domingo, 2 de abril de 2023

la reconciliación nacional en ciudad pegaso

Amparo (Rosita Arenas) es ambiciosa. Los hombres son como escalones por los que trepar en la escala social. Por desgracia, se ha enamorado de Pedro (Paco Rabal), un fotógrafo ambulante que la maltrata. Carlos (Antonio Vilar) ha llegado por fin al momento que llevaba esperando durante los últimos doce años: la empresa ha acaba de concederle la dirección de una importante factoría. Para conseguir este objetivo ha dejado de lado su matrimonio con Marta (Zully Moreno). Amparo muere accidentalmente cuando Carlos está en su apartamento. La policía busca a Pedro como principal sospechoso. Carlos es el único que puede exculparle. Marta le pide a su marido que lo haga, aunque eso suponga renunciar al puesto de dirección que tanto le ha costado conseguir. Los tres acuden a la casa del vigilante de la fábrica, donde Carlos espera convencer a Pedro de que abandone el país.

Pero, más allá de motivos argumentales, lo más interesante de La noche y el alba (José María Forqué, 1958) sea probablemente la elección de localizaciones naturales. Forqué, que ha estudiado algún curso de la carrera de Arquitectura antes de dedicarse al cine, dibuja cada personaje según los decorados que habita...


... del semisótano en un edificio de viviendas de nueva construcción en el que vive Amparo al refugio de Pedro en el Rastro madrileño, pasando por la moderna oficina donde tiene su sede la empresa de Carlos...

El encuentro entre vencedor y vencido tiene lugar en Ciudad Pegaso, modelo del urbanismo social segregatorio practicado a finales de la década de los cincuenta, siempre bajo la tutela de la iglesia.


En 1958 la Revista de Arquitectura daba cuenta del desarrollo del proyecto:

En la primera de estas fases se han construido 368 viviendas de obreros, 116 de técnicos, 10 de ingenieros y dos para sacerdotes. Las primeras se distribuyeron en 25 bloques de cuatro plantas y las restantes en dos plantas.
En esta primera fase se está terminando la iglesia (transformada en parroquia), con sus anejos y viviendas rectorales, y los servicios comunes de mercado y escuelas, provisiones, cantina, etc., que han de formar el núcleo principal de la zona próxima a la carretera. [...] En la zona ocupada por las casas de ingenieros se ha construido una amplia residencia para huéspedes distinguidos, y que en la actualidad se piensa transformar en residencia social.
En la segunda fase, y en la parte más alta de los terrenos de la Empresa Nacional de Autocamiones, S.A., donde no ha sido posible situar edificación alguna por prohibirlo las Ordenanzas de la Dirección General de Protección de Vuelos, se construirá la zona de deportes, en la que van enclavados dos piscinas (mayores y niños), campo de fútbol, tenis, baloncesto, frontón y bolera, así como los depósitos de agua, que con su estación depuradora abastecen al poblado.
Las viviendas a construir en la segunda fase son 420, distribuidas en dos bloques de cuatro plantas y otros dos de siete. También se proyectan 18 viviendas para ingenieros en bloques de tres plantas; un grupo escolar de 18 clases, para niños y niñas, así como un cinematógrafo. [https://www.coam.org/es/fundacion/biblioteca/revista-arquitectura-100-anios/etapa-1946-1958/revista-nacional-arquitectura-n201-Septiembre-1958]


La nueva factoría en construcción es uno de los emblemas del desarrollismo que los ministros opusdeístas —Mariano Navarro Rubio (Hacienda) y Alberto Ullastres (Comercio)— imponen en el renovado gobierno franquista de 1957.

Sirva esta aproximación tangencial a la obra de Forqué de preámbulo al repaso de toda su filmografía, que tendrá lugar a lo largo de las próximas semanas.

domingo, 26 de marzo de 2023

inmolación de un montador cinematográfico comunista

... en Felicidades, tovarich (Antxon Eceiza, 1995).

O el Valle de los Caídos, en Cuelgamuros, como escenografía simbólica de la inviabilidad de los viejos ideales en la España postolímpica.

domingo, 19 de marzo de 2023

el gran martino y la censura

El tratamiento original de Los jueves, milagro es obra de Berlanga y José Luis Colina, pero el director ha contado en diversas ocasiones los avatares con la censura y la intervención bienintencionada del dominico padre Antonio Garau le deciden a solicitar la inclusión del nombre de éste en los títulos de crédito como co-autor del guión. 

Berlanga y José Luis Colina escribieron una primera versión para la productora Ariel, financiada por el Opus, y en coproducción con una productora italiana afín cuyo responsable era Paolo Moffa. El guión, titulado simplemente “El milagro”, incluye la llegada a Fontecilla de un prestidigitador llamado “El Gran Martino”, que se ofrece a los capitostes del pueblo para obrar falsos prodigios. Pero entre superchería y superchería se producen un par de curaciones y, cuando las fuerzas vivas están dispuestos a declarar que todo fue una patraña, nadie les cree. “El Gran Martino” ha desaparecido y ha dejado la carta en la que dice que es San Dimas.

Esta versión fue rigurosamente prohibida por los tres censores eclesiásticos y la productora, acuciada por los plazos de rodaje concertados, forzó un poco más la máquina para que la ambigüedad del personaje de Martino estuviera presente desde el principio. Parece que este arreglo lo realizó el propio Colina y que no afectaba demasiado al argumento original, salvo que ya no era ilusionista. El anacoreta que presenciaba su aparición pasa a ser el tonto del pueblo interpretado por Alexandre y algún otro cambio menor. Los censores eclesiásticos dieron el visto bueno provisional cuando ya la película se habia terminado de rodar, según la cronología establecida por Ferrán Alberich en "Los jueves, censura". [Nickel Odeón, núm. 3, invierno de 1996, págs. 242-250.].

