de Industria
El poema de Córdoba (1959) No-Do
De Yuste a Guadalupe (Cuna de conquistadores) (1959) No-Do
Produzca más con menos esfuerzo (1960) Ministerio de Industria
El trabajo es labor de equipo (1960) Ministerio de Industria
Música y danza (1960) Alberto Carles P.C.
El Tribunal de las aguas (1960) No-Do
Volando sobre el Ebro (1961) No-Do
Vacaciones en el mar (1962) Delegación Nacional de Sindicatos
Los altos lagos. A través del Pirineo (1962) No-Do
La feria en un día (1962) Alberto Carles P.C.
Organice su oficina (1963) Ministerio de Industria
Seguridad en la industria eléctrica (1964) Comisión Nacional de Productividad Industrial
25 años de Paz: Agricultura, revista Imágenes núm. 1022 (1964) No-Do
VI Feria Internacional del Campo (1965) Alberto Carles P.C.
Obra sindical del hogar N. 1 (1965) Alberto Carles P.C.
Picos de Europa (1967) Alberto Carles P.C.
Regadíos del sur, revista Imágenes núm. 1173 (1967) No-Do
Artesanía española I: oficios nobles (1967) Alberto Carles P.C.
Artesanía española II: oficios toledanos (1967) Alberto Carles P.C.
Artesanía española III: oficios andaluces (1967) Alberto Carles P.C.
Fundaciones y talleres artesanos (1967) Alberto Carles P.C.
Maestros artesanos (1967) Alberto Carles P.C.
Herencia artesana (1967) Alberto Carles P.C.
Machu-Picchu, la ciudad perdida de los Incas (1968) No-Do
Lima, ciudad de ayer y de hoy (1968) No-Do
Cuzco, ciudad dos veces imperial (1968) No-Do
Chinchero, un pueblo de los Andes (1968) No-Do
Imágenes del Deporte, núm. 20 (1970) No-Do
Imágenes del Deporte, núm. 38 (1971) No-Do
Almería (1971) No-Do
Cáceres monumental (1971) No-Do
La ruta de los conquistadores (1971) No-Do
León (1973) No-Do
La caza en España (1975) No-Do
Expresionismo rupestre en el Levante español (1975) No-Do

Todos los documentales comentados están disponibles en el repositorio de No-Do que mantienen Filmoteca Española y RTVE. De ahí proceden las capturas que ilustran este texto.

domingo, 13 de febrero de 2022

cine español en relieve, cosecha de 1953

En su resumen del año 1953 el crítico cinematográfico de La Vanguardia Española resalta el desembarco del cine en relieve en la pantalla nacional con títulos en Natural-Vision, esto es, el proceso creado por M.L. Gunzberg con el que se rueda la pionera Bwana Devil (Bwana, el diablo de la selva, Arch Oboler, 1952). [Lenny Lipton: Foundations of the Stereoscopic Cinema: A Study in Depth. Van Nostrand Reinhold, 1982, págs. 149 y sigs.] El 26 de noviembre de 1952 ha tenido lugar su estreno en Los Ángeles y el 25 de mayo de 1953 llega a las pantallas españolas. El distribuidor es Alfredo Talarewitz, con su recién creada empresa Filmax. Talarewitz actúa también como representante en España de la marca de cine tridimensional británica Stereo Techniques Ltd.


Los hermanos Raymond y Nigel Spottiswoode habían recibido en 1950 el encargo del British Film Institute de realizar algunas películas en tres dimensiones para ser proyectadas en el Telekinema —que terminaría convirtiéndose en el National Film Theatre— construido para el Festival of Britain de 1951. [Keith M. Johnston: “3D UK? 3D history and the Absent British Pioneers”, en Open Library of Humanities de la East Anglia University. https://ueaeprints.uea.ac.uk/id/eprint/53596/] 

El programa incluía dos películas de animación experimental realizadas por Norman McLaren con el que Raymond Spottiswwoode había coincidido en el National Film Board of Canada —Now Is the Time (To Put On Your Glasses) (1951) y Around Is Around (1951)—...

 

... y dos de imagen real dedicadas al zoo de Londres —A Solid Explanation (Peter Bradford, 1951) y a un recorrido por el Támesis —The Distant Thames (Brian Smith, 1951)—. Los cuatro eran en color y contaban con sonido estereofónico.