Y entonces empiezan los problemas. La película es prohibida. La productora pacta con el padre Garau —uno de los censores— una serie de cambios de montaje y doblaje, que, según le cuenta Berlanga a Gómez Rufo en Contra el poder y la gloria, alcanzaban las doscientas páginas. Aquí se incluye en prólogo, toda la voz en off, unas escenas de enfermos tomando las aguas y una secuencia de cierre en la que todo se resuelve como un sueño de Alberto Romea. Además, se suprime cualquier referencia a Lourdes y Fátima y no hay quién entienda que pinta allí Martino...

Durante la primavera y el verano de 1957 Jorge Grau rueda algunos planos y escenas nuevas y se negocian con la administración los cortes y el doblaje. La versión italiana, Arrivederci, Dimas, se estrena en agosto de 1957 sin mayores problemas, pero la española habrá de aguardar al 2 de febrero de 1959. Entretanto, la película ha pasado por el festival de Bruselas y ha recibido una mención especial en el Festival de Cine Religioso de Valladolid. 

En estos dimes y diretes la edición novelada, publicada en la colección "El Club de la Sonrisa" de Taurus con portada de Chumy Chúmez, anuncia en su solapa que esta versión “ayudará enormemente a penetrar en todo el sentido de la misma al darnos una visión más completa y seguida de lo que la película, a veces, sólo deja entrever”. Estas alusiones veladas a los problemas censoriales quedan desmentidas por el propio texto, que es una reproducción bastante fiel de la película terminada. En su estructura, desde luego. Las escenas de largo desarrollo corresponden a capítulos completos, en tanto que las de montaje se presentan en unos párrafos separados por asteriscos en el interior de un capítulo. El narrador omnisciente no describe a los personajes, que se definen por lo que hacen y no por su retrato literario. Sorprende, si acaso, la asociación continuada del calificativo viejo al personaje de Mauro, el tonto al que da vida en la pantalla Manuel Alexandre en una de sus más felices interpretaciones.

En lo argumental la novela tampoco rescata del tratamiento inicial la idea de que el extraño fuera simplemente un prestidigitador que se aprovecha de unos y otros. Ya en la sinopsis presentada a Censura hay un giro final en que el mixtificador “podría ser” San Dimas. “En realidad —explica Ferrán Alberich— se trata de una treta de guionista, una pirueta final para sorpresa de todos, personajes y espectadores que, tras creer todo el tiempo que se encontraban ante el timador que propone la primera sinopsis, se encuentran de pronto ante una broma celestial”.

En una espiral delirante provocada por las sucesivas correcciones, sugerencias y presiones, el timador resulta ser el verdadero San Dimas desde su primera aparición: se realizan nuevas tomas de las curaciones meses después de finalizado el rodaje y se rueda una escena en la que se enmarca la acción para demostrar que todo ha sido un sueño. Esta escena es uno de los cambios propuestos por la Dirección General en octubre de 1957, una vez finalizado el rodaje: “Todo el contenido de la película debe ser fruto de la fantasía desbordada, durante una siesta veraniega, del dueño del balneario, quien al despertar y referir el sueño a sus amigos, reprueba aquella farsa cómico-burlesca”. Una vez rodada y montada dicha secuencia la productora argumenta que crea aún más confusión y queda definitivamente descartada, centrándose entonces las discusiones de Berlanga con su censor de cabecera en la alteración de los diálogos durante el nuevo doblaje. Y aquí sí, la novelización aporta algunas novedades. Cuando don José (José Isbert) se aparece por primera vez a Mauro, el largo discurso escrito por el maestro (Paolo Stoppa) contiene un párrafo censurado:

—Deberéis practicar mi culto y rezar por la conversión de Rusia y países satélites. ¡Oh!... En verdad os digo que mi corazón se hinchará de gozo si aquí mismo, precisamente en estos terrenos, la fe del pueblo español, siempre a la vanguardia de la cristiandad, hace erigir un santuario que será puesto bajo mi advocación.

O sea, una parodia en toda regla de la escena de la aparición de la Virgen en La señora de Fátima (Rafael Gil, 1951).

Durante la segunda aparición, la llegada del mercancías sorprende a todo el pueblo allí congregado. El convoy arrolla el gramófono y el barbero despotrica contra la Renfe: “No hay modo de que los trenes pasen a su hora, está visto. ¡Qué país éste! Así va todo”. Mucho se ha hablado de la intervención eclesiástica en una producción tutelada al Opus Dei pero, por lo que se puede comprobar, la administración civil tampoco era manca.

Según Jorge Grau en sus memorias [Confidencias de un director de cine descatalogado], todas estas alteraciones habrían sido realizadas por Torcuato Luca de Tena en nombre de la productora y Berlanga las desconocía. Él habría propuesto una solución más sencilla y que no contraviniera tanto las intenciones de Berlanga. O eso dice... Aunque más parece que, como pupilo de la Obra, rodó cuanto le dijeron y se encargó del desaguisado final, del que Berlanga ya se había desentendido por puro aburrimiento.

La productora italiana tenía por contrato derecho a un internegativo y éste salió del primer o segundo montajes presentados a censura, mientras Ariel seguía rodando insertos y cambiando doblajes. El problema es que el doblaje español conservado se corresponde a la última versión aprobada por la administración y, a partir de ésta, han debido realizarse los ajustes de sonido para amoldarlos al nuevo internegativo que los italianos enviaron a Bélgica para su ditribución en dicho país.

domingo, 12 de marzo de 2023

007s y medio


Publicado previamente en La Abadía de Berzano

La parodia se ha cebado con todos los medios, pero en especial con los que requieren un público comunitario, porque la risa es contagiosa. Desde mediados del XIX en el teatro español y desde los años treinta del pasado siglo en aquellos cortometrajes que concibieron Eduardo García Maroto y Miguel Mihura con el título genérico de Una de…, en la parodia se da un doble reconocimiento: el de haber «pillado el chiste» y el derivado de la intertextualidad con respecto a la obra parodiada. De ahí que esta fórmula ponga el espejo deformante del humorismo ante modelos y géneros ampliamente difundidos. Por supuesto, la bonditis no iba a ser menos, aunque Fernando Rey apuntaba en la buena dirección cuando afirmaba que su villano en Operación Relámpago / Due mafiosi contro Goldginger (Giorgio Simonelli, 1965), "que era una caricatura de los malos de James Bond, lo podía haber hecho en un James Bond auténtico; en uno de ellos estuve a punto de hacer el personaje que luego hizo Pedro Armendáriz". [Pascual Cebollada: Fernando Rey. Madrid: Centro de Investigaciones Literarias Españolas e Hispanoamericanas, 1992, pág. 206.]

Como tantos otros de su misma cuerda, Franco Franchi y Ciccio Ingrassia se formaron como pareja en el avanspettacolo, la revista a la italiana. Sicilianos de pura cepa, ingresados en una compañía napolitana, su especialidad son los sketchs dialectales en los que el juego de palabras, la distorsión lingüística juegan un papel fundamental. Este es el caldo de cultivo de un humor muchas veces pueril pero puesto a prueba en los peores escenarios que uno imaginarse pueda. A principios de los años sesenta prueban con el cine. Entre 1963 y 1967, sus años dorados, ruedan una media de ¡10 películas 10! anuales. Lucio Fulci recordaba haber rodado con ellos dos cintas en dos semanas simultáneamente. O sea, que no está el horno para bollos artísticos. Se trata de parodias hechas en serie, aprovechando cualquier motivo de actualidad que se estrenan directamente en cines del extrarradio de las grandes ciudades o en los grandes circuitos de las poblaciones meridionales. Las películas de Franco y Ciccio llegan así muchas veces a las salas al tiempo que el título parodiado. Ahora bien... ¿qué tiene esto que ver con España? Bien poco. Doblada la película y sin el aliciente de la referencia directa la parodia carece de sentido.

En Italia, Due mafiosi contro Goldginger obtiene el visto bueno de la censura el 15 de octubre de 1965, pero en España no se estrena hasta diciembre de 1967. Así, aunque el argumento de esta coproducción bebe directamente de los hallazgos de Goldfinger (James Bond contra Goldfinger, Guy Hamilton, 1964), el título español —Operación Relámpago— remite al de estreno en España de Thunderball (Operación Trueno, Terence Young, 1965). En tanto que el agente 007 surgía del mar en la tercera entrega de la serie con un neopreno y una gaviota en la cabeza, Franco y Ciccio lo hacen con dos flotadores con cabeza de cisne en el estanque de un palacete romano. Como el agente británico, también ellos llevan el esmoquin bajo el traje de buceo y tienen una misión: fotografiar a un misterioso comodoro —Franco lo confunde con un "pomodoro", claro—. Sin embargo, la cámara fotográfica ha sido alterada, de modo que un émulo negro de Oddjob, Molok (el luchador peruano Dakar), pueda secuestrar tranquilamente al comodoro Stevenson . La acción se traslada entonces a la oficia de la CIA en Londres, donde se nos informa de que importantes líderes mundiales están siendo secuestrados y «encapsulados». Se les ha insertado tras la oreja una cápsula magnética mediante la que una organización misteriosa les obliga a obedecer sus órdenes. Por una vez el agente enviado a resolver el asunto a Roma tiene el nombre en clave de 007, como si la Fida Cinematografica no tuviera el más mínimo temor a las posibles demandas legales de Saltzman, Broccoli y los herederos del recién fallecido Ian Fleming. De todos modos, apenas le da tiempo a usarlo pues es asesinado por el encapsulado comodoro apenas iba a entrar en acción. El uruguayo George Hilton, tendrá ocasión de desquitarse en el género con En Ghentar se muere fácil / A Ghentar si muore facile (León Klimovsky, 1967) y Siete minutos para morir / Agente Howard 7 minuti per morire (Tito Fernández, 1966). Franco y Ciccio tendrán que vérselas solos con el malvado Goldginger (Fernando Rey) y el peligro amarillo representado por Culebra de Oro (Julio Peña). Más que cualquier otra consideración argumental, importa la distorsión paródica del referente. Prácticamente todas las escenas de la película matriz son replicadas, incluso, con los mismos encuadres: los gadgets, la pantalla del localizador en el coche, la partida de póquer/ajedrez junto a la piscina, la chica asesinada mediante un baño de oro (Shirley Eaton/Rosalba Neri), el láser/radial a punto de acabar con la vida de los agentes, la mesa que se abre ante los líderes del mundo en el cuartel general del villano... Aunque no aparece acreditada en la copia italiana, Elisa Montés tiene un papel de cierta relevancia como una dinámica Moneypenny y el vestuario de Culebra de Oro (Luis Peña) remite a Dr. No (Agente 007 contra el Dr. No, Terence Young, 1965).

La copia española tiene cinco minutos menos que la italiana y el acceso a las salas nacionales en que se proyecta queda vetado a los menores de dieciocho años. ¿Desnudos femeninos? ¿Alusiones políticas? Para nada. En todo caso, se podría intuir un atisbo de censura en la escena en la que discuten con un pastor protestante y ellos se proclaman pastores "de los del pasto". Pero los cortes se aplican sistemáticamente a los intraducibles trabalenguas de la pareja protagónica. Es más, cuando se conserva el diálogo, tampoco se encuentran soluciones imaginativas. El nombre oriental de Culebra de Oro es Tu-Ke-Wuo —o sea, "Tu che vuo’?"—, que en la versión española se traduce literalmente como "Tú-Qué-Quieres", cuya homofonía con el cantonés es absolutamente nula. En cambio, los nombres de los cómicos se truecan por Carlo y Paquito, no vaya a ser, según dicen algunos mal pensados, que el comportamiento de Franchi se asocie al del general que detenta la jefatura del estado en España.

Dos cosmonautas a la fuerza / 00-2 Operazione Luna (Lucio Fulci, 1965), en la órbita española de Ágata Films, se apunta en el título italiano a los buenos resultados de la película anterior, pero está más centrada en la carrera espacial que a la guerra fría, tema que los cómicos sicilianos parodiarán una vez más en la producción cien por cien italiana Le spie vengono dal semifreddo (Mario Bava, 1966).