La revista española Primer Plano daba publicidad al evento en los siguientes términos:

Proyectándose ambiciosamente hacia el futuro, en el "Telecinema" se experimentará un nuevo registro sonoro, con los últimos adelantos magnéticos, con los que el sonido llega al espectador desde todas partes: de los laterales de la sala, del techo, del suelo, en consonancia con la imagen proyectada.
Y acoplado con este nuevo, novísimo sonundtrack, veremos una novedad absolutamente sensacional, deslumbrante, la llamada "película en el espacio", el film tridimensional, cuyas imágenes se saldrán, literalmente, de la pantalla hacia el espectador, bien prolongándose en unos fondos a distancia, que varían por completo el tradicional fondo, el confuso término de las películas hasta ahora normales.
Esta será la primera vez que el mundo vea una película tridimensional, hecha, además, en color, con la combinación del nuevo sistema de sonido. El director técnico de todas estas fabulosas maravillas es sir Raymond Spottiswoode. [Primer Plano, núm. 554, 27 de mayo de 1951.]

Durante los siguientes cuatro años, con la colaboración de algunos técnicos interesados en la tecnología estereoscópica y de otros formados por la propia Stereo Techniques, produjeron y distribuyeron diversos cortometrajes entre los que se incluían películas institucionales o realizadas para algunos organismos oficiales, la filmación de la coronación de Isabel II en colaboración con British Pathé —Royal Review (Robert Angell, 1953)— y algunos asuntos publicitarios. El único largometraje rodado con las cámaras de Stereo Techniques fue The Diamond (Montgomery Tully y Dennis O’Keefe, 1954); se estrenó en España con el título de Agente federal X-678, pero en versión plana.


En su catálogo figura un programa de veinte minutos con el doble título de Bullfight in Spain / Festival in Spain (1953). Se trata de las dos últimas bobinas de Festival de la tercera dimensión (Luis Torreblanca, 1953), la película producida por Alfredo Talarewitz para situarse en el pujante mercado del cine en relieve. El 30 de mayo de 1953, el titular de Filmax ha solicitado el preceptivo permiso de rodaje para una película de novecientos metros —esto es, unos treinta minutos— a rodar mediante el sistema Stereo Techniques, con un presupuesto de quinientas cincuenta mil pesetas. El rodaje se prolonga desde el 25 de abril —o sea, un mes antes de que pidiera el preceptivo permiso—- hasta el 16 de junio. Por entonces, todos los medios técnicos de Stereo Techniques están volcados en la película de la coronación, celebrada el 2 de junio y registrada por tres combos de dos cámaras, dos de los cuales han sido construidos ex profeso para la ocasión. [Entrevista a Charles W. Smith, en British Entertainment History Project. https://historyproject.org.uk/]

Para conseguir la aprobación del proyecto, presenta un guión de cinco páginas firmado por el documentalista José López Clemente, en el que se desarrolla en detalle sólo el primer segmento de los tres que componen la película: Al alcance la mano, Desde la barrera y Baile español. [Archivo General de la Administración, cajas 36/04738 y 36/03457.] En su informe de censura previa escribe Juan Esplandiú: “El lector opina que como exhibición de la novedad de la tercera dimensión en cine ya ha presentado, hasta hoy día, la película Bwana y que el presente guión, por lo tanto, no aporta nada a la ingeniosa invención”. El informe está firmado el 5 de junio. Insisto en las fechas porque es evidente que en este tipo de proyectos dos semanas suponen la diferencia entre el interés del espectador y su desidia.

Cuando se estrene, las gacetillas pondrán de relieve los pretendidos logros de cada uno de los segmentos:

Si en Desde la barrera puede vivirse materialmente la emoción de una tarde de toros, y Baile andaluz es una auténtica maravilla de relieve y profundidad, envuelta en un revoloteo de faralaes y rasguear de guitarras, el tercer documental Al alcance de la mano es la demostración de las posibilidades del cine en relieve, llevando al espectador de sorpresa en sorpresa y convirtiéndole en parte integrante del espectáculo. [La Vanguardia Española, 12 de julio de 1953, pág. 21.]