La otra parodia italiana precursora es James Tont Operazione U.N.O. (James Tont Operación U.N.O., Bruno Corbucci y Gianni Grimaldi, 1965), con Lando Buzzanca en el papel del agente 007 y medio y la falsilla de Goldfinger a pleno rendimiento: el villano es el empresario musical Goldsinger y su superior el doctor Sí. En España la distribuye IFISA, la empresa del ramo de Iquino, quien emprenderá de inmediato su propia incursión en la vertiente parodística del filón con Cassen.

07 con el 2 delante - Agente Jaime Bonet (Ignacio F. Iquino, 1966) es una parodia bondiana al estilo Iquino, que igual enjareta una actuación humorística a cargo de Cassen, que una canción yeyé por cuenta de Encarnita Polo. El jefe de la inteligencia británica (Gustavo Re) ve impotente como sus mejores agentes van cayendo a manos del enemigo en sus intentos por recuperar un balón de fútbol que contiene un microfilm vital para la seguridad de Occidente. Por ello encarga el caso al hombre del que menos se pueda sospechar, Jaime «James» Bonet (Cassen), un camarero deseoso de regresar a su Barcelona natal y que aceptará la misión después de un durísimo entrenamiento físico, que incluye clases de tiro y judo. La presencia en la factoría de Iquino de Fernando Rubio y otros habituales de los espectáculos de lucha libre, propicia un buen número de trompazos y peleas, cuya coreografía constituye el meollo cómico de la cinta. [...]

Ante la pregunta de quién asesinó al espía chino del que creían haberse librado, Hipólita (Gracita Morales) exclama: "¡Ay, si yo lo supiera! James Bond a mi lado iba a ser un abrecoches". La alusión no es ociosa: en Operación Cabaretera (Mariano Ozores, 1967) hay, un cadáver revoltoso y dos grupos enfrentados que han despachado a éste y están dispuestos a pagar lo que sea por hacerse con un microfilm escondido en un tubo de dentífrico explosivo. Todo ocurre en el hotel Skol de Marbella y dos espías femeninas (Elisabetta Wu y Marisol Ayuso) asedian al escuchimizado representante de productos de broma La Chufla (José Luis López Vázquez) porque creen que está en su poder. La cosa culmina en un tiroteo con todos los interesados haciendo esquí acuático. Tras el paréntesis histórico de Operación Mata-Hari (Mariano Ozores, 1967) y otras comedias costumbristas, el mismo equipo repite en Objetivo: Bi-ki-ni (Mariano Ozores, 1968). Estamos de nuevo en la Costa del Sol con una pareja de carteristas-timadores (López Vázquez y Gracita) perseguidos por todos los servicios secretos del mundo cuando el ingiere un microfilm con los planos del "proyectil-cohete electromagnético inhibidor de la red rusa de satélites" creyendo que es una pastilla para la acidez de estómago. Y no es sólo el macguffin... Los títulos son de lo más bondiano que se haya rodado en España y Antonio Ozores, teñido de rubio, encarna a un Blofeld celtibérico con un ejército de amazonas uniformadas con bikinis rojos y armadas con ametralladoras y fusiles de pesca submarina con los que disparan contra la efigie de Sean Connery en la publicidad de Thunderball. A pesar de todo ello, ambas cintas no son tanto una parodia del subgénero como comedias cómicas urdidas por Ozores en su mejor momento de conexión con el público: más de cuatro millones de espectadores pasaron por taquilla. Según Mariano Ozores, los retrasos causados durante el rodaje por Gracita Morales dieron fin a la serie que con tanto éxito de público estaban facturando. [Mariano Ozores: Respetable público. Barcelona: Planeta, 2002, págs. 155-156.]

Mucha menos fortuna tuvo otra farsa realizada en pleno auge del landismo. Si estás muerto, ¿por qué bailas? (Pedro Mario Herrero, 1970) se organiza en torno al mundo del contraespionaje con un inspector británico (Alfredo Landa), émulo del francés Clouseau por su incompetencia. Él es el encargado de recuperar un maletín con unos documentos secretos soviéticos en el club The Merry Fox. La cosa no va a ser fácil porque todas las atracciones del local están formadas por espías internacionales: el lanzador de cuchillos (Barta Barri) es un espía ruso y la pareja de baile (Paco de Alba) de la española Carmen (La Polaca) tiene un clon robótico que se dedica a destruir lo que se le ponga por delante. Los chascarrillos sobre asesinatos múltiples e indiscriminados se mezclan con los estereotipos nacionales en un producto de modestísima factura y eficacia cómica.

Zarabanda Bing Bing / Baleari: Operazione Oro / Barbouze cherie (José María Forqué, 1966) invertía la polaridad. José Luis López Vázquez ya no era un pícaro o un pusilánime españolito perseguido por peligrosas redes internacionales de criminales y agentes secretos, sino que asumía él mismo la identidad de Fernando Letona, agente de lo que parece ser un servicio de inteligencia español en conexión con la Interpol. Todavía secundará López Vázquez a Paul Naschy en "el gran error" de su carrera: Operación Mantis (El exterminio del macho) (Jacinto Molina, 1985), aunque aquí nos encontramos ya en un cruce entre la parodia del cine de comandos y la distopía. 

Protagonizada por las gemelas Pili y Mili, Agáchate, que disparan (Manuel Esteba, 1969) no pretende ser una farsa pero tampoco llega a ser una parodia. Los elementos genéricos —el consabido microfilm, un par de bellas espías no menos consabidas, un laboratorio secreto y un taller de ninots propicio al crimen— no parecen tener la más mínima función en un relato regido por la agrafía audiovisual. A pesar del carácter chapucero de la realización, Agáchate, que disparan destaca al menos en un punto por su pionerismo: la ambientación en las fallas tres décadas antes de que el superagente Ethan Hunt confundiera Sevilla con Valencia en Mission: Impossible 2 (Misión: Imposible 2, John Woo, 2000).

domingo, 5 de marzo de 2023

supervillanos enmascarados

 IMDb

Santo, el Enmascarado de Plata y Superargo ya han comparecido por aquí en su condición de superagentes enmascarados de la cinematografía española. Pero se nos habían quedado en el tintero Kriminal, Diabolik, Satanik y Mister X, héroes y heroínas de moral ambigua —o totalmente amorales—, anómalos por tanto en una España nacional-católica en la que ya se han colado el consumo y el pop.