En el libreto, al menos, este episodio hilvana con algunos gags, no siempre afortunados en el papel, los tics elementales de la pantalla tridimensional. Los otros dos reportajes conciernen a una corrida de toros celebrada en la plaza de Las Ventas de Madrid, en la que participa Antonio Chenel “Antoñete”, y unas danzas españolas interpretadas por Conchita Ledesma y el ballet de Pilar López en el Parque del Retiro. El responsable de la fotografía es Manuel Hernández Sanjuán. Godfrey Jennison —no Jenniton, como dice Fernández Méndez-Leite [Historia del cine español, vol. II. Madrid: Rialp, 1965, pág. 126]—, que aparece como responsable del 3-D de Vintage ‘28 (Robert Angell, 1953), es el técnico en estereoscopia que viajó a España. El otro es Bill Munn, que aparece acreditado como responsable de los “efectos especiales” junto al propio Talarewitz.

El programa El festival de la tercera dimensión —pues es más un programa suscpetible de proyectarse parcelado que un mediometraje— es calificado en Primera B, lo que equivale a una subvención oficial de un 35% del coste reconocido. Como todas las películas de estos años, recibe sucesivos recortes al pasar por los diferentes organismos: la productora presenta un coste final de 488.287 pesetas; el Sindicato Nacional del Espectáculo, lo reduce a 393.652; y el Servicio de Ordenación Económica del Ministerio de Industria y Comercio a 300.000. Y eso, que se valora que, “por haber sido rodada utilizando el procedimiento de luz polarizada, ha tenido que salvar ciertas dificultades técnicas; no tan grandes, naturalmente, como si hubiera empleado el color”.

Cuando propone la clasificación en Primera B, Alberto Reig, uno de los miembros de la Junta de Clasificación y Censura, argumenta que las bobinas dedicadas a los toros y al baile son “lentas y reiterativas”, amén de sacar escaso partido al relieve. Y sigue: “Teniendo en cuenta lo reseñado y que la idea argumental (en el supuesto de que exista y se considere como tal), no se caracteriza por su originalidad, entiendo que es muy suficiente la clasificación que propongo”.

El festival de la tercera dimensión se estrena en el cine Publi de Barcelona el 13 de julio de 1953. Además de la correspondiente edición del noticiario No-Do y de la de la revista Imágenes dedicada al Museo de Ciencias Naturales de Madrid, el programa se complementa con un corto de animación titulado Fantasía en relieve, que a buen seguro sería el de Norman McLaren, cedido por Stereo Techniques.

Cuando se estrena en el cine Rex de Madrid, el crítico del diario ABC asegura que este programita es su preferido por su corta duración y “porque, en el fondo, tiene el mismo carácter de ensayo que en tiempos tuvieron aquellas primeras imágenes en movimiento sobre una pantalla, que mostraban la llegada de un tren a una estación o la salida de los obreros de una fábrica”. [Donald, en ABC, 12 de julio de 1953, pág. 45.]

De todos modos, Aragonés y Pujol, los propietarios de los laboratorios Cinefoto y los estudios Orphea de Barcelona se han adelantado a Talarewitz. Aprovechando la presencia del ballet de Mona Inglesby en el Gran Teatro del Liceo acuerdan con José F. Arquer, su empresario, la realización de una película estereoscópica en color a partir de algunos números de El lago de los cisnes, de Tchaikovski. Utilizan para ello las dos cámaras que han modificado para rodar en Cinefotocolor, el sistema bicrómico autóctono a partir de un doble negativo en blanco y negro. El lago de los cisnes (Fransico Rovira-Beleta, 1953) se proyecta en el Windsor Palace como complemento de Man in the Dark (El hombre en las tinieblas, Lew Landers, 1953) a partir del 7 de junio y en el Callao de Madrid como complemento de Bwana Devil. Después, de modo independiente y en sesión continua, en el Rex, desde el 11 de julio. Esta vez la iniciativa de Aragonés y Pujol es aplaudida sin reservas, tanto por la Junta de Clasificación y Censura como por el público.

Volvamos al catálogo de Stereo Techniques. Entre su producción del año anterior se encuentra precisamente The Black Swan (Leonard Reeve, 1952), una selección de números de El lago de los cisnes interpretados por el Royal Ballet con Beryl Grey como primera bailarina. Es un cortometraje de trece minutos en blanco y negro. Probablemente se trate de una coincidencia, pero desde luego resulta una coincidencia harto curiosa.