La deuda del fumetto nero —las historietas italianas de criminales enmascarados— con Fantômas es indiscutible. Por eso la resurrección del personaje de Souvestre y Allain a principios de los sesenta en una serie de películas dirigidas por André Hunebelle y el éxito universal de la serie dedicada al agente 007 sirven de índice para comprender por donde iban los tiros de la ficción popular intermedial a mediados de los años sesenta. El primer fumetto nero es Diabolik, de Angela y Luciana Giussani, que conocerá una adaptación cinematográfica en 1968 de la mano de Mario Bava en el que sin duda es el mejor título del filón. Pero a rebufo de Diabolik los antihéroes enmascarados se multiplican: Kriminal, Sadik, Satanik...

Kriminal, de Max Bunker, es el primero en llegar a la pantalla en una típica coproducción en la que toman parte las compañías españolas Estela Films y Copercines. De ahí la presencia en el reparto de La máscara de Kriminal / Kriminal (Umberto Lenzi, 1966) —por partida doble, ya que encarna a dos gemelas— de la alemana, criada en Portugal y afincada en España, Helga Liné. También, el que la trama tenga lugar brevemente en Madrid, lo que da ocasión a mostrar una corrida de toros y el aeropuerto internacional de Barajas. O sea, la cara exportable del “Spain is different” del Ministerio de Información y Turismo de Manuel Fraga.

El argumento presenta a Kriminal (Glenn Sasxon) a punto de ser ajusticiado en la horca. Ha tenido la desfachatez de robar la joyas de la corona. El inspector Milton (Andrea Bosic) lleva a cabo una estratagema arriesgada: ayudarle a escapar para poder descubrir dónde ha escondido el botín. Por supuesto, Kriminal desaparece. Devuelve la corona porque es imposible colocarla en el mercado y porque tiene un golpe mucho más lucrativo a la vista. Se trata de los diamantes de la Tradex que dos agentes idénticas (Helga Liné) deben llevar a Estambul. Piedras preciosas, Techniscope, casinos, escenarios exóticos, yates, mujeres hermosas, policías ineptos... todo nos remite a otras producciones europeas contemporáneas y, por supuesto, a James Bond, cuya influencia es tanto más importante en la iconografía de la cinta de Lenzi que la historieta original.

Al año siguiente, Eduardo Manzanos emprende desde la cooperativa Copercines y esta vez sin la participación ya de Estela Films, la producción de una secuela con los mismos protagonistas: Los cuatro budas de Kriminal / Il marchio di Kriminal (Fernando Cerchio, 1967). Esta vez el enmascarado se gana la vida asustando a ancianitas hasta el infarto para luego cobrar un sustancioso seguro. Sin embargo, un accidente que provoca la rotura de una estatuilla de Buda le pone sobre la pista de unos cuadros de Goya y Rembrandt escondidos en un cementerio. Lo único que Kriminal tiene que hacer para apoderarse de ellos es reunir los otros tres budas en los que se encuentran escondidas las partes del mapa que le faltan. De casualidad en casualidad, quiere el destino que la segunda llegue a manos de la prometida del inspector Milton. Mientras éste deja plantada a su novia para comprobar en Estambul que su archienemigo sigue allí encarcelado, Kriminal viaja a España para hacerse con la estatuilla que está en posesión de una bailarina de flamenco, Mara Gitan (Helga Liné). Pero ella le toma la delantera y, jugando al ratón y el gato, llegan hasta Beirut.

La segunda parte continúa con el juego de puntuar las transiciones convirtiendo los fotogramas en viñetas, pero antes que estilo tebeístico, la película pertenece al género de ladrones de guante blanco. Lo más reseñable es la amoralidad de Kriminal, que lo mismo asesina a una ancianita que a su propia novia, aunque para compensar ella le ha preparado un té bien cargado de veneno.

Míster X / Mister X (Piero Vivarelli, 1967) sirve de puente entre las dos entregas de Kriminal y la única de Satanik / Satanik (Piero Vivarelli, 1969), todas con la intervención de Eduardo Manzanos y su empresa Copercines en coproducción entre España e Italia. El único ejemplo del filón que se mantiene vigente al cabo de los años más allá de nostalgias pulp sigue siendo la ya mentada Diabolik (Diabolik, Mario Bava, 1968), sin participación hispana y con localizaciones en Capri, como Míster X.

La Trust Chemical que dirige George Lamar (Armando Calvo) no es más que una tapadera mediante la cual la mafia estadounidense introduce droga en Europa. La amante de Lamarro se ha vuelto ambiciosa y pretende casarse con él, así que éste decide eliminarla y marcarla con una equis en la frente, de modo que la policía atribuya el crimen al célebre Míster X (Norman Clark). Las maniobra da resultado y el inspector Roux (Franco Fantasia) recibe presiones tanto de sus superiores como de la opinión pública para que desenmascare cuanto antes al misterioso personaje, un maestro del disfraz cuyo verdadero rostro nadie conoce. Entretanto, Míster X, celoso de su reputación como ladrón de guante blanco, hará uso de todo su repertorio de caracterizaciones para desenmascarar a los verdaderos culpables y, de paso, desmantelar la red internacional de tráfico de estupefacientes. El fin del villano, eso sí, hace gala de un sadismo inusitado.

La filiación con el fumetto nero se da apenas en un par de secuencias en las que Míster X se enfunda en sus mallas negras ceñidas por una hebilla con la emblemática letra del enigma y cubierto con un antifaz. Por lo demás, el modelo formal es de nuevo la serie bondiana con bellas mujeres sin apenas otro papel que el decorativo en este ir y venir de planes criminales maestros y peleas a puñetazos. Helga Liné interpreta a la mujer del villano Lamar y Gaia Germani, que se prodigó casi en exclusiva en el filón eurospionistico, a la novia del enmascarado.

Como en otras ocasiones, la censura italiana terminó otorgando el nihil obstat para todos los públicos a costa de 22 metros de cortes en los rollos 4 y 5, en concreto, en las escenas de la tortura, del lanzallamas y del hombre atado a la lancha. [Cinecensura: http://cinecensura.com/wp-content/uploads/2017/02/Mister-X-Fascicolo.pdf.]

A lo largo del metraje de Satanik el inspector Trent (Julio Peña), de Scotland Yard, hace bien poco por ganarse el sueldo. Al final, cuando recibe un disparo durante un tiroteo en el lago Leman, tenemos de la impresión de que la corona británica lo ha enviado a Ginebra para algo porque lo que es en España no ha hecho más que fumar en pipa y charlar plácidamente con el comisario González (Armando Calvo) mientras la doctora Bannister (Magda Konopka), una bioquímica terriblemente desfigurada que se ha convertido de la noche a la mañana en asesina, va dejando un reguero de cadáveres por donde pasa sin que ninguno de los dos policías logre jamás echarle el guante. El asunto tiene truco. La doctora Bannister trabajaba en un proyecto de regeneración celular en el Instituto de Bioquímico de Madrid donde el profesor Greaves (Nerio Bernardi) investiga en una droga que podría ser el remedio a su problema. Sin embargo, los efectos secundarios que provoca no le deciden a probarla en seres humanos. A pesar de que en perros ha provocado altas dosis de agresividad, la doctora está empeñada en hacerse con la droga y cuando el doctor se niega no duda en asesinarlo. Las pastillas la convierten en una joven bellísima y consciente de su poder de seducción. A partir de este momento las utilizará para entrar en contacto con una banda de traficantes de diamantes que tienen su guarida en una sala de fiestas con espectáculo flamenco. Los miembros de la banda son traicionados por la mujer de uno de ellos, Stella Dexter (Mimma Ippoliti), a la que la doctora Bannister también asesina. Usurpando su identidad viaja a Suiza con el fin de apoderarse del botín. Pero allí la espera Dodo La Roche (Luigi Monti), el cuñado de la auténtica Stella. Policía y delincuentes traicionados se encontrarán en el club Chez Moi, a orillas del lago Leman, donde la doctora Bannister debuta como stripteuse. Pero las pastillas se están agotando y su efecto es cada vez más breve...

Desconocemos la historieta concreta de Bunker y Magnus en la que Eduardo Manzanos Brochero se inspiró para tramar el guión. Es posible que recurriera directamente a Robert Louis Stevenson o a cualquiera de sus relecturas pulp en lugar de basarse en los tebeos. Por su parte, Vivarelli resuelve sin demasiado rigor la papeleta, amparándose en la estética de los ya ajados pseudo-Bonds europeos.

domingo, 26 de febrero de 2023

el discurso fragmentario de zabalza en los ochenta


En 1983 José María Zabalza recala en la órbita de Titanic Films, la productora de Julio Pérez Tabernero. Bragas calientes (1983) es la única aportación del irunés al cine clasificado S, rubro en el que el salmantino había obtenido un éxito de taquilla —más de medio millón de espectadores— con un melodrama sobre las fantasías eróticas de una esposa insatisfecha: Con las bragas en la mano (Julio Pérez Tabernero, 1981). De ahí la reaparición de las bragas en el título y un reparto en el que repiten Emilio Linder, Alicia Príncipe, Maika Sanz y Elena Álvarez. De ahí también la ausencia de los rostros zabalzianos habituales, el guión escrito al alimón con el productor y que, en muchas filmografías, sea éste quien aparezca como responsable último de la cinta, aunque en los créditos iniciales diga claramente que la dirección corre a cargo de “J. M. Zabalza”. Otra cosa son las declaraciones de Pérez Tabernero, afirmando que cuando Zabalza se desplomaba en pleno rodaje, botella en mano, él se colocaba tras la cámara.

A Zabalza le corresponde, a buen seguro, la construcción a modo de cajas chinas. Tras actuar como celestino en una orgía celebrada en un chalé controlado por un cerebro electrónico —que habla a través de la instalación del acondicionador de aire, dicho sea de paso—, Jorge (Linder) se despierta de una pesadilla. Ni ha conocido a Elena y a su amiga (Paola Matos y Alicia Príncipe) en una discoteca, ni ha reclutado a Norma (Elena Álvarez) para la orgía, ni ha recibido una paliza por cuenta del vigilante del chalé (Dan Barry). Dispuesto a aclarar lo sucedido, acude de nuevo al chalé, aunque en esta ocasión los vigilantes se muestran menos comedidos y le matan. Jorge despierta de nuevo y acude por tercera vez a la discoteca: ahora las chicas le recuerdan perfectamente y le piden que las acompañe al chalé, donde vuelven a asesinarle, aunque ahora los niveles de realidad se superponen mediante el montaje. Cuarto y último despertar: la discoteca ha desaparecido. En su lugar sólo hay un solar en el que se emborracha un vagabundo (el propio Zabalza, claro). Tres “perras callejeras” aprovechan para asaltarle a punta de bardeo. Son Norma, Elena y su amiga. Cuando él les pregunta que si no se acuerdan de él, las navajas hacen su trabajo. Pero cuando van a desplumarlo, se encuentran con que el cadáver ha desaparecido. Ellas y el borracho miran al cielo. Nubes que pasan.

Lógicamente, lo descrito constituye un diez por ciento del metraje. El resto son coitos sin sexo explícito y refocilamientos varios, de acuerdo con la etiqueta S, aunque el montaje —sin acreditar— favorezca una síncopa visual que difícilmente satisfará las demandas de los aficionados al género. Menos aún las disquisiciones metafísicas sobre si “la vida es sueño” y la imposibilidad de constatar nuestra propia existencia durante una conversación en un piano bar que termina con un carpe diem. Con este bagaje, no resulta extraño que nos preguntemos si los tres sueños de Jorge no serán en realidad una única pesadilla de Zabalza, abocado al cine erótico poco antes de su decadencia definitiva en España y después de una década de sequía largometrajísica.

El argumento de Al oeste de Río Grande (1983), su siguiente película,  va más o menos como sigue... En 1865, finalizada la Guerra de Secesión, los combatientes derrotados del Sur se convierten en bandidos y los del Norte, en justicieros que no conocen otra ley que la de Lynch. Zabalza asume desde la pantalla el rol de testigo desencantado de un mundo que se hunde. Si en otras películas suyas se reservaba un cameo hitchcockiano, en esta ocasión ofrece la interpretación moral de un discurso fragmentado, debido a la precariedad de medios. Sin embargo, nada le detiene a la hora de enhebrar esa mínima historia —una mujer (Candice Kay) busca ayuda para liberar a su marido (Aldo Sambrell), que ha quedado atrapado por un madero a la orilla de la playa— en una duración casi estándar: unos setenta y cinco minutos. 

El primer tramo es un recosido de planos y secuencias a los que da continuidad el propio Zabalza erigiéndose en moralista y lanzando imprecaciones contra el egoísmo que campa por sus respetos en este “no territorio” constituido por localizaciones de raccord imposible: paisajes y construcciones del páramo castellano con un mirador a la orilla del mar. Los caballos corren hacia ninguna parte; un soldado que no sabe que ha acabado la guerra dispara indiscriminadamente contra quien se cruza en su camino, incluida una familia de indios (Dan Barry y Paula Farrell), que luego resucita, las olas rompen una y otra vez en la orilla, las nubes sirven de recurso de montaje sin que vengan a cuento. Pero el gran hallazgo de este wéstern simbólico y apocalíptico es el filtro caleidoscópico colocado en el objetivo para ofrecernos una visión distorsionada del mundo, fruto de una psicodelia ácida probablemente inspirada por las melodías pop al sintetizador compuestas e interpretadas por la mujer de Zabalza, la argentina Ana Martha Satr, en arte Ana Satrova.

La última película de Zabalza, financiada de nuevo por la Titanic Films de Julio Pérez Tabernero, es un collage cinematográfico. Collage de géneros, de materiales de base, de tono, de registros interpretativos… La de Troya en el Palmar (1984) se constituye así en un fresco voluntarioso del momento en que fue realizada, a medio camino entre el desencanto bunkeriano —denuncia de la inoperancia de los sindicatos, escepticismo ante el ascenso de los trapisondistas— y el qualunquismo.

El acopio de documentación sobre la fundación, escisión y anecdotario de la Iglesia Palmeriana salpimienta alguna anécdota ilustrada —-el intento de linchamiento del Papa Clemente en Alba de Tormes o la autocastración de un novicio al que interpreta Blaki—, pero, sobre todo, constituye el grueso del diálogo puesto en boca de dos bohemios que se ganan la vida con el toreo cómico: El Niño del Museo (Cassen) y El Exquisito (Ricardo Palacios). A modo de organismo que fagocita cuanto se ponga a su alcance, la cinta incluye imágenes documentales del Palmar o algunas de las que filmara el propio Zabalza para el documental colectivo Aberri Eguna 78 (José María Zabalza et al, 1978), pero también viñetas cómicas entre los aspirantes a las curas milagrosas que podrían recordarnos a algunas estrategias desplegadas por Manolo Summers si no fuera por la zafiedad del humor que emplea Zabalza. Ahorrémonos los ejemplos. Para embarcar al Niño del Museo en la aventura palmariana, el guión le coloca un hermano paralítico (Máximo Valverde), resignado ante su situación hasta que llega a la pensión en la que también vive una mujer de bandera (Nadiuska) con apariencia de buena samaritana pero dedicada finalmente a la prostitución. El resto de huéspedes de la casa que intenta regir con un mínimo de autoridad Gracita Morales son un alcohólico contumaz, una punk de guardarropía, un señor muy formal que sospecha que ha sido sodomizado y el automortificado Blaki. Joe Rigoli, Paloma Hurtado, Carlos Lucas y Emilio Fornet completan el psicotrónico reparto.

El melodrama sin ambages convive así con la comicidad más chusca y el registro documental, homogeneizado todo mediante una sintaxis adánica, a pesar de que lo extenso del reparto y la variedad de localizaciones permitan pensar en un presupuesto ligeramente más holgado que en anteriores ocasiones. Unos meses después del estreno en Sevilla, donde se ha rodado en parte, Zabalza ingresa en un hospital para ser tratado de un cáncer de garganta tan avanzado que fallece a causa del mismo el 8 de junio de 1985.

domingo, 19 de febrero de 2023

un cálido verano por san valentín

Hoja del Lunes de Barcelona, 17 de mayo de 1965

El 14 de febrero de 2023 es una fecha señera en nuestra modesta historia. Para celebrar su septuagésimo cumpleaños, Filmoteca Española proyectó El cálido verano del señor Rodríguez (Pedro Lazaga, 1964), una película desaparecida desde finales de los años sesenta. Había contribuido a su escamoteo el hecho de que no quedase ninguna copia positiva después de su circulación comercial. 

Se trata de la primera producción de la Cooperativa Atlántida, cuyo presidente es Carlos Grande González, que también actúa como jefe de producción. La legislación impone que, para poder integrarse en el suculento negocio de las coproducciones, una productora tiene que haber realizado un número mínimo de películas cien por cien nacionales. Una vez arrancada la maquinaria, la Cooperativa Atlántida factura tres wésterns antes de lanzarse, ya bajo el control de José Frade, a las coproducciones tripartitas con Francia e Italia en los géneros más habituales en esos años: el pseudobondismo, el revival gangsteril o los atracos perfectos.

La recién creada productora recibe en 1963 un crédito sindical de 1.260.000 pesetas y la protección estatal a la película asciende a algo más de 1.600.000. Son cifras análogas a las que obtienen cintas coetáneas como El camino (Ana Mariscal, 1963) o Brandy (El sheriff de Losatumba) (José Luis Borau, 1963), calificadas las tres en Primera B. Eso sí, El cálido verano del señor Rodríguez sólo es apta para mayores de dieciocho años y la calificación moral de la Iglesia católica alcanza el nivel 3; o sea, “peligrosa”.

Grande González figurará también como promotor de otra cooperativa cinematográfica, Destello Films, con una única producción en su haber: Posición avanzada (Pedro Lazaga, 1965). El productor fallece en 1985 sin descendencia directa, así que, finalizado el ciclo de distribución, la cadena de derechohabientes se corta y El cálido verano del señor Rodríguez se queda “huérfana”. Nadie hace valer derechos de explotación sobre la misma y, por tanto, no tiene pases televisivos ni circula en formato doméstico.

La jugada se basa en la popularidad televisiva de sus dos protagonistas José Luis López Vázquez y Elvira Quintillá. Ambos han interpretado las cuitas de una pareja contemporánea en Tercero izquierda (Fernando García de la Vega, 1962-1963), viñetas de unos diez minutos escritas por el codornicista Noel Clarasó para la pequeña pantalla. Emitida los sábados en horario de máxima audiencia y en riguroso directo, justo antes de ¡Silencio, vivimos! y del carrusel de variedades Gran parada, el programa se hizo popularísimo al presentar las pequeñas tribulaciones cotidianas de un matrimonio contemporáneo. La serie tiene dos vástagos cinematográficos: el legítimo es Confidencias de un marido (Francisco Prósper, 1963) —«una recopilación, o mejor, una selección, de las anécdotas de la divertida serie ligadas por una leve, casi inexistente, línea argumental»—, en el que Amparo Soler Leal sustituye a Elvira Quintillá; y el bastardo este Cálido verano del señor Rodríguez, que, si bien recupera al reparto original, le da la vuelta como a un calcetín a las situaciones cotidianas del formato televisivo. [Zoom a Lazaga, págs. 124-125.]

Rodada durante el verano de 1963, la película cuenta con distribución de Warner Bros., que la utiliza para cubrir la cuota de pantalla; o sea, para poder exhibir en España las cintas estadounidenses de campanillas. La primera noticia que tenemos de su carrera comercial es un pase en agosto de 1964 en un cine cacereño de programa doble. Luego, Logroño, Santander, La Coruña, Granada, Sevilla... Por fin, la penúltima semana de mayo de 1965 forma parte de uno de los popularísimos programas dobles del barcelonés cine Capitol, conocido como “Can Pistoles”, entre un aluvión de novedades: nada menos que trece. En Madrid no se estrena hasta el 12 de julio de ese mismo año, fechas poco propicias por el calor. Las copias programadas en las salas de sesión continua Progreso y Bilbao —ninguna de las dos anuncia refrigeración— permanecen dos semanas en cartel y siguen su carrera comercial en programas dobles y en el circuito provincial: Mallorca, Burgos, de nuevo Granada... El último pase que hemos localizado tiene lugar en abril de 1970 en el madrileño cine Carretas que programa sesión continua desde las diez de la mañana hasta medianoche. Podemos imaginarnos en qué estado estaría la copia.

Desconozco el origen de los materiales negativos y de créditos conservados en Filmoteca Española. En cualquier caso, a falta de un material positivo, la cinta de Lazaga ha resultado invisible durante los últimos cincuenta años. La investigación que emprendimos para escribir Zoom a Lazaga (La Biblioteca de la Abadía, 2021) puso de relieve la imposibilidad de acceder a ella. La familia Lazaga nos facilitó gentilmente la consulta de un guión —con notas manuscritas del propio cineasta— que no está ni en el archivo cinematográfico ni en la Biblioteca Nacional de España. Junto con una revisión hemerográfica y la consulta del expediente de Censura en el Archivo General de la Administración nos permitió hacernos una idea y llegar a algunas conclusiones —equivocadas, cuando no incompletas— sobre la película. Finalizado el estudio, propusimos a Filmoteca Española la posibilidad de recuperar la película y realizar una presentación en el cine Doré. La idea era hacerlo en octubre o noviembre de 2022, en el “mes del Archivo” o aún vigente el ciclo montado a propósito del centenario de José Luis López Vázquez. No pudo ser. Al cúmulo de proyectos que debían rematarse antes de fin de año, se sumó el que apareciera una lata más con varios rollos cuyo contenido había que verificar. Como en el expediente administrativo no figuraba que hubiera habido cortes dictados por la censura, Filmoteca Española decidió recurrir una vez más al guión conservado la familia Lazaga para reinsertar en la copia el metraje exento.

El resultado de todos estos desvelos particulares y del buen hacer del organismo público es lo que se proyectó en el Doré el día de San Valentín: una película resuelta por Lazaga con un pulso y una inventiva sin desmayos, protagonizada por unos pletóricos Elvira Quintillá —en un papel quíntuple— y José Luis López Vázquez, secundados por una juvenil Esperanza Roy y por Lola Lemos, Agustín González, Ángel Álvarez, Venancio Muro, Julio Carabias, Adriano Domínguez o Juan Cazalilla, con una magnífica fotografía en blanco y negro de Eloy Mella y algunas diabluras de montaje de Alfonso Santacana. Una cinta perfectamente emparejable en ligereza y rigor humorístico con Trampa para Catalina (Pedro Lazaga, 1961) que en nuestra modesta historia, como decíamos al principio, adquiere dimensiones cósmicas.

 

Adenda del 27 de febrero de 2023:

La reseña de la película en La Abadía de Berzano.


Adenda del 1 de septiembre de 2023:

Del 1 de septiembre al 1 de octubre la película estará disponible en el canal Flores en la sombra de Filmoteca Española: https://vimeo.com/channels/1546